lunes, 26 de diciembre de 2022

Alguien vela mi sueño,

[ durante el desarraigo ] 

cuando la oscuridad necrosa es sólo creaciones imprecisas del inconsciente, 

la oscuridad imprecisa que no responde, atrapa

[ durante la entrega ] 

cuando los perros ladran allá afuera y no los puedo oír

perdida en los ahogados pensamientos que transfiguran en la imagen de una vida imprecisa,

[necrosa]
 

desarraigo,

 



No hay puentes cerca, 

ayer hubo un torbellino, 

una fuerza circular,

tres personas lo vimos,

[yo, diagonal a la fuerza circular] 

La calle estaba sola. Luego, la sombra. 

[ yo, sobre la oscuridad de la sombra intacta debajo de mis pies]

Luego el polvo.

Luego el ruido.

El torbellino. 

La calle no tenía dirección.  sin nombre

 

 



viernes, 4 de noviembre de 2022

oscuridad necrosa / 0316

 un eterno pí

fue la dimensión de la madrugada

                                    el sueño se convirtió en tentativas premoniciones

y una necesidad urgente del amanecer.

                                            aún con luz, la presencia de una locura antigua hacía momentáneas apariciones 

no quise volver a dormir, sabiéndome sola, 0341

desperté así, lo fortuito del miedo quería hacerme mirar bajo la cama, traer a Pola, pero no salía.

No me atrevía. 

Aún conociendo, hace 27 años, la oscuridad necrosa de mi matriz.

podría olvidar esa necedad que me perturba

y

adelantarme a los años, 

al porvenir de mi errar en el eco del pí


vagabunda / intentando despertar cuerpos abatidos en psicosis y ser pensada una vez/ o dos/ en el miedo premonitorio

en el palpitar de la oscuridad necrosa de mis malos pensamientos 0351

quiero migrar a la dimensión diáfana de lo desconocido y que mi mirada nunca perciba el sentimiento perturbador de mi propio asalto

 

estaba yo sentada preocupada preguntándome por el sufrimiento que deambula mientras el sueño trémulo me abraza

0356

no podía dormir sabiéndome finita

no veía

mi propia

escritura

[ mi mano

[ocultaba

[mis miedos

0358

las puertas se abrieron. 

 


jueves, 22 de septiembre de 2022

una razón profunda,

 como calor sentí ese instante  cuando me dí cuenta que el dolor es el motor de mis

 palabras automáticas.

un calor reconfortante,

que sigue y niega sus propias pisadas malsanas.


duros cimientos,

 hoy tengo el dinero contado, no sé cuánto va a durar

comer es lo necesario, no sé cuánto va a durar,

ayer conversaba con mi hermana, me pedía lo mejor para mí, que elija bien me sugirió. 

No sé cuánto va a durar.

Ayer llegué y mi vieja había estado esperando por mí, no sé cuánto va a durar

Sé que por ella debo perderlo todo, de ser posible, las ansias.

En un terreno verde caí, caminé, el sol me cayó encima y no me quemaba, tampoco me dió fuerzas

continué cuesta arriba siguiendo al gringo y  al azogueño espiritual que me curó el mal aire, 

pensé en repetidas ocasiones mil maneras en que el bus podría volcarse, para todas las posibilidades estaba lista,

el camino era oscuro y yo iba dentro del transporte flotando, sin nada para leer porque estaba oscuro por dentro,

llegué a casa y mi animalita estaba quieta, sin ánimos de tirar la puerta, le abracé y le besé el hocico

escuché un par de canciones y entre esas tú, 

luego te fuiste, y me fui 

no sé cuánto va a durar,

tengo unas punzadas malditas en mi corazón, es ansiedad, me curo la curiosidad por saber más sobre esas punzadas

veo a mi madre, puteando a la cocina porque no funciona como debería funcionar,

veo que no sé cuánto va a durar, 

pienso, dos veces

algunas cosas, detenidamente,

pienso en que tal vez me equivoco, en que dentro de tres años tendré treinta

en que mis viejos envejecen

en el árbol que aún existe allá detrás en el patio, resucitado de diferentes muertes

de diferentes machetes ha sido amputado, y vuelve a la vida, verde, 

cada vez con las ramas mas débiles que en sus otras vidas, pasadas

como cabellos que se caen, porque envejecen

como cuerpo  débil que se rinde

gradualmente,

poco

poco.

Sin que nadie note, que está

siendo vencido por la propia mano que le hizo nacer.

Cómo cabellos caeremos,

si la virtud es tan profunda

como las raíces de mi árbol necio. 

lunes, 19 de septiembre de 2022

Cohete en el pantalón,

importa poco qué hagas,

_______ lo que sucede,

_______ lo que guardas, 

-letras, palabras, pasados.

sé poco,

elegí acompañarte desde esa noche de música fatal.

Elegí oírte.

porque también he errado en caminos torcidos,

elegí oirte, y espantar lo malo que nos aceche.  

No tuve miedos. 

Elegí seguir el camino incierto,

haciéndonos paso.

Espantando la oscuridad necrosa.

Ésta soy yo, divagando en la posibilidad de ser acompañada.

Estoy creyendo, una vez más.

Con un pilo de angustías y malas decisiones tras de mí.

Un pasado atorado en nuestras líneas.

 


viernes, 8 de julio de 2022

Querer.

 Deseo dormir, hoy.

Ahora.

Despertar, revisar que los míos continúan aquí.

Todo sigue igual, están bien.

Volver a la cama, dormir catorce pesadas horas con la mente en negro.

Despertar, corroborar.

Alimentar a Pola, limpiar sus cagadas. Acariciar su mentón.

Ya vuelvo, le diré. Se aleja de la puerta, me esperará.

Vuelvo a dormir.

En negro, no recuerdo.

No hay sueños.

Pola ladra, quiere que vuelva.

No quiero.

Me llama, tiene hambre.

Vuelvo del estadío a oscuras por Pola.

Y los tres gatos.

consecuencial


 

domingo, 12 de junio de 2022

a la hora que estoy sola ó EN la hora.

 el grito otra vez

es la tercera vez. 

tal vez es dioscreador.com 

un decibel del inframundo

QUÉ

HA sobrepasado el límite. 


sábado, 21 de mayo de 2022

recuerdo malvado.

 

¿Será que estoy perturbada? Pienso, a veces. Siempre, lo confieso.

Pienso en mis hermanas, siempre, lo confieso.

Pienso en la calle dónde una vez caminé con mi vieja, y mi vieja se cayó, dio dos vueltas, aparó la caída con el pecho, su pecho cimbró, y quedó soñada. Me asusté, pensé que mi madre había muerto. La vi un segundo sin responder, sin movimiento, no puedo recordar su físico, pero ahora esa imagen ha sido reemplazada por la imagen que tengo de ella, ahora, vieja con muchas canas. Le toqué el pecho y le dije “mami” repetidas veces. Lloré, me puse en cuclillas y grité mil veces auxilio. Auxilio, auxilio grité.

Una casa de enrejado elegantoso estaba frente a mí, una señora salió minutos después de que yo pausara mis gritos (que supuse inútiles), mi vieja empezaba a reponerse. La señora, recuerdo a la señora, tenia pelo corto y copete dorado, estaba en bata. Pensé que le habían robado a mi hija, me dijo. Me miró, toda negra y con mi pelo horrible, lagrimosa. Mi vieja sentada en el piso tratando de volver.

Volvió. Se levantó. Le pidió un vaso de agua a la señora, la señora la revisó con la mirada a mi vieja, toda negra, gorda, con el pelo horroroso. Vi a mi madre, toda débil, negra, llorosa, con esperanza de que aún me quedaba vieja para largo.

Le trajo el vaso de agua. Le dejaría pasar, pero está todo desordenado, dijo la señora. No se preocupe, gracias, dijo mi vieja, toda angustiada, llorosa, negra. La abracé ¿o me abrazó? Le llegaba a la cintura. Toda enana, asustada.

Nos fuimos.

No nos fuimos, olvidé un detalle. Un camión paró, al ver la escena. Ayudaron a levantar a mi vieja, así fue como mi madre volvió, recuperó el sentido.

Mi madre pidió agua, le dieron agua de un botellón guardado a un lado de la palanca del camión. Está caliente, dijo mi madre.

Luego, la señora salió y dijo: ay diosmio creí que le habían robado a mi hija.

Mi madre le pidió agua, por favor.

Así fue como pasó. No no, así es como lo recuerdo.

Un recuerdo malvado, que vino hoy, esta noche. Mi vieja no está. Está a miles de kilómetros. La extraño, pero no quiero hablar con ella. Estoy sola, estar solo es bueno. Por si los recuerdos malvados llegan, los escribes.

 

 

 

[me pregunto-me respondo]


 

TEN TACIONES.

Tentadora es la idea de dormir. 

Tentadora.

Lo pienso, think twice said Brook Benton. 

Lo pienso nuevamente.

Tentadora es la idea de dormir. 

T  E  N    T   A   DO  RA

CÓMO

cómo lo haría, lo sé. 

Lo he pensado.

Dos veces como aconsejó Brook Benton. 

Aún tengo algunas cosas por recortar.

 

Tentadora es la idea  de dejarlo pendiente.


La esposa del Sr. Wood.

 (2015)

Creo fielmente en que la esposa del Señor Wood está volviéndose loca, la rutina le ha clavado  entre ceja y ceja un dialogo repetitivo ‘ya solo me falta preparar la ensalada’, todos los días a las 12:59 y yo lo repito con ella. Desde aquel lunes en que pude notar su maldición verbal, me he preocupado un poco y la espío cada vez  cuando sale a tender la ropa, habla consigo mismo, la he estudiado. Su alter ego ha adquirido una fuerza superior indómita y, sinceramente, temo por su locura habitual porque le ha personificado, hasta llegar a tal punto de mirarle a la cara (abstracta). No es un genio, pero ella, no es de acá. Algo similar pasa con Pertur, pero ella a diferencia de la esposa del Señor Wood, llora cuando todo se sale de control, así, solo así logra cercenar la locura (quién no demora ni un segundo al ver surgir una nueva oportunidad, para poseer).

El poder que nos otorgamos propiamente no esta exento de ser arrebatado, y con robado no me refiero a una persona diferente de nosotros, quien logra privarnos de él, son nuestros monstruos dentro de la matriz. Como vidas llegaran a invadirlo todo entre los parietales, como muerte terminarán acabando con lo construido por ellos. Qué importancia tiene el rascacielos entre las cejas, al derribarlo, todo será polvo y con ellos nuestras fuerzas, nuestro poder. Asquerosa manía de destruirnos sin saber destruir, siempre experimentamos con el menos tentado y más aterrador. El sujeto entre el abismo de las manos al cerrarse frente a una oportunidad.

No conozco las manos de la esposa del Señor Wood, pero de lejos parece irreal, armada de alucinaciones, perpleja ante la lluvia con la lengua palpitante en su labio superior, cayendo cada vez un poco pero jamás tocando el piso. Pertur, al contrario hace rabietas dentro del baño, dentro de la habitación, lejos de casa, viajando en el bus, caminando por las pistas más largas, sintiendo la lluvia despeinándole las canas. Para Pertur ya nada resulta impresionante, porque ahora vive junto con el hoyo que origina los trastornos. La esposa del Señor Wood ya pasó por aquello, y sabrá algún vidente loco si ya superó ese recuerdo atroz. Es tiempo de lluvia, pero ellas se han adelantado, son un chubasco a tiempo completo, sin paga, reciben miserias y no precisamente  descritas en un cheque, las palabras suelen ser parcas cuando quien las pronuncia es un desdichado, y siendo desdichado actúa como un tal omnipresente dentro del cerebro de todos.

¡Qué habrá del otro lado de las paredes?, El Señor Wood espera paciente, leyendo en la sala, agobiando la espalda, revisándolo todo a su alrededor, también temo por el, puesto que ha pasado algún tiempo y no he escuchado su voz convertida en susurro, ni sus quejas tergiversadas como ira, ni su paz transformada en fenómeno. Llegué a la conclusión de que su alter ego falleció hace tantos años, justo cuando vivió el accidente que lo condenó a usar silla de ruedas, sólo el sobrevivió, ¡ah!, y su recuerdo (el antagonista de esta historia).

No cierren las manos, les pido. Así es, 13:00, hemos recitado el dialogo.

‘falta solamente ir a limpiar el baño’.

**

Una tarde el Sr. Wood (quién siempre estaba en la ventana, por si pasaba alguien u ocurría algo) me llamó cuando apenas llegaba, me hizo un psss psss y lo miré, allí estaba casí flotando en la ventana agarrándose con los antebrazos (son antebrazos la parte que le sigue a las manos?), fuí hacia él y me dice: Oí que su abuela se quiere morir.Me reí, él continuó: Yo me quise suicidar cuando me pasó el accidente. Era un hombre muy viejo y blanco, blanquísimo, los ojos azules  como cualquier gringo pero, de hecho él era alemán con padres de origen gringo. Quería hablar con mi abuela para convencerla de vivir. 

Inútil idea. Mi abuela murió el viernes de esa semana. Una mañana, cuando desperté, la encontramos muerta. 

Yo la quiero todavía, a veces la extraño. Que nos parecemos, dicen. 

Yo digo que la quiero y si pudiese volver en el tiempo no cambiaría nada, ni su muerte.

jueves, 12 de mayo de 2022

JJ

JJ es mi viejo. 

 Siento que se aleja.

Ya no me habla tanto sobre el pasado. Sólo en el pasado estamos completos, está la familia entera. 

-El 22 de mayo cumpliría 46 años, pero no está, dice mi viejo "se fue ese man".

Siempre la salsa de fondo, no hay palabras con mi viejo. Un montón de artefactos nos acorralan, el ruido de las máquinas, Charli Aponte de fondo, una sirena, un vendedor de cocos y Superman que ya mismo llega con cualquier artefacto, uno más para la colección. 

Te quiero viejo, no me leerás nunca. Pero te abrazo en carne y en papel. 

Te quiero te adoro como la Chilindrina a Don Ramón "ay papito hermoso".


soundtrack- Las tumbas/ Ismael Rivera.

martes, 26 de abril de 2022

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Si oyes por ahí decir a un escritor que escribir es un acto político, o en su defecto es un acto poético. 

Aléjate, es un pendejo. Estas frente a un balbuceador. Los balbuceadores jamás dicen la verdad mas que una superficial descripción y una peinada idea de lo que es el naufragio-estar perdidos.

Escribir no requiere estructuras, escribir es un acto fallido, es peligroso.

Desmesurable, incontrolable, un castigo. 

UN CASTIGO

Ya lo habrá advertido algún otro escritor que perdió los estribos. Muerto de miedo. Cagado en su lunática pesadumbre. 

JJ (es mi viejo)

 

Le dije a mi Viejo “voy a colocar un letrero que diga: No se reciben chamberos”. Mi viejo es acumulador, alrededor de él hay una colección de llaves, candados, cargadores, celulares, cuchillos, cadenas, imanes (sobre todo esos) alfileres, cables y aparatos que (según él) arreglará mas adelante porque todavía sirven o tienen alguna parte que podría servir, sólo hay que desarmarlo. Hoy me regaló un foco, porque podría servirme, me regaló además una barra de chocolate.

A eso de la Golden hour un haz de luz entraba quemando por las rendijas. Mi viejo no luce viejo pero tiene canas, no es achacoso pero tiene sus males, sus dolamas.  El haz de luz iluminaba un tercio de su rostro, le brillaba la piel mientras ponía al revés un pantalón (de un ex gordo que bajó diez kilos porque se hizo la manga gástrica). En eso llegó un negro, flaco y jorobado, no sé si sucio (por su tono de piel) pero si tenía un hedor particular. Arrastraba un saco y del saco sacó una funda medio mugrosa con unos vasos, un calendario y una billetera, cogí la billetera porque estaba en buen estado, mi viejo rebuscó mas en la funda como si se tratara de un tesoro y encontró unas boquillas de foco, luego revisó el calendario y fue directamente hacia el mes de agosto, su cumpleaños cae martes. Una hora atrás le había recordado que en Mayo sería el cumple de mi Tío Ufredo.

Mi tío Ufredo murió hace poco, en diciembre exactamente. Luego de su entierro no he ido a casa de mi abuela (dónde él vivía), me preocupa un poco la ausencia. Solía llegar y en minutos él bajaba de su cuchitril recién levantado con los pelos parados y la pantaloneta a medio talle, me miraba rascándose la cabeza terca que tenía. Me llamaba por mi segundo nombre “La Ninoska”, me preguntaba por mi viejo y luego lo llamaba para avisarle que yo estaba ahí. Mi viejo tardaba unos cuarenta minutos en llegar, a veces menos. Nos sentábamos alrededor de la sala de muebles naranjas, nadie se sentaba en los muebles naranjas. No usábamos los muebles de la sala. Me sentaba a lado de mi viejo.

La retahíla de recuerdos no demoraba en llegar. Reíamos. Mi viejo calentaba agua (sabíamos que ya era hora de hacer café), mi tío sacaba la mantequilla (si teníamos suerte, habría queso, pero muchas veces no había), sacábamos unos panes de sal. Mi tío le servía siempre siempre primero a mi abuela. Luego yo le servía a mi viejo, luego mi tío y yo nos servíamos, todos endulzábamos con azúcar y él con Stevia, dos micro cucharaditas. Y la retahíla de recuerdos volvían. Pasaban las cuatro de la tarde, las cinco, cuando ya iban a ser las seis, me preparaba para despedirme y mi viejo decía su refrán de siempre “indio comido, indio ido” yo continuaba con un “…como dijo Don Viruta”

Perdón, su cumpleaños cae miércoles. Revisamos nuevamente el calendario. Mi viejo le preguntó al negro ¿cuándo es tu cumpleaños? Y su rostro cambió, fue el rostro de un niño al que le preguntas su día de cumpleaños y responde con el anhelo de recibir un regalo. Tres de agosto, respondió. Cae miércoles también, dijo mi viejo.

Me fui, porque ya eran las seis y algo, suelo irme temprano, la noche ya no es mía. Me despido de él y lo abrazo por un costado, me sonríe con la mitad de la cara. Pero algo nos falta, no se levanta ni me abre la puerta, sé que no quiere que me vaya, no quiere estar solo justo en ese momento en que nos hemos puesto a recordar inútilmente las tardes pasadas. Sé que algo le falta y algo me dice que puedo remediarlo, pero esa misma corazonada me dice que no quiero hacerlo en el fondo. No sé, es tan confusa la ausencia. Me voy y no quiere que lo deje, estoy, pero él no está más. Mi viejo cambió cuando perdió a su hermano. Fue como perder a un amigo, el amigo más fraterno, leal, confidente, un pana de esos que te quieren, aunque estes caído, lázaro, lambuzo. El tiempo cambió las tardes. No he visto a mi abuela desde diciembre, no sé si el frasquito de estevia aún esté allí en el aparador que mi propio tío construyó agregándole un rótulo que dice “cooffe”.

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...