YO ME FUI CON TU NOMBRE POR LA
TIERRA.
SUCEDE QUE ESTOY AGOTADA DE ESCRIBIR
PORQUE NO SÉ QUÉ PUEDO CONTESTAR
YO ME FUI CON TU NOMBRE POR LA
TIERRA.
SUCEDE QUE ESTOY AGOTADA DE ESCRIBIR
PORQUE NO SÉ QUÉ PUEDO CONTESTAR
La situación es apremiante.
Ese coraje irremediable que nos castiga.
Te extrañé ayer, en todas mis camas.
En mi cuartito, en mi mueblecito.
En mis tardes cuando te ausentabas a propósito para que te extrañara, pedazo de idiota.
Oírnos.
Hablarnos.
Ver esos labios carnosos.
Era nuestro amor, todas esas palabras, todo este tiempo.
Y pienso, pronto hubiesen sido dos años, pero de qué.
De no saber qué seríamos, qué hacer con nosotros mismos.
Yo en la imposibilidad de decidir, es que la confusión hacia ti me abate, negro.
Tú, en la exoneración de responsabilidad futuristica.
Y ya mismo quiebro, estoy a punto de llamarte a decirte que vengas a la tardecita, que mi mami ha preguntado por ti.
Que vengas a arreglar la puerta, y yo pensando le respondo: ven repárame el corazón pues, negro.
Acepta que es tu culpa y quítame este peso que me tiene sumida de cuarto en cuarto, de descansos innecesarios, de paseos vagabundos con caretonta.
Estoy harta de amar, o estoy harta de no saber amar, de enseñar a amar, no lo sé por la puta madre.
Qué complicado.
Porque los recuerdos de nuestros primeros días me invaden y estoy ahí, ahí, ahí, rebuscando todas las veces que me hiciste feliz y son en demasía, extensas.
Incluso sólo en las palabras.
Incluso sólo con oírte cantar, aunque te dijera que cierres el hocico. Yo amo tus palabras, ese ritmo que me cautivó. Yo me sé toditas tus canciones, perro infeliz.
Me sé tu engaño, tu manipulación.
Sé de tus citas.
Sé perfectament tu inmadurez, y el posterior discurso con el que te lavarás las manos.
Sé tu deseo, sé de tus labios y sus posibilidades, incluyendo esas que implican moverlos para balbucear huevadas.
Sé que te quiero tantísimo, más que este silencio enorme al que me has relegado.
Pero pienso, que podría servirnos para dejar atrás lo que fuimos.
Menos el amor, auténtico en cada beso, incluso en los más distantes... besos promisorios de este punto.
Ese beso frío al pie del árbol, nos separamos del mundo y de la multitud del concierto, sólo los dos sumidos en ese beso que ahora es nostalgia.
Fue como un carro de fuego, nuestro amor.
quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...