Escribió alguna vez un filósofo muy
conocido (quizá conocido superficial y no íntegramente, cerca de 1781) A
veces, para ser claro, hay que ser demasiado claro. Me ha subyugado (subyugado??? jajaja) esa
idea al terminar de leer este fragmento
de Dialéctica del iluminismo (ussh, la intelectual), pienso que su máxima ha sido la
especificidad, aunque ahora este es un tema que flota en el aire y que se
inspira en partículas (lenguaje de la NASA: detectado), en pequeñas dosis; está ahí. Además, teniendo presente
que se escribe en 1944, tiempo de extremas circunstancias, globales. También he
sentido un poco de gracia (la bipolar pues...de subyugarse a sentir gracia) al no encontrar a Benjamín flotando en las palabras
de ese escrito (la razón instrumental, por la parejita Adorno Horkheimer), sin embargo hay algo que
le atañe, sesudamente. He pensado en estas lineas inscritas en el texto: …para
todos hay algo provisto, a fin de que nadie pueda escapar. Claro está que
la industria cultural es indiscutiblemente el filtro del mundo. Ahora, más que
nunca, te conoce. Sabes, es propio de mi generación pensar sobre todo y quizá
llegar a nada. Talvez ni siquiera intentemos conocerlo a fondo, porque sabemos
que está ahí y cualquier rato de estos podemos ir por ello. Quizá el lunes, es
un buen día para empezar de cero. Tiempo atrás, cuando me encontraba distante
de todo, fui al cine, un cine local dentro de un museo, en esta ciudad. Estaban
proyectando un ciclo de cine chileno y me animé a ir. Cuando llegué no habían
muchas personas, conmigo probablemente llegábamos a veinte (siendo optimista),
me resultó extraño, pues lo gratis y cero compromiso es el romanticismo de esta
ciudad. Aquella noche, proyectarían El
Velódromo; la historia en esta película data de un hombre (Ariel Roth) de
más de 30 años que no le pedía mucho a la vida, trabajaba freelance como
diseñador gráfico, no queria ser molestado, no quería lo que todos querían,
sólo ver películas y andar en bicicleta de noche. Tampoco tenía muchos amigos y
su chica lo había dejado precisamente por inútil. Me agradó Ariel y al terminar
la película lo extrañé, quise conocerlo, quise salir de noche y andar en
bicicleta. Su planeta no era muy grande, pero al menos giraba. En la última
escena, siente un impulso que lo sobrepasa, toma su bicicleta y salta el muro
hacia el velódromo, pedaleando veloz, siendo el único en la pista. Me fui, al
llegar a casa, la vida continuaba su curso, pero durante el transcurso hacía
ella sentía que lo había conocido, fue una de esas películas con silencios
oportunos en los que podías reflejarte en el meollo del asunto. Pero Ariel Roth
no era un ser extraordinario, era un ser patético que sabía su situación
patética, no tenía un pensamiento autónomo ¿cuántos Ariel Roth habrían en
chile? ¿en el mundo? Trasnochados, viendo películas sientiendo que no merece, que
no quiere lo que el mundo tiene, para contarlos haría falta algo más que el
número pi. Es lo que Heidegger llamaría una existencia inauténtica, Ariel
no decía sus ideas, sus películas lo habían condicionado, pero estaba tan
ensimismado en ellas que no despertó en el acto de que estaba siendo hablado/
interpretado. No soy experta en Heidegger, pero entiendo perfectamente cuando
en sus líneas me dice que es recomendable que mi pensamiento sea autónomo (ya, mañana lo será). Eso trato.
A veces veo a mi familia, sentada
frente al TV a una distancia de tres metros, porque esa es la forma correcta de
ver TV. Nos hacen el favor de elaborar
una plantilla de vida, lista para ser llenada y posteriormente vivída para ver
televisión como en The Simpsons; la idea ilusoria de una vida producto del desconcierto
o de una circunstancia como resultado de decisiones azarosas se ve cada vez más
alejada, menos real si llega a suceder, como si ya lo hubieses visto en alguna
parte, para poner la cereza al pastel: lo fotografíamos todo, con el peligro de
olvidarlo mañana. Cuando quieres lavarte los pies en una pileta, ya lo ha hecho
la mitad del mundo, y tú ahí, con los pies mojados creyendo que ese es el
principio de un presente sosiego. Sin
duda el texto es enormemente revelador a pesar de que lleve sus años a cuestas;
aquello que Adorno y Horkheimer vaticinan, otros ya lo habían hecho unos
cientos de años atrás, claro; usando otras palabras. Porque para ser claro,
a veces hay que ser demasiado claro y podría tomarte cientos de años serlo.
He escuchado un montón de veces que Marx (Marxismo) será el nuevo Aristóteles,
pero, esta es una de tantas palabras que sospechan en internet, que no descarto,
tampoco las doy por sentado. George
Perec se lanzaba de cara a la cama para leer libros, pero esta idea de acá: …Quien
no se adapta resulta víctima de una impotencia económica que se prolonga en la
impotencia espiritual del aislado me
hace caer de cara hacia el piso, me asusta. Estoy segura de que esta idea la
leí primero en un escrito de Benjamin sobre su libro de los pasajes,
interpretado por Susan Buck-Morss (estudiada en Walter Benjamin), la idea
insinuaba duramente la realidad de las personas que viven (esa
palabra es extrema) en las calles, estas son arrojadas por el capitalismo y se
quedan ahí haciendo la función de aviso. Si decides excluirte de
este sistema ordenado que es el capital (y absolutamente todas sus vertientes)
lo que podría suceder es que termines
como aquellas personas. Abandonadas, aisladas y viviendo al borde del sistema,
sobreviviendo (de seguir con vida) a pesar de la baja calidad de satisfacción
de sus reducidas posibilidades. Fantocherias como labor social, ayuda
humanitaria, donaciones, sponsor, fondos para los necesitados, fundación del
hombre doliente, cine gratis, activismo, 2x1, Miss Universo, documentales de
pobreza en américa latina, salvemos a las tortugas, liberen a Willi,
#gretathunberg, Leonardo DiCaprio donó cien millones, amazonía, protejan a los
bosques; entre otras cosas… son resultado para la iniciación de un sujeto
presumido que da cara a la agonía del mundo, pero, que necesita ser reconocido
por todos como tal. Gracias Industrial cultural, gracias Tarantino.
Recuerdo también, todas la veces
que habré pasado frente, por detrás, a lado, quizá hasta por encima de las personas
aviso, y sentir un viento helado en el pecho, quizá hasta me abracé,
por compasión, por regocijo de no estar en su lugar, no estoy segura. Pero la
sensación habría de irse al instante, a los dos pasos de haberme alejado. Sé,
por Enrique Dussel, que Karl Marx en las primeras páginas de El Capital se
habría cuestionado ¿Cuán animales hay
que ser para dar la espalda al sufrimiento de la humanidad?, y esa cuestión
lo llevó a escribir su obra maestra, para explicarse el sufrimiento de la
humanidad. Y para explicarnoslo también. Dudo que lo hayamos aprehendido. No he
leído El capital, debe ser porque desde hace un par de décadas me enuentro
cegada transfigurando a un animal insensible.
Para terminar, quiero esbozar, o
quizá bostezar una idea sugerente de Adorno y Horkheimer: hay momentos que
parecen fuera de la historia; sentimos un día en cualquier momento… nos pasa
algo, resulta que no pasó nunca. La cultura existe porque nos maniatamos las
pulsiones del placer verdadero, la reproducción en masa no significa un problema,
de hecho, es perfecto que llegue a todos. Hay algo pensando para cada uno de
nosotros que a la vez somos un todo. Un todo o nada. Una copia fiel de Briget
Jones o la fatua Amelié, talvez. Benjamín no estaba en lo erróneo, y este texto
no lo considero como una crítica directa sino, como una observación muy
severa. Los tres eran judíos,
transformados, marxistas, pero sólo
Benjamín se suicidó. Un hombre que se suicida no puede ser mala persona, sólo
puede escribir con el corazón, acongojado, y si él lo hizo desde un sentido
mesiánico, lo acepto porque era la posición que empleó para sobrellevar la
situación en este mundo y críticar las formas hegemónicas del discurso de la
historia, de ahí su consideración de una obra, desde la lejanía, de ahí el aura,
de ahí la autenticidad, de ahí su todo. Este texto nos revela lo que queremos saber, y
también lo que olvidaremos después de dos comerciales.