jueves, 13 de agosto de 2020

Sin bandera.

- hola amiga. ¿Qué harás hoy? salgamos.

Esa era mi hermana, quien milagrosamente me extendió una invitación que no pude negar.

a) necesitaba salir.

b) si te invitan obvio pagan

c) no soporto a la señora que vive conmigo

d) quería saber qué pasaría. 

e) puedo llegar hasta la z sugiriendo motivos y razones.

f) todas las anteriores.

Salí sin expectativas altas, pero el hecho de tener un pie fuera de casa me quitó un montón de peso sobre los hombros. Tengo detrás de mi a una clienta, cada que me escribe un mensaje sé que me espera una noche eterna, junto a mi maqi. Pedaleando, amontonando telas, pero sin llegar a nada más que eso: amontonarse. Mi maqi tiene motor, y un pedal que acelera y frena, pero no me lleva a ninguna parte. Mi maqi hace ruido, no deja dormir, pero frente a ella tengo visiones en las que me alejo corriendo de este lugar al final de una larga huída me planto junto a las olas, a vivir de mis ahorros, tomando sol, llenándome las nalgas de arena y tomando juguito de piña con naranja, tanto como se pueda.

Pero ando sin ahorritos verá.

Subida en el taxi le digo al señor chofer que me deje un poco antes de _____ , y le añado un ¿pero si conoce? (que es más o menos: donde me dejes por otra parte vas a conocer la puteada que te tengo guardada), si si es ahí por la parada de_____. Bueno - le respondo, pero aún escondiendo una mueca mucho ruido y pocas nueces. Me ve por el espejito pero mi bucket hat deshilachado (como dijo el cabrón que me lo vendió)  escondía mis ojos y el tapabocas, me tapaba  la boca. Qué se le puede hacer. Me calmé esperando llegar puntual y así una vez más restregarle a mi hermana lo hábil que soy llegando a tiempo. Me distraigo viendo las casas, lucen nítidas, el sol les pinta un buen matiz y me parece haber sacado una sonrisa de la que yo misma me sosprendo. En efecto, llego a la hora fijada y mi hermana brilla como el sol, ausente.

Le texteo, que viene en camino, dice.

No la había visto hace semanas, vi que una tipa con caracteristicas similares a las de ella  (estatura promedio, delgada, cabello negro, medio blanca, medio beige) se bajó de un taxi, no estoy segura de que sea ella pero la sigo por si las moscas, llamo para quitarme las dudas, contesta. Es ella. Nos abrazamos levemente y noto que continuaba escribiendo en su telefono, mi hermana es lo que en las revistas yonkis llaman una workaholic o algo así. Le recuerdo que está en guayaquil y guarda su celu. No sé por qué siento que estoy escribiendo como la aniñada de mierda que relata Viva la música de Andrés Caicedo, me acordé de esa man, toda coquera escribieno sobre lo bonito que es vivir la vida al son. Anywhere… llegamos al lugar dónde se condensa la multitud entre bares y restaurantes, sushi y markets. Afuera, los meseros ofreciendo sus ofertas y los platos, no sé que aspecto habremos tenido, pero nos ofrecieron guatita así de one. Entramos al lugarcito que tenía sangría a 2x1. Subimos, interrumpimos la privacidad de una pareja de veteranos que disfrutaban del segundo piso, nos sentamos, esperamos, luego un tipo con las uñas sucias como si viniera de su trabajo en el taller de mecánica nos trajo nuestras sangrías que eran más como una ensalada de fruta y yelo (hielo). Bacán tu ofertón.

Media copa después ya me encontraba hablando de lo serio y visionario que resultaría emprender en el negocio de la mueblería soho, mínimal, vintage; mi hermana reía y a mis fuertes visiones de mercado le agregó su interés por vender cojínes soho, mínimal, vintage. Finalmente eran solo ideas. Te das cuentas que una madre es madre cuando toda conversación termina enfocada en sus hijos, no sé cómo lo hacen pero sucede. Así como yo, siempre termino desviando una grata conversación que promete un buen descenlace, hablando sobre mis 5 gatos inútiles de mierda. Al parecer, Rafa (mi primer sobrino) había convocado a sus amigos a un meeting en ya sabemos cual plataforma, pero nadie llegó, de hecho si se conectó un niño y al ver que nadie llegaba lo dejó ahí con su meeting del fracaso social. Mi hermana, apenada o penada, concluyó en un triste: mi Rafa no tiene amigos.

Niños de mierda – pensé.

Seis años atrás, cuando entré a la U, vi sentada a una man con un pañuelo amarrado en la cabeza; ella, entretodas las personas allí, me resultó la más convencional, como yo, así que me acerqué y le pregunté algo que no recuerdo, lo que si recuerdo es que no paramos de hablar. Viajábamos montón a la playa, a casa de su familia en el campo, a su casa en la ciudad, bebíamos hasta llorar o hasta reír, fumábamos marihuana hasta bailar, hasta reír, hasta llorar. Fue una larga relación, de hecho la más larga que haya tenido. Fue una verdadera amiga, que nunca me tuvo lástima, que tampoco apostaba por mí, sin embargo me creía, yo no era su primera opción en todo, pero si se trataba de amigas yo estaba en la lista, era lo único que necesitas a veces, estar aunque sea entre las opciones de alguien. El asunto es que terminó, como sucede en toda relación larga (creo) llega un momento en que te cabrea toda huevada que haga tu partner in crime, y exploté. Y, me quejé de ella con la persona menos indicada, ahora sé que debí quejarme de ella pero con ella, algo que si hice,  pero no del todo completo. Supongo que esa persona le reveló mis confesiones terapéuticas con pruebas irrefutables. Y se fue, no me preguntó, sólo dejó en claro lo que había hecho yo: clavar un puñal asesino por la espalda. Y se largó así sin más. Para esto luego le escribo un correo disculpándome (mandándola a la mierda por no hablar conmigo, que lo siento pero es una tonta). En fin, no creo que vuelva, a veces la recuerdo, cuando quiero tomarme una botella de vino y hablar alguna sandez mientras le damos la vuelta, no es el mismo efecto si lo haces sola, pero alguna estupidez saldrá a la luz. Tuve todo esto presente cuando mi hermana me informaba la tragedia de Rafa:     n  o    t  i   e   n   e      a  m  i  g  o  s.

-          Pero explícale que no se pierde de nada.

-          Pero él necesita amigos, no basta con gabriel.

No sé que habría respondido una mamá en su lugar, pero estaba yo, que tenía un billete de cinco en su bolso y cero amigos. E  L     D   R   A   M   A.

Total.

Salimos de ese lugar, mi hermana pagó, obvio. Camino de regreso encontramos otro lugarcito, donde casualmente también  había promo de sangría. Quedaba al pie del río y tenía unos meseros para chuparse los dedos. El alcohol y el viento removió un montón de recuerdos, de los que hablé, y allí estaba ella, oyendo cada uno de mis bochornos, y para todo tenía una respuesta. Porque eso hacen las madres, responder aunque la pregunta sea tan estéril como mi útero. Pero ella me sonríe, bonito, se le ven los dientes y se le hacen unos pliegues coquetos en las comisuras de los ojos. Se achina más, ríe mientras gira levemente para ver el río y como oscurece. Vemos un botecito a lo lejos y saco mis binoculares para distinguir las figuras que nos colocaron en medio de una adivinanza:

a)      eran dos personas o

b)      una persona con un bulto.

Eran dos personas que remaban de regreso. Es una buena noche para quedarse dormida y ya no despertar, talvez me habría ido con un buen sabor entre los dientes y el regalo de haber sido escuchada por alguien que me conoce de toda la vida. Pero es su turno ahora y debo escucharla. Parece que el alcohol y el viento también le sacudió unos cuantos recuerdos como ese, cuando su esposo le dedicó una canción de Sin bandera. Me mira, luego mira el río, así mientras habla se turna para mirar dos accidentes perfectos de la naturaleza. Así que, allí estabamos las dos, mi amiga y yo, mi hermana y nuestros recuerdos. Sin bandera, pero con dos ideas que revolucionarían el mercado.

¿se entiende?

Y si, si extraño a _____, dicen que conoces a una persona por la manera en que se va que por la manera en que la conoces. Yo me fui como una cobarde aceptando la culpa, sin ofrecer disculpas. Ella, se fue pensando sólo en esto: que la había traicionado. Acabo de enterarme que esto se trata de ser leal a una persona. ¿Quejarse, explotar? Disculpa amiga, eso es de traicioneros. Decía mi abuela: …si se quiere ir, que se vaya.

Amén.

viernes, 7 de agosto de 2020

Poema corto con retórica chilena.

 - ¿Por qué no te vai a la mierda?

-  Andai tú a la mierda, pendejo.

Tasa de mortalidad literaria.

de fondo suena: La muerte del autor por Roland Barthes.  

Años atrás, en una clase lacrimógena, leímos este connotado aforismo escrito por Barthes, claro que no doctrinal, pero (pero) para aplicarlo a sustancias más pintorescas, adornadas, referidas a la firma del autor; así, en una lectura y adaptación peligrosa, concluimos que de pronto era innecesaria la firma y esas cuestiones de marca, esencia, intenciones. Esto fue hace unos seis años atrás. Posterior a la clase, empezó una matanza de autores, sin remedio.

Verás, que este es el poder ilusorio de las palabras, nos someten a conductas rebeldes y superficiales. Es el peligro de ser atravesado por el texto: apuñalado, morir y renacer atrapados en el último sueño, producto de la última instancia que nuestra voz pronunciando a otro, construyó inherente. De modo que, leer, te da visa para todos los sueños. Lo malo es quedarse dormido. Dormirse en los laureles diría mi viejo. Es la parte adversa, es la cuestión contraproducente de leer, leerse, involucrarse, siempre dentro; quizá, dificilmente fuera, nos veamos salvados de matar al tipo que nos dejó cuanta palabrería. Quizá, si. De pronto muere el autor, y para socavar debajo de su tumba, se encuentra escondido un tipo enajenado, esperando que caiga el cuerpo. Creyendo que ha podido con todo el inmenso arsenal.

Es una verdad in-cuestionable, no lo dudo. Pero, toda verdad peca de ontológica, sesuda. Sensual. ¿te has visto tentado a acercarte a ella? La verdad hablada por otros. La verdad está en los hechos, y el hecho es que no he matado a nadie. ¿sería este un tipo de lector, permeable? Que aún teniendo la formación necesaria, no sabía leer una novela. ¡qué cosas!. En todo caso, uno nunca termina de hablar disparatadamente, ¿has intentado callarte? Por dentro, muy adentro. Tu propia voz no te deja en paz. Siempre tiene palabras que decirte, para repetir, para atormentar. Esas palabras escriben sobre una superficie que no puedes palpar pero conoces, es un hábito abrupto. Y esas palabras que escribes dentro, en los anales de la memoria. ¿cuándo te matarán? ¿tienes miedo de leerte?.

Escribiría mucho muchado: …no estoy aquí para sermonear a nadie, tampoco nadie me va a sermonear a mí a estas alturas del juego, porque mis circunstancias son muy, pero muy especiales. Por ejemplo, mi circunstancia fue que, cuando leí El principito el autor ya estaba muerto, entonces ¿se me adelantó?. Cuando mi hermana (una mujer delgada y muy pálida) me leyó El príncipe feliz de Oscar Wilde, junto a la ventana, el autor ya estaba muerto. ¿Hubo aquí un doble asesinato?.

Leí en la web una segunda opción para referirse a el texto en cuestión, ya no como muerte del autor, sino desaparición del autor. ¿será esta opción b, cierta? O serán sólo travesuras de internet. Una travesura de un autor cybernauta. Ahora, también habrá que buscar al tipo perdido.
Si la escritura es la destrucción de toda voz, como escribió Barthes ¿qué hago oyendome ahora?. Este texto se escribe, según leo: en 1968. Barthes no habría escuchado rap hasta ese momento de la historia, porque, de lo contrario, el escrito tendría que haber sido otro. Va en serio, conozco tipos que te matarían primero antes de que, al empezar a leer sus letras siquiera intentes pensarlo ¿has leído la letra de Juicy por Notorious B.I.G?... hermano, intenta matar a ese tipo, habrás caído primero. Y, está en el cielo, volando. You know?
Nigga, no intento darle de baja a Barthes. Porque me simpatiza. Ha sido muy certero, poético, y se nota que tiene una causa. La de revelar lo que, a veces nuestra iluminada actitud crítica no percibe. Así que, citando nuevamente a Mucho muchacho:… no estoy aquí para sermonear a nadie.
Verás lo que logré entrever, porque este texto, este aforismo dotado de connotaciones aún guarda sus punzadas, que no está en la forma en cómo lo escribe, sino en la intensidad con la que se lee. Y, aunque el propio Barthes, arriesgándose a morir en sus propias palabras, tiene una fuerza de expansión. Porque si; mi libertad como lector para interpelar sus palabras, esa irrupción que ocasiono, sería aquello que provocaría una muerte por causas naturales. 

Escribe Barthes… la vida nunca hace otra cosa que imitar al libro, y ese libro mismo no es más que un tejido de signos, una imitación perdida, que retrocede infinitamente. Certero ¿no? todas las formas de lenguaje son una construcción, todo está codificado, la palabra no es inocente y eso deja abierta la posibilidad de que pueda pecar de tonta. Cuando leemos, tomamos parte de una historia ficticia que derrama sobre, no sé, frente a nosotros una marea de posibilidades imaginadas, conexiones aproximadas, de pronto una sea el acierto, el caso es que no hay mensaje único en la obra literaria. Y con referirme a mensaje, se refleja un apocamiento de mi capacidad para interpretar. ¿mensaje? ¿dónde está el cartero?.
Para terminar, finalmente con esta cháchara, cantaleta antimuerte. Hay algo muy proximo a las reglas que señalaría también Barthes… y que se refieren al oficio de escribir: La lengua, el estilo y la escritura. Abro el grifo: la lengua, como sabemos, es una construcción de objeto social, es una convención compartida; el estilo del escritor denotará su mitología personal pero es en la escritura, sería en esta parte dónde aquellas otras se condensan y producen, digamos, una singularidad revelada en como se usa la palabra y los sentidos que esta genera. Pero no nos ilusionemos. Estoy hablando de algo que se escribe en 1968. Habría que leer la obra completa para al menos advertir el panorama.
Estos tiempos son otros, son difíciles, y no en cuestión de vivir lo imponderable. Al contrario, todo es conocido, todo es, en demasía una farsa. Por tanto, estamos habituados, conocemos y suponemos. Diría un autor que también maté, o desaparecí: Bolaño… el oficio de escribir está lleno de tontos. De tontos que no se dan cuenta que lo son.
De manera que, el encanto de una obra, reside en quién se ve tocado por ella, y no en la intención o el secreto encriptado de un autor. Sino, en lo que se haga ya sin su permiso.
Entonces si, Barthes.

Más o menos bien.

Siempre tengo un deseo de fondo.

No puedo explicar lo que sentí cuando me di cuenta que irremediablemente mis padres se estaban poniendo viejos. A mi madre a veces tengo que gritarle para que me escuche, o repetirle dos veces lo que ni siquiera me gustaría tener que decir. Si pudiese vivir callada, y tan sólo ser leída. Solo escribir. Podría pasarla de lujo. Es terrible tener que explicarse, hablar, dar señales de que aún tienes voz, de que puedes pronunciar, mover esa bocota floja.  Por otro lado, mi padre no es problema. Suele distanciarse, muy a menudo y cuando tiene que dar señales de vida lo hace de manera breve. Bien por él, es un tipo de pocas palabras, excepto cuando tocas un tema de 2000 hacia abajo. No hay quién le cierre el pico. Se deleita hablando de sus hazañas en el cuartel y de lo duro pero jactancioso que resultó empezar a trabajar a los 10 años. No me tocó así, pero noto que hay cierta nostalgia- una dulzura como la que guarda en el fondo una taza de café- cuando lo recuerda. Por eso, cuando lo veo, trato de inclinarme por algún asunto (todos) que lo lleven a recordar aquellos buenos años cargando su escopeta o lo que sea que hayan usado en el cuartel de los 70’s.

Días atrás terminé de leer un libro que me prestó mi hermana (lo robé)  uno de Truman Capote A sangre fría. Lloré, la mima cantidad que aquel día cuando se fue mi gato Pancho. Una historia sin duda lacrimógena, que no mata ni ahoga, pero mejora la calidad de vida. Había tenido otro encuentro con Capote cuando leí música para camaleones, de un tirón. Le tengo afecto al tipo, me tuvo enganchada por meses, y ese enganche me llevó a dejar de lado la tristeza que me había causado la partida de cierto tipo. Un tipo imbécil al que amé durante años. Se fue sin despedirse, con otra chica, una tipa de color pudin de vainilla. Espero que les haya ido bien y ojalá hayan tenido pudincitos los dos hijos de puta. En fin, gracias a Capote ésta que escribe no se hundió en la pútrida depresión post maltrato abandono. Y si, fue un gran escritor, famosísimo, sobrevalorado, pero hermano, tendrías que leerlo… sólo puedo decir eso. A lo que iba es, lo curioso de ambos libros fue que no los compré, al contrario, los hallé y fueron hallazgos muy oportunos. Ambos en casa. Uno no sabe lo que tiene hasta que lo halla.

Mi papá suele contarnos que cuando era joven se leía hasta tres libros a la semana. Sé que otras personas logran más que eso, pero estamos hablando de mi papá y a mi eso me parecía extraordinario, teniendo en cuenta la cantidad de libros que yo lograba leer a la semana: 0. Al mes, con suerte: 1. Decía que cuando era pelado, habian personas que salían con un tipo mueble estantería amarrado a la espalda y recorrían las calles con libros a cuestas pensando siempre que esos lectores, como mi padre, le alivianarian el peso sobre la espalda.  Debería estar escribiendo un ensayo ahora, pero, este recuerdo acaba de atocharme el cerebro y tuve que venir corriendo para escribirlo en una hoja digital.

El punto era, que, bueno, recordé el momento en que me di cuenta cuando mi papá había empezado a envejecer. Él, toda su vida ha viajado en bicicleta, del suburbio al centro, del centro al sur, del sur al norte. Iba a verme los miércoles a la escuela en bicicleta, rodábamos, volábamos. Yo atrás abrazada a su espalda, contenta porque antes de subirme, él me había guardado unas monedas de un dólar en el bolsillo. Dinero es felicidad papá!!!. Volábamos toda la calle de los ríos hasta su taller. Allí, su esposa me servía un platón enorme de consomé de pollo y yo, sientiendo que traicionaba a mi madre por tomar la sopa de otra mujer, sudando frente al líquido grasoso y la yerbita recién deshojada, comía a gusto junto a mi viejo. El, mi viejo, mi papá, siempre ha tenido el cabello largo, rizado, antes se lo veía simpático ahora no tanto. Los años revelan su efecto. Crecí, a su lado, todos los miércoles y a veces los domingos, viéndolo coser mientras oía todo el album de los mejores exitos de la salsa, que siempre empezaban con Héctor Lavoe. Mi viejo silbava y cantaba, de vez en cuando me echaba una mirada y me preguntaba si tenía sueño o si haría mis deberes, yo me conformaba con verlo y no hacer nada más que eso: ver, imaginar qué sería de mí a su edad. Ahora, esa respuesta está más que clara.

Nosotros nunca tuvimos dinero pero tampoco nunca estuvimos sin nada. Siempre había algo que comer. Cocos, mangos, carambolas, máchica, canguil, el punto era no morir de hambre. Era como esa analogía de: lo que tu ves es un vaso hasta la mitad, lo que yo veo es un vaso medio lleno. Algo similar, sólo que, no siempre queríamos comer coco o arroz con huevo. En todo caso, no me estoy quejando, eso está en el pasado, y sobre ese pasado crecí, sólo espero dejarlo atrás como los días, y luego dejarlo atrás tambien en mi memoria. Los sueños son afilados, y pueden cortarte todo, por dentro. Por eso, dejé los míos descansando. Desde pequeña, estoy muy segura de esto: siempre quise ser escritora. Pero no una escritora de esas que escriben  y repiten el mismo argumento cliché, como ahora. Cuando realmente escriba, quiero tener algo verdaderamente importante para decir. Quiero escribir y que en esas palabras mis pequeños Rafa y Gabriel encuentren una experiencia de vida, una lección, una advertencia. Ayuda, un abrazo. Porque no siempre estaré. Así, así fue cuando me di cuenta que mi viejo se estaba yendo para arriba. Cuando me dijo eso, supe que estaba plenamente conciente de que podría morir esa misma tarde o quizá mañana. Me había contado que viajando en bicicleta como siempre había hecho, en esa misma calle que siempre ha recorrido, un carro lo tumbó de la bici. No pasó a mayores, se levantó, y condujo de lado, pero esta vez inseguro. Tuve miedo, pensé es su miedo también. Jamás se me había cruzado por la mente que talvez podría morir en un accidente en las vías.

No sé de él hace una semana, y no lo he llamado. Él tampoco, pero sé que está vivo.Porque, como saben... las malas noticias son siempre las primeras en saberse, como esa vez cuando super que me botarían del trabajo antes de llegar al trabajo.

Mi vieja, al contrario, desde que la conozco ha estado vieja. Esa mujer, es dinamita. Siempre explota, y no tienes idea de dónde está la puta mecha. No tengo ni puta idea de cómo se precipita esa mujer. No la soporto, podría ahogarla con la almohada, y lo he pensado. ¡Pero mierda!, de imaginar que un día podría no estar, me desintegro toda. Esa misma mujer, que un día envuelta en llamas me reveló que no quería parirme, esa misma mujer que me marcó la piel, la amo, diganle amor pastuzo, masoquizmo, pero amar es eso, como escribió Efraím Medina Reyes ...desear secretamente la muerte del otro, eso es amar.

No sé cuál es el punto  o el crescendo de este escrito pero se debate alrededor de esta película en tres partes de Alberto Fuguet: Invierno… que encontré hace par de meses, bueno, que realmente decidí verla por este actorazo Pablo Cerda, chileno encantador papasote…pero cada parte de la película resultó en un inmenso arsenal que no vi venir. Ya recordé, fue por esta canción que sonaba de fondo más o menos bien. Muy infantil, pero que de alguna manera sugería ese devenir imponderable. Tipo:

-         - Desconocido, espero tus problemas se acaben, y así volver a la senda del bien.

En pocas palabras hermano, si puedes ver los problemas en el aire, no respires, para que las cosas sigan más o menos como quiero yo. Más o menos bien.

No es un buen final, pero al menos logré des-extrañar a mi viejo. 

Desconocido de la red, si lees esto y extrañas a tu viejo, llámalo y pregúntales por sus días en el cuartel.  

Para que todo siga más o menos bien  aquí  

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...