lunes, 15 de junio de 2020

i can't?

Escribió alguna vez un filósofo muy conocido (quizá conocido superficial y no íntegramente, cerca de 1781) A veces, para ser claro, hay que ser demasiado claro. Me ha subyugado (subyugado??? jajaja) esa idea al terminar de leer este fragmento  de Dialéctica del iluminismo (ussh, la intelectual), pienso que su máxima ha sido la especificidad, aunque ahora este es un tema que flota en el aire y que se inspira en partículas  (lenguaje de la NASA: detectado), en pequeñas dosis; está ahí. Además, teniendo presente que se escribe en 1944, tiempo de extremas circunstancias, globales. También he sentido un poco de gracia (la bipolar pues...de subyugarse a sentir gracia) al no encontrar a Benjamín flotando en las palabras de ese escrito (la razón instrumental, por la parejita Adorno  Horkheimer), sin embargo hay  algo que le atañe, sesudamente. He pensado en estas lineas inscritas en el texto: …para todos hay algo provisto, a fin de que nadie pueda escapar. Claro está que la industria cultural es indiscutiblemente el filtro del mundo. Ahora, más que nunca, te conoce. Sabes, es propio de mi generación pensar sobre todo y quizá llegar a nada. Talvez ni siquiera intentemos conocerlo a fondo, porque sabemos que está ahí y cualquier rato de estos podemos ir por ello. Quizá el lunes, es un buen día para empezar de cero. Tiempo atrás, cuando me encontraba distante de todo, fui al cine, un cine local dentro de un museo, en esta ciudad. Estaban proyectando un ciclo de cine chileno y me animé a ir. Cuando llegué no habían muchas personas, conmigo probablemente llegábamos a veinte (siendo optimista), me resultó extraño, pues lo gratis y cero compromiso es el romanticismo de esta ciudad. Aquella noche, proyectarían  El Velódromo; la historia en esta película data de un hombre (Ariel Roth) de más de 30 años que no le pedía mucho a la vida, trabajaba freelance como diseñador gráfico, no queria ser molestado, no quería lo que todos querían, sólo ver películas y andar en bicicleta de noche. Tampoco tenía muchos amigos y su chica lo había dejado precisamente por inútil. Me agradó Ariel y al terminar la película lo extrañé, quise conocerlo, quise salir de noche y andar en bicicleta. Su planeta no era muy grande, pero al menos giraba. En la última escena, siente un impulso que lo sobrepasa, toma su bicicleta y salta el muro hacia el velódromo, pedaleando veloz, siendo el único en la pista. Me fui, al llegar a casa, la vida continuaba su curso, pero durante el transcurso hacía ella sentía que lo había conocido, fue una de esas películas con silencios oportunos en los que podías reflejarte en el meollo del asunto. Pero Ariel Roth no era un ser extraordinario, era un ser patético que sabía su situación patética, no tenía un pensamiento autónomo ¿cuántos Ariel Roth habrían en chile? ¿en el mundo? Trasnochados,  viendo películas sientiendo que no merece, que no quiere lo que el mundo tiene, para contarlos haría falta algo más que el número pi. Es lo que Heidegger llamaría una existencia inauténtica, Ariel no decía sus ideas, sus películas lo habían condicionado, pero estaba tan ensimismado en ellas que no despertó en el acto de que estaba siendo hablado/ interpretado. No soy experta en Heidegger, pero entiendo perfectamente cuando en sus líneas me dice que es recomendable que mi pensamiento sea autónomo (ya, mañana lo será).  Eso trato.
A veces veo a mi familia, sentada frente al TV a una distancia de tres metros, porque esa es la forma correcta de ver TV.  Nos hacen el favor de elaborar una plantilla de vida, lista para ser llenada y posteriormente vivída para ver televisión como en The Simpsons; la idea ilusoria de una vida producto del desconcierto o de una circunstancia como resultado de decisiones azarosas se ve cada vez más alejada, menos real si llega a suceder, como si ya lo hubieses visto en alguna parte, para poner la cereza al pastel: lo fotografíamos todo, con el peligro de olvidarlo mañana. Cuando quieres lavarte los pies en una pileta, ya lo ha hecho la mitad del mundo, y tú ahí, con los pies mojados creyendo que ese es el principio de un presente sosiego.  Sin duda el texto es enormemente revelador a pesar de que lleve sus años a cuestas; aquello que Adorno y Horkheimer vaticinan, otros ya lo habían hecho unos cientos de años atrás, claro; usando otras palabras. Porque para ser claro, a veces hay que ser demasiado claro y podría tomarte cientos de años serlo. He escuchado un montón de veces que Marx (Marxismo) será el nuevo Aristóteles, pero, esta es una de tantas palabras que sospechan en internet, que no descarto, tampoco las doy por sentado.  George Perec se lanzaba de cara a la cama para leer libros, pero esta idea de acá: …Quien no se adapta resulta víctima de una impotencia económica que se prolonga en la impotencia espiritual del aislado  me hace caer de cara hacia el piso, me asusta. Estoy segura de que esta idea la leí primero en un escrito de Benjamin sobre su libro de los pasajes, interpretado por Susan Buck-Morss (estudiada en Walter Benjamin), la idea insinuaba duramente la realidad de las personas que viven (esa palabra es extrema) en las calles, estas son arrojadas por el capitalismo y se quedan ahí haciendo la función de aviso. Si decides excluirte de este sistema ordenado que es el capital (y absolutamente todas sus vertientes) lo que podría suceder es que  termines como aquellas personas. Abandonadas, aisladas y viviendo al borde del sistema, sobreviviendo (de seguir con vida) a pesar de la baja calidad de satisfacción de sus reducidas posibilidades. Fantocherias como labor social, ayuda humanitaria, donaciones, sponsor, fondos para los necesitados, fundación del hombre doliente, cine gratis, activismo, 2x1, Miss Universo, documentales de pobreza en américa latina, salvemos a las tortugas, liberen a Willi, #gretathunberg, Leonardo DiCaprio donó cien millones, amazonía, protejan a los bosques; entre otras cosas… son resultado para la iniciación de un sujeto presumido que da cara a la agonía del mundo, pero, que necesita ser reconocido por todos como tal. Gracias Industrial cultural, gracias Tarantino.
Recuerdo también, todas la veces que habré pasado frente, por detrás, a lado, quizá hasta por encima de las personas aviso, y sentir un viento helado en el pecho, quizá hasta me abracé, por compasión, por regocijo de no estar en su lugar, no estoy segura. Pero la sensación habría de irse al instante, a los dos pasos de haberme alejado. Sé, por Enrique Dussel, que Karl Marx en las primeras páginas de El Capital se habría cuestionado  ¿Cuán animales hay que ser para dar la espalda al sufrimiento de la humanidad?, y esa cuestión lo llevó a escribir su obra maestra, para explicarse el sufrimiento de la humanidad. Y para explicarnoslo también. Dudo que lo hayamos aprehendido. No he leído El capital, debe ser porque desde hace un par de décadas me enuentro cegada transfigurando a un animal insensible.
Para terminar, quiero esbozar, o quizá bostezar una idea sugerente de Adorno y Horkheimer: hay momentos que parecen fuera de la historia; sentimos un día en cualquier momento… nos pasa algo, resulta que no pasó nunca. La cultura existe porque nos maniatamos las pulsiones del placer verdadero, la reproducción en masa no significa un problema, de hecho, es perfecto que llegue a todos. Hay algo pensando para cada uno de nosotros que a la vez somos un todo. Un todo o nada. Una copia fiel de Briget Jones o la fatua Amelié, talvez.  Benjamín no estaba en lo erróneo, y este texto no lo considero como una crítica directa sino, como una observación muy severa.  Los tres eran judíos, transformados, marxistas,  pero sólo Benjamín se suicidó. Un hombre que se suicida no puede ser mala persona, sólo puede escribir con el corazón, acongojado, y si él lo hizo desde un sentido mesiánico, lo acepto porque era la posición que empleó para sobrellevar la situación en este mundo y críticar las formas hegemónicas del discurso de la historia, de ahí su consideración de una obra, desde la lejanía, de ahí el aura, de ahí la autenticidad, de ahí su todo.   Este texto nos revela lo que queremos saber, y también lo que olvidaremos después de dos comerciales.

Por si las dudas.


Las telenovelas y la vida tratan de lo mismo, pero en la tele todo se acomoda y los finales son una fiesta. Pero nada de eso evita que un día te encuentres descubriendo que tu vida es una novela. ¿quién robó a quién el  manuscrito? . Hace poco en la tan habitada y desalmada internet encontré un pdf que aparentemente retiene palabras de Freud, en una obra que él llamaría Psicopatología de la vida cotidiana, en el encontré a Freud estudiando una vez mas el inconsciente. Dentro de esas líneas conocería el término que acuñaria como “acto fallido”, es decir: acto involuntario o contrario a la verdadera intención del incosciente; puede manifestarse en un lapso de tiempo imperceptible y nos habremos fijado justo despues de que haya sucedido (si es que eres un tipo suertudo), también lo podrías notar un poco tarde y en el peor de los casos podría transcurrir una vida entera sin haberte fijado.  Sería triste que sucediera , pero  resulta verdadero profundizar en nuestra conciencia. Imposible. La conciencia imperceptible. La incosciencia inconsciente. El inconsciente inconsciente. O el imposible inconsciente. ¿el inconsciente debe, acaso tocar fondo? O ya tocó, y ahora vaga en una desconocida marejada de experiencias cobardes.
Un gesto, una acción en el discurso verbal, un movimiento, una emoción imperceptible, contraria a la intención del inconsciente. Bajo ésta vaga idea de noción fantasma que explico,  Benjamín tomaría como ejemplo el estudio de Freud para ilustrar las  posibilidades del cine en uno de sus apartados “el inconsciente óptico” inscrito en “la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”; en el que contrastaría las significantes del cine como una máquina examinadora capaz de mostrarnos lo que a simple vista era incierto, el cine de film enriqueció aquel mundo perceptivo desde lo que antes pasaba desapercibido en la ancha corriente de lo percibido donde las interpretaciones proyectadas por el cine son pasibles de ser analizadas con mucha mas precisión y bajo puntos de vista mas amplios que las interpretaciones que se representan en la pintura (en otro apartado el escribiría sobre el pintor y el operador de cámara, un texto muy bueno ya que transfiguraría al pintor en el papel de un mago y al operador de cámara cómo un cirujano), en todo caso me resulta curioso este texto porque sólo aqui se percibe gran optimismo frente a la máquina y esa inevitable transición en la que se encontraba. Dejaré un link https://www.youtube.com/watch?time_continue=4&v=ROkBWuYsysM&feature=emb_title que llevará a la reproducción en youtube del film de Éric Rohmer: Louis Lumiére/ 1968, en el que entrevista a Jean Renoir y Henri Langlois sobre lo ponderable e imponderable de la vida cotidiana  grabada con la ingeniosa máquina que resultaría el cinematógrafo. Diría Renoir que el cine no es un instrumento de reproducción ni es un enlatado de la historia para el futuro. Para él sería una verdadera obra de arte. Esto me parece en extremo conveniente, podría escribirse una tesis (exagerando) a partir de lo respondido  por estos artistas estudiosos de los Fimls  hechos con el cinematógrafo y contrastarlos con lo insuficiente que podría ser en estos días, ya que hemos ahondado en temas como la máquina, la industria, la técnica,  la sensibilidad, poder intelectual y telequinesis política.  Me pareció agradable compartir este archivo que quizá ya conozcas. Del que además me ha llevado a escribir esta inquietud.
Inquietudes tendré para siempre, con todo lo aprehendido. Recuerdo haber leído de Umberto Eco, que la historia se repite dos veces: la primera en forma de tragedia y la segunda en forma de farsa. Sin duda estamos viviendo en la segunda parte, y sin duda esas lineas no las pensó Umberto Eco, las repitió traducidas de algun filósofo del siglo de las luces, pero así mi querido Umberto me demostró que sabía perfecto en que parte de la historia estaba parado. Si vivimos una historia que transcurre en la reproductibilidad de pensamientos traducidos/ condicionados desde lo vacuo e intolerante que es esta farsa. ¿cómo seguir adelante sabiéndonos incapaces de sugestionar a la razón? Cuando la razón ya ha sido en demasía determinada y en donde pondera una endopatía pasajera. ¿sería la compasión un acto fallido propio de este siglo? ¿me respondería esto la televisión? ¿La industria cultural es entonces un productor de humanidades?¿en que parte del progreso nos encontramos y hacia dónde debería mirar cuando ya no hay direcciones y el norte se avecina intransigente?.

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...