martes, 18 de abril de 2023

formar las palabras.

Lo ocioso de una pregunta lacónica es que, 
mientras tratas de hallar una respuesta que le dé calma
se camufla entre otras que aún están por formarse. 
¿Quién vela mi sueño?

 

martes, 11 de abril de 2023

Redacción,

 

... y pensaba en lo calientito que estaba dejando mi puesto, divagando con la voz de fondo de la Miss Jenny (odiaba que le dijeran Miss). Una man cabreada con caderas anchas y el culo bien aguado, conducía un pichirilo, ahora no recuerdo el color pero si recuerdo que ella era lo suficientemente grande para entrar en ese auto. Recuerdo la única vez que le saqué una sonrisa, de hecho, una carcajada. Leyó mi tarea,  la redacción que hice sobre las vacaciones en familia, escribí sobre un recuerdo pasado porque realmente no había tenido las putas vacaciones en familia, y en ese recuerdo que había retomado escribí que mi madre y yo viajamos a Ventanas y habíamos comido tanto ceviche, diosmio, estábamos encevichadas; se rió repitiendo ese neologismo y me dijo unas palabras que hasta el día de hoy son una porquería que me estruja el corazón: de grande podrías ser escritora, Sánchez. Y luego para terminar de acaparar las miradas de mis compañeras añadió: Debería tener unas tres Sánchez en este salón. 
Y esa mañana, fue la única vez que dijo algo bueno, sobre mí. En una escuela fiscal sólo de niñas, año lectivo 2004, no podías esperar menos que violencia femenina justificada. 
Ahora, dudo mucho que tal recuerdo  sobre el ceviche realmente haya sucedido, y dudo mucho que las palabras de la Miss Jenny hayan sido acertadas pero me retumban hoy, ésta noche, y ésta misma noche decidí recordar los piojos asquerosos de Lady, y ésta misma noche estoy pensando sobre ese cuaderno de redacción, sobre esos recuerdos. Dejé bien calientito mi puesto, eso sí. 
Dónde sea que esté la Miss Jenny, su culo aguado, y el pichirilo diminuto, su pelo cobrizo con corte enano, sus gafas, sus lentes de contacto verdes, su reloj, sus perlitas de presión en las orejas, sus sandalias que hacían chaplos chaplos cuando caminaba, su voz gruesa, su jarrón de agua sobre el escritorio, los reglazos que me pegó de vez en cuando por mi bien. Dónde sea que esté, esa mujer valiosa, la pienso. Digamos que hoy escribí y recordé por ella. 
Una pregunta que me visita hoy. 
Ahí está su respuesta, vieja histriónica. 

miércoles, 5 de abril de 2023

Dedicatoria, por Panero.

 


Al final es que no hay final, sólo reptar sobre el papel.

 Hace par días desmonté Tropos del desarraigo, exposición que (ahora que lo examino lentamente) le pertenece a mi madre, Teresa. No fue otra persona más que ella quién me trajo a vivir a este barrio que me sembró un deseo vehemente por arrancarme. 

De hecho, no debería referirme hacia la exposición como tal "exposición", es en todo caso un esquema.

Pero es estéril (sobre todo en esta ciudad infame) revelar esas intenciones dramáticas. Pero, para dejar sentado, un esquema es lo más cercano a una explicación. 

Tratar de explicarse a sí mismo lo que sucede alrededor es, considero, un ejercicio masoquista.

Yo veo a mi madre, y le veo su cabeza 95% blanca, y se me hace imposible no pensar en la finitud de su cuerpo, de su corazón, de su voz, sus lentes, las peleas de mierda que nos constituye como dos personas que se acompañan y se quedan en silencio, a diario. Te culpo a ti diferencia generacional, tú sabes quién eres.  

Quiero hacer de la escritura un aliado tosco, un hijueputa que te golpee, que te empuje, que te grite, que te haga ver la calle, que te haga asomar a la ventana cuando suena el zinc en las casas de alrededor, que te haga bajar corriendo rapidísimo la calle cuando la noche te haya alcanzado, que te haga sentir palpitaciones fuertes cuando te enteres que una muchacha joven murió y que ya no la verás más lavando la ropa afuera de su casa, que te haga oír cuando en la casa de a lado los golpes secos del amor retumben en quedos sollozos. Que te haga convencer de que cualquier esfuerzo por pensar es inútil, entonces, te haga pensar aún mas en un intento infeliz por comprender. 

Llevo 28 años viviendo en ésta misma calle. 

Yo creo (ahora que lo pienso inútilmente) que estoy atrapada.

Aquí, encerrada, soñando proyectos con los que pueda surgir y escapar lejos de mi madre, que amo tanto. Te amo madre. 

Y extraño a mi viejo, su nombre es Javier. Le digo papi, o papá, cuando estoy hablando seriamente con él.

No lo he visto hace, quizá cuatro meses. Y hace unos días pasé de madrugada por su calle en un taxi, luego de una tocada de rap en un pedazo de casa lleno de malditos callejeros que sueñan planes para romperla en esta ciudad chuchadesumadre. 

Y cuando suena una salsita de fondo, recuerdo a Javier. Lo veo cosiendo, lo veo yendo por mi a la escuela, lo veo guardándome una monedita de cincuenta centavos en mi bolsillito.

Le veo su lunar en la espalda, abajo, casi llegando al culo.

Un lunar gordo. 

**

- Desconfiar del lenguaje

- Abandonar la literatura

Hay cosas que el lenguaje no puede decir, ciertas palabras se acercan, pero nada que una mano alucinatoria pueda contener. 



Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...