viernes, 17 de abril de 2020

El mal.

(Un canto leve, con voz afónica)
¿Dónde están las aves galopando entre nubes?, ¡calma!, ese manotazo en la espalda sí que lo he sentido, pero, no reacciono… fallaste, quizá debas intentar más arriba. De lo que estaré eternamente segura es que me he vuelto un ser repentino en otros espejos. Y esos espejos llevan un cadáver encerrado, de mil años o más. Todos hablan al mismo tiempo y entierran sus miradas frías sobre mis hombros, la piedad no es un recurso, mejor dicho, ser brutales es lo único posible.
El día se vuelve azul y vuela, es voráz.  Las aves agonizan en el cielo ahogado de pensamientos, entristecido por oraciones que no se elevaron nunca, paralizado, hipnotizado por los cuerpos incompletos.
Las aves caen sobre nosotros, como castigo. El ahora es alguien torpe. Esto se torna en un proceso entorpecedor, carente de cualquier sentido, me toco el rostro para comprobarlo, me escurro entre mis manos. Absurdo es todo lo que gira y, cae al instante, la acción de recuperarlo todo, sin grietas, es vano y ridículo.
“Cuando era niña, miraba hacia allá y todo, todo estaba lleno de árboles, y Yandri solía decirme que – dentro de diez años todo ese espacio estaría poblado- yo solo logre preocuparme por los árboles, los árboles que ya no están”. – Han pasado más de diez años desde aquello-.

A veces logro esquivar la saliva que cae del cielo porque el asco me irrumpe de un modo inusual y trato de componerlo todo, pero el origen es irreversible; justo ahí este aliento me revela que ese es el carácter de mi espíritu y antes de continuar inútilmente, aniquilo cualquier indicio de resistencia. Quiero asesinar a esa sombra, me hace daño. La pisoteo como si fuese un baile zapateado. Tiene forma de concreto, tiene el alma dura, impenetrable. 
Y mi madre alguna vez insinuó que las sombras pueden tornarse propias de las ya existentes. Mi madre no tiene alma, no sabe lo que dice. Balbucea, desde esa madrugada cuando  ella murió entre nosotras. Con el transcurso seduciría al espejo o al visitante; pero la muerte era algo seguro. Desde aquella primera advertencia tuve miedo de seguir con los latidos. Y corrí por la cocina, corrí por el cuarto, corrí sin ver que se había ido. Resulta que sólo había dado unos cuantos pasos, la sombra era indefensa.

jueves, 16 de abril de 2020

Metamorfosis Kafkiana.


He comprendido, justo después de la última patada en el culo que el amor es un delirio alucinatorio. Piedras caen sobre la cabeza del hombre y el peso del estruendo no consigue advertirle lo que se avecina. Solo las sacude y escupe sobre los restos, convirtiendo así a irrelevante la amenaza constante del círculo. La resina en los orificios de los monos, el estiércol de los réprobos, la maldición del suicidamiento y sus reglas, la voz de Monroe subiendo por las rodillas lamiendo las sarnas, causando el apocalipsis en las cuatro letras. La palabra mata y el espíritu vivifica, Panero lo dijo. La queja sobre la página late provocando hernias, y el dolor es la locura del inconforme, el encantador inconforme con toscos ojos y baba sobre la barriga, es hablado entre los parietales, disparándose las sienes con fuerza bruta, entre los pulgares; finalmente ¡Uga uga! cantan los amantes de la rueda cuadrada (salvando inútilmente una idea parida en 1903), el hijo del padre borracho ha enmudecido su eructo, dejó caer el vaso, llora mientras lee el futuro cacorro de un perturbado con esquizofrenia y manía persecutoria, ah, y un ahorcado entre las cejas. He comprendido, que luego todo se vuelve un campo de exterminio y la mente el inframundo. La mente en el culo del ser, esto lo dijo el antifranquista (también).
El Masoquismo es el dedo en los pezones para los imbéciles de la manada. La manada se choca con sus trompas y se embadurnan de su propio estiércol. Ríen y cagan mientras celebran el error, que dentro del espejo se refleja como acertado, correcto, libertad obligada por acoso del miedo, la duda, la impaciencia de saber sí será, o la pausa, sí el aborto de un beso a su debido tiempo fue diez sobre diez. Ah, el tiempo es universo aparte. La palabra patea para ser expulsada, ahorcando el apéndice, pateando paredes vaginales, decorando todo con telarañas simétricas. Dejando como huella no el recuerdo de ambos idiotas enredados en la pocilga con bordados manchados y pestilentes, al contrario, un agujero enorme, profundo, infestado de oscuridad. Con la maldición de las volquetadas, eminentes o miserables según como decida el ahora idiota solitario. Y la patada en el culo, sobretodo, la patada que te obsequió un desastre enorme, con puñalada. Una faena difícil que dio a luz el primer fragmento de odio opaco. Final con némesis, final abierto, Pertur llora sentado cerca de la entrada tomando biela que da miedo.
Somos absolutismos, con sangre en las muñecas y convulsiones en los índices. Somos personas volviéndose pocas, hablando mientras escupimos y viceversa. Parafraseando letras inodoras a personas incoloras, locos atados a la formalidad de presentación. Falsedades en días fríos. Escupiendo siempre en las calles vacías y con basura, sobretodo, con cruel condena en la esquina lamentándose y rogando monedas de cinco centavos – mientras, escupe - . Llega la metamorfosis Kafkiana. De esputo a flor, de flor a pus, de pus a nada, de nada a roncha, de roncha a sarna, de sarna a herida, de herida a búsqueda, de búsqueda a encontrar analgesia. Lo incierto y encontrar ibuprofeno.
La voz tiembla cuando hay muchos escuchando, la voz se apaga cuando muchos ignoran, la voz muere cuando es la hora cero para ser visitado por todos menos por los huesecillos. La voz en la tumba se retuerce cabreada. La voz, tiene innumerables voces.
El eco del desasosiego es el canto del alma humana.

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...