lunes, 1 de marzo de 2021

Hoy día me lanzo.

 Como soy paranóica, había tenido un presentimiento en el que todo apuntaba que mi viejo estaba en peligro. Apurada, me acerqué al ordenador y le escribí una carta al man recalcándole la súbita tarea, mi necesidad de decirle que lo quiero hasta dónde llegue el límite del universo que no conocemos, porque no hay. 

- Tranquila hija, duerme.

Su cariño, así: sereno y antiguo.  

Mi viejo desde el 95. Me hace reír, no hay nada más allá de eso. En el coloso lo encuentro, en lo verde de la lejanía, del movimiento turbulento en la autopista. Siempre lo encuentro,  cercano.

No hay palabra, ni dibujos para describirlo. Con decir su nombre recibo un abrazo, se siente como un domingo. 

Domingos de plaza.

domingos de tortilla de verde.

Te quiero viejo, no hay más, nada más allá de eso.

Este amor es el límite. 

y podría saber qué hay más allá del coloso, sin volar, sin morir. 

Te veo mañana. 


unas palabras que querían salir.

 Sentía que las nubes reventaban sobre mí todo el ruido que necesitaba para despertarme en medio de la madrugada. El error, es que estaba despierta. Aún así, no quería ver. Duermo poco. No necesito nada más que estar de acuerdo con eso. Me salva, me cura. Me conmueve la fuerza que no tengo, me hace pensar y preguntarle a  mi yo de hace 6 años si está de acuerdo con eso. 

exagerada, me dicen. 

Me importa un culo, totalmente.

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...