jueves, 21 de septiembre de 2023

Cocinas que se vuelven cuadriláteros,

 el chirrido de la lámina protectora que supone 

una privacidad entre el patio y mi guarida

 

Desde mi mesita redonda me hago la película, porque no tengo televisión.

Llevaba mi vieja ya un tiempo dejándola encendida haciendo ruido de fondo, con el volumen alto;  algo así como para no oírse ella misma, para no dejarse pensar tan fuerte; de tanto esfuerzo del aparato por evadirle las culpas, se terminó quemando. Polvoso y caliente. 

De ahí, la ausencia para el posterior uso de la imaginación cuando "algo" sucede en la casa contigua, casa ajena.

Hace tiempo no se sacan la puta, le digo a mi vieja, ajá me dice, como invocando, como sabiendo el poder de las palabras cuando indican lejanía. Ahora, sola en mi mesa, mientras espero que regrese, mi vieja por supuesto, de + mil kilómetros y cero llamadas que le contesto.

Le oigo al zonzo retarle a su viejo, entonces inicia una pelea con el peor de los tópicos, la plata.

Hipótesis de culpabilidad maquinándose a mil por hora. 

Mientras escribo, la machica se me ha hecho nata, y le muevo como avisando que no guarde esa calentura, porque soy mas de beber tibio, y me reincorporo en la escritura de un hecho fresquito que siempre remueven los sonidos de dos cuerpos frenando contra la pared un rencor que viene acelerado desde la infancia. No me alces la mano que soy tu padre aunque te cueste cabrón chuchetumapdre.

- Cuándo?, pregunta Luisito, ahora cabrón, pero siempre Luisito el niñito al que lo castigaban duro, por travieso.  

[ Leyendo la travesura constante como si hubiesen sido premoniciones de futuras cocinas que se vuelven cuadrílateros]. 

Bien espesa la machica, maciza para un lánguido estómago en ayunas, propiamente para desarrollar aquí el recurso metaliterario que me hará volver en las palabras, en la necrosidad del patio, esa lama negra que viajaba por un canalito en el patio de tierra y que provenía (su caudal) desde el patio anterior donde dormían los camiones de Don Peña. Y Luisito, entre manos con la lama negra le decía a mi hermana mayor (entonces madre postiza y achúda) "encontré petróleo", y mi hermana no muy desconectada de su piso de concreto le dice "si fuese eso, seríamos ricos" entre risa y lo que parecía un anhelo, nos quedamos viendo a Luisito y el petróleo, no ha sido más que su futuro necroso en el barrio.




jueves, 6 de julio de 2023

Mejor no fumes.

siempre el último sorbito de café

me genera náuseas, 

la última caladita del Lark, una tristeza diminuta,

como si mi tranquilidad dependiera de dejar a la espera

esas migajas que me quedan

y esa canción, ya cliché porque todos se reconocen en ella, 

ya no amortigua la experiencia pasada,

los dolores carnales, 

porque tal vez quiero (en el fondo) que ésta insatisfacción no sea única, pero si inigualable entre otras tristezas absurdas que guarda el alma

y para ti, tengo mi segundo nombre, que nadie usa, que nadie llama, pero sé que eres tú, 

dentro de mi, para hablar de mí contigo, que somos una sola voracidad atrapada en la misma carne,

con sombras que refractan de una luz cegante llegando desde diferentes ángulos


siempre una coma

un espectro literato que me anuncia 

la traducción de las pausas acrósticas  en medio

                                                            de la tarde,

para retomar después lo que aún aguardan los restos de sí mismo



viernes, 26 de mayo de 2023

MIEDO CÓSMICO,


 

secreto a medias,

 no sé si es real, ese pasado infantil

esa pregunta que ahora es maliciosa,

no sé cómo interpretar la decisión infantil que ahora me arruina

me culpa, me señala, me martiriza

en las noches, hace algunas noches

hace algún tiempo, atrás

extenso.

no sé cómo vivir con lo que decidí,

no sabía ser niña, nadie sabe

quiero culparla a ella,

pero fui yo, yo, yo entré

yo guardé el secreto, 

junto con P. 

nos callamos, sabíamos las intenciones del juego

aún jugamos, a que nos olvidamos

a que no sabemos, a que no pasó

a que no nos conocemos,

a guardar el secreto a medias. 


LA TELA DIÁFANA DE LA VENTANA

se movía

en la quietud del silencio cómplice

que ocultó la maldad

de un juego secreto 


martes, 18 de abril de 2023

formar las palabras.

Lo ocioso de una pregunta lacónica es que, 
mientras tratas de hallar una respuesta que le dé calma
se camufla entre otras que aún están por formarse. 
¿Quién vela mi sueño?

 

martes, 11 de abril de 2023

Redacción,

 

... y pensaba en lo calientito que estaba dejando mi puesto, divagando con la voz de fondo de la Miss Jenny (odiaba que le dijeran Miss). Una man cabreada con caderas anchas y el culo bien aguado, conducía un pichirilo, ahora no recuerdo el color pero si recuerdo que ella era lo suficientemente grande para entrar en ese auto. Recuerdo la única vez que le saqué una sonrisa, de hecho, una carcajada. Leyó mi tarea,  la redacción que hice sobre las vacaciones en familia, escribí sobre un recuerdo pasado porque realmente no había tenido las putas vacaciones en familia, y en ese recuerdo que había retomado escribí que mi madre y yo viajamos a Ventanas y habíamos comido tanto ceviche, diosmio, estábamos encevichadas; se rió repitiendo ese neologismo y me dijo unas palabras que hasta el día de hoy son una porquería que me estruja el corazón: de grande podrías ser escritora, Sánchez. Y luego para terminar de acaparar las miradas de mis compañeras añadió: Debería tener unas tres Sánchez en este salón. 
Y esa mañana, fue la única vez que dijo algo bueno, sobre mí. En una escuela fiscal sólo de niñas, año lectivo 2004, no podías esperar menos que violencia femenina justificada. 
Ahora, dudo mucho que tal recuerdo  sobre el ceviche realmente haya sucedido, y dudo mucho que las palabras de la Miss Jenny hayan sido acertadas pero me retumban hoy, ésta noche, y ésta misma noche decidí recordar los piojos asquerosos de Lady, y ésta misma noche estoy pensando sobre ese cuaderno de redacción, sobre esos recuerdos. Dejé bien calientito mi puesto, eso sí. 
Dónde sea que esté la Miss Jenny, su culo aguado, y el pichirilo diminuto, su pelo cobrizo con corte enano, sus gafas, sus lentes de contacto verdes, su reloj, sus perlitas de presión en las orejas, sus sandalias que hacían chaplos chaplos cuando caminaba, su voz gruesa, su jarrón de agua sobre el escritorio, los reglazos que me pegó de vez en cuando por mi bien. Dónde sea que esté, esa mujer valiosa, la pienso. Digamos que hoy escribí y recordé por ella. 
Una pregunta que me visita hoy. 
Ahí está su respuesta, vieja histriónica. 

miércoles, 5 de abril de 2023

Dedicatoria, por Panero.

 


Al final es que no hay final, sólo reptar sobre el papel.

 Hace par días desmonté Tropos del desarraigo, exposición que (ahora que lo examino lentamente) le pertenece a mi madre, Teresa. No fue otra persona más que ella quién me trajo a vivir a este barrio que me sembró un deseo vehemente por arrancarme. 

De hecho, no debería referirme hacia la exposición como tal "exposición", es en todo caso un esquema.

Pero es estéril (sobre todo en esta ciudad infame) revelar esas intenciones dramáticas. Pero, para dejar sentado, un esquema es lo más cercano a una explicación. 

Tratar de explicarse a sí mismo lo que sucede alrededor es, considero, un ejercicio masoquista.

Yo veo a mi madre, y le veo su cabeza 95% blanca, y se me hace imposible no pensar en la finitud de su cuerpo, de su corazón, de su voz, sus lentes, las peleas de mierda que nos constituye como dos personas que se acompañan y se quedan en silencio, a diario. Te culpo a ti diferencia generacional, tú sabes quién eres.  

Quiero hacer de la escritura un aliado tosco, un hijueputa que te golpee, que te empuje, que te grite, que te haga ver la calle, que te haga asomar a la ventana cuando suena el zinc en las casas de alrededor, que te haga bajar corriendo rapidísimo la calle cuando la noche te haya alcanzado, que te haga sentir palpitaciones fuertes cuando te enteres que una muchacha joven murió y que ya no la verás más lavando la ropa afuera de su casa, que te haga oír cuando en la casa de a lado los golpes secos del amor retumben en quedos sollozos. Que te haga convencer de que cualquier esfuerzo por pensar es inútil, entonces, te haga pensar aún mas en un intento infeliz por comprender. 

Llevo 28 años viviendo en ésta misma calle. 

Yo creo (ahora que lo pienso inútilmente) que estoy atrapada.

Aquí, encerrada, soñando proyectos con los que pueda surgir y escapar lejos de mi madre, que amo tanto. Te amo madre. 

Y extraño a mi viejo, su nombre es Javier. Le digo papi, o papá, cuando estoy hablando seriamente con él.

No lo he visto hace, quizá cuatro meses. Y hace unos días pasé de madrugada por su calle en un taxi, luego de una tocada de rap en un pedazo de casa lleno de malditos callejeros que sueñan planes para romperla en esta ciudad chuchadesumadre. 

Y cuando suena una salsita de fondo, recuerdo a Javier. Lo veo cosiendo, lo veo yendo por mi a la escuela, lo veo guardándome una monedita de cincuenta centavos en mi bolsillito.

Le veo su lunar en la espalda, abajo, casi llegando al culo.

Un lunar gordo. 

**

- Desconfiar del lenguaje

- Abandonar la literatura

Hay cosas que el lenguaje no puede decir, ciertas palabras se acercan, pero nada que una mano alucinatoria pueda contener. 



jueves, 23 de febrero de 2023

Tropos del desarraigo.

 No hay motivos para seguir en esta militancia, me dije cientos de veces. Me digo, cientos de veces.

Es lo que llamo locuciones propias. Tú también has de tener unas cuantas voces que te dan patadas y te atestan de imágenes que nada tienen que ver con lo que encierra el corazón, un prisionero. 

S.ueños, un peligro es que existan en este sitio. Una militancia es soñar con surgir de este río necroso que algún cerebro desarraigado del pensamiento le poetizó como manso. Mucho direte, te diré. 

A mi madre. Señora que me inscribió en un concurso de pintura hace veintitantos. Quedé en octavo lugar. Pinté mi cuarto (una versión imaginada y lejos de sonrojados ladrillos), quisiera encontrar ese dibujo, quisiera saber dónde buscarlo. 

Me gané un discman COBY. No tenía discos para oír. Alguna vez reproduje el CD de Alberto Plaza (de mi hermana). No sé que hice ese discman, pero intuyo que sigo en octavo lugar, oyendo música prestada sin saber qué pasa con mis dibujos cuando se van quedando atrás, en el tiempo. 

Mi madre me inscribe en un concurso cada día, el premio es oír lo que ella me dice. Y oigo pasar la vida como quien prende la radio.

Arrancada, pensando mmm  en las posibilidades.  

Un punto, para frenarle a raya. Detengo el pensamiento m. y las posibilidades  muestran sólo un indicio P. que es apenas deducible de una pista. 

Desarraigada, lazara, lambucia, caída. Una más en la marejada de necias. 

Si no logras salir del barrio, toca sacar el barrio adelante en un paisaje de frases. El final es que no hay final, sólo reptar sobre el papel. 

Ayer cumplí 28 años, y cuando desperté fui al patio para ver a mis tres gatos y al árbol anciano de carambolas que hace una militancia cojuda en el diminuto espacio de tierra que dejó la urbanización de mi casa. Le vi con pena, recordando quizá noblemente que ese es el único cimiento estable que me queda de la infancia, y luego un colibrí con cresta de tono gris se posó unos segundos en las ramas más altas y flácidas, buscó en las flores. Se fue. 

Y yo ví (y quizá el colibrí con cresta también) que sólo habían frutos podridos, necrosos, pero aún así, con toda la podedumbre que lleva consigo, florece en cada invierno el hijueputa árbol. 


sábado, 21 de enero de 2023

Tropos del desarraigo,

Estaba lejos ya, de ese día. 

De las señales.

De la caminata solitaria a edad temprana. Con polvo en los zapatos y la carpeta de los dibujos primarios, debajo del brazo derecho. 

El moño bien arriba para orientar direcciones. 

Los ojos chinos. 

La tristeza del brazo roto y del pasamanos en el que ya no podríamos volver a colgarnos.

De la tierra aguada y del agua que caía de las nubes.

De los dibujos del cuerpo humano sobre papel periódico.

De los mocos pegados debajo de la mesa escolar amarilla.

De la maestra Dolly.

Lejos de recordar su rostro perfectamente. 

Estaba incluso lejos de aquellas cabezas rapadas, y del encapuchado que paseaba a media noche,

Lejos de las balas entre tienderos y ladrones, y lejos además de los traficantes de tierra, ahora, líderes barriales.

Estaba lejos de las empanadas de verde que compraba mi hermana, estoy lejos de volver a comerlas sobre la mesa de madera húmeda.

Lejos de ayudarle a Niko con su tarea de catalán, y lejos de entenderlo. 

Lejos de los piojos que le hicieron andar pelona a mi hermana gorda,

y lejos de las lágrimas del primer embarazo de mi hermana mayor,

Lejos de verla lavar la ropa a mano, en la lavacara verde claro, junto a la ventana,

Lejos del llanto enojado de mi señora menopausica madre,

Y estaba mucho mas lejos de esa mesa que no puedo recordar.

Su olor a carne, la húmedad guardada por las contínuas limpiezas. Las moscas.

Lejos de las moscas. 

Lejos del tanquero y de los pozos a medio talle,

Lejos de las fundas en los zapatos de lona para no ensuciarlos de lodo,

Lejos de ese televisor con perilla sobre el modular tambaleante y de los recuerdos que sostenía.

Lejos del cuarto con tres camas y cocina incluida,

Lejos de la tarde cuando se voló el techo, y lejos de la noche cuando dormimos sin el por completo.

Lejos de bañarme en el patio, y lejos de correr en círculos,

Lejos de creer que el musgo negruzco de la tierra era petróleo,

Lejos de las lágrimas de mi vieja abandonada,

Lejos de la partida de mi hermana con sus cosas en un cartón y un tipo blanquito llevándosela en su auto, 

Lejos de la soledad que sentí cuando se fue,

Lejos de tener una conversación cercana con la hermana que me quedaba,

Lejos de querer  bien a los perros de la infancia,

Lejos de ponerme los zapatos viejos que me compraba mi papá,

y lejos de despreciar la sopa de su esposa,

Lejos de la hamaca donde me mecía desmesuradamente, y lejos de la tarde cuando Cynthia me hizo caer. 

Lejos del accidente.

Lejos de la herida en la rodilla, que aún duele aunque esté demasiado lejos,

y lejos del silencio que le prometí.

Lejos de la calle donde me atropellaron, y lejos del motociclista que se fue. Lejos de mi zapato rosado que había quedado aún mas lejos de lo que estoy yo de ese recuerdo. 

Lejos del mueble largo de madera,  y lejos de los dos aretes horribles en las orejas, 

Lejos de la primera máquina de escribir que me compró mi hermana mayor, 

y lejos de la primera Polaroid que me compró mi otra hermana,

lejos de las primeras zapatillas decentes que me compró mi madre y resultaron ser ambas del mismo pie.

Lejos del primer mp3 que compré con mi primer sueldo, y lejos de ir detrás de mi papá en su bicicleta.

Lejos de la calle los Ríos, lejos de los rulos de mi vieja.

Lejos del olor a bigen del platillo hondito amarillo de mi abuela,

lejos de su silencio.

Lejos de verla viendo la pared toda la tarde,

lejos de su tristeza y sus piernas amputadas.

Lejos de verla morir, 

Lejos incluso de su espalda sin arrugas, sin embargo, cansada.

Lejos de los primeros novios que me hicieron llorar tanto, tantísimo.

Lejos del odio.

Lejos de saber qué pasará mañana. 




viernes, 13 de enero de 2023

Serían éstas las curvas de la vida

 


o                         y

-una mirada externa atestigua las miserias del pasado, donde crecimos.

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...