viernes, 25 de marzo de 2022

-inserte explicación-

 

Me bajo del colectivo, talvez justo en la mejor parte, no sé cuál sería. Pienso en lo mal que está todo, en mí. Luego pienso en lo mal que está todo fuera de mí, digo, para apaciguar la amargura, la buena amargura. Suceden cosas peores que no tienen nada que ver con el amor y con estar solo. O quizá todo es culpa de la ausencia de amor y la soledad. Ojalá los años me respondan esa pregunta. Pero lo pienso, detenidamente.
De pronto  siento que camino sobre una duna de basura. Miro a mi alrededor, veo el cielo.
Está despejado. No hay aves.
- No hay aves en el cielo. 
 
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Aún estando unos cuantos metros sobre nuestras cabezas, aunque su vuelo sea una paradoja sobre la cercanía del cielo, están tan lejos, al menos siquiera de la idea de la atmosfera. 
 
Qué pensaran los perros cuando ven una paloma despegarse del suelo.
Cuando las palomas aterrizan suelen topar el piso con el culo. 
Algunas tienen plumas hasta la punta de las uñas, como si se tratara de una objeción de moda, unos pantalones ochenteros palomeros.
 
Extraño a mi viejo, hace par de semanas que no lo veo, no le he escrito. Me pregunto si él también me extraña.
Su esposa prepara una ensalada de veterabas que te lames el plato.
Es gorda y blanca, siempre suda, usa una cola que hace bola, tiene las uñas de los pies con  diseños.
Hace un tiempo atrás me regaló un espejito que mi viejo le había comprado a ella y yo lo entendí como una analogía. Acaso quiere que me vea donde ella ya se ha reflejado?
Mi viejo es una persona que no entiendo, pero lo necesito, es necio y lo sé escuchar, siempre lo he sabido. Mi viejo no es como cualquier viejo, él entiende la muerte, no se jacta nunca. Tiene buenos recuerdos, es un hombre tranquilo, no se jacta, nunca se jacta. No me abraza, pero se deja abrazar (por breves segundos), lo apreto fuerte para sentir su calor y el material de su camisa. Dice que tiene ciento cincuenta camisas, no las he contado, pero no me jacto tampoco. 

Mi viejo dice que debo poner los pies sobre la tierra, pero como siempre, entiendo todo como si se tratara de una puta analogía. 

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jueves, 24 de marzo de 2022

Dato brevísimo sobre la repetición.

 

Nací en la ciudad de Guayaquil hace 27 años, de tarde. Mi madre fue costurera de factoría, cosía forros de colchones, mi padre fue costurero de fábrica, cosía jeans de la marca LEE, LEVIS y otras marcas que no recuerdo, pero seguramente ropa carísima que cosían personas como mi papá. Aprendí a coser a los 9 años, en la escuela. Había una hora cada día de la semana destinada para el aprendizaje "hora de costura" (ya no existe tal materia), mi maestra fue una mujer blanquísima de nombre Rosa pero le decíamos Rosita (aunque era una bruja que me halaba la oreja) y con ella aprendí a patronar faldas de tablones, pretinas y bolsillos, camisas de botones y con suerte un cojín navideño; mi madre luego habría de enseñarme a planchar los tablones con una plancha pesadísima de vapor, no eléctrica. Mi viejo solía ir a verme a la escuela para luego ir a su taller, allí tendría que cuidarme pero él tenía trabajo pendiente (siempre), yo lo veía coser y coser toda la tarde hasta que llegara mi madre para llevarme a casa. Los repertorios de salsa brava nunca faltaron. Yo soy eso, el quehacer de mi infancia traducido en brevísimos relatos. De no haber crecido entre retazos, realmente no sé qué sería de mi, de pronto y me volvía abogada como la Dra. Polo.

domingo, 13 de marzo de 2022

Hasta que el cuerpo aguante.

 https://www.youtube.com/watch?v=_fnpRds601s

 Caminé  todo un puto parque, crucé el peinado, famosísimo, fotografiable puente sobre el río Cajas, me cayó una lluvía brevísima encima. 

Llegué a verlo, estaba en un bar diminuto bailando con una vieja bruja de pelo largo y negro azabache, me senté a su lado, escuché  su pésimo parafraseo de Pablo Neruda, su ebriedad (que, de alguna forma  fue necesaria), comí cerezas, me senté en sus piernas, cantó a toda voz hasta que el cuerpo aguante de mago de oz. Qué buena noche. Horas mas tarde lo llevé al piso que habíamos alquilado con unos amigos, no sucedió nada, sólo lo que  necesitaba para saberlo, nos besamos. Se fue cuando empezó a amanecer, cuando ya no era tan oscuro. 

Nos volvimos a encontrar, y le di todo lo que pude, lo que contuve estos años sola. Se lo dí a él. Aún así, dudó, y aún así, bailó con otra vieja bruja, horrible, superficial, flaca asquerosa de pelo pintado.

Invierno traidor. 

 

 

 



Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...