jueves, 16 de abril de 2020

Metamorfosis Kafkiana.


He comprendido, justo después de la última patada en el culo que el amor es un delirio alucinatorio. Piedras caen sobre la cabeza del hombre y el peso del estruendo no consigue advertirle lo que se avecina. Solo las sacude y escupe sobre los restos, convirtiendo así a irrelevante la amenaza constante del círculo. La resina en los orificios de los monos, el estiércol de los réprobos, la maldición del suicidamiento y sus reglas, la voz de Monroe subiendo por las rodillas lamiendo las sarnas, causando el apocalipsis en las cuatro letras. La palabra mata y el espíritu vivifica, Panero lo dijo. La queja sobre la página late provocando hernias, y el dolor es la locura del inconforme, el encantador inconforme con toscos ojos y baba sobre la barriga, es hablado entre los parietales, disparándose las sienes con fuerza bruta, entre los pulgares; finalmente ¡Uga uga! cantan los amantes de la rueda cuadrada (salvando inútilmente una idea parida en 1903), el hijo del padre borracho ha enmudecido su eructo, dejó caer el vaso, llora mientras lee el futuro cacorro de un perturbado con esquizofrenia y manía persecutoria, ah, y un ahorcado entre las cejas. He comprendido, que luego todo se vuelve un campo de exterminio y la mente el inframundo. La mente en el culo del ser, esto lo dijo el antifranquista (también).
El Masoquismo es el dedo en los pezones para los imbéciles de la manada. La manada se choca con sus trompas y se embadurnan de su propio estiércol. Ríen y cagan mientras celebran el error, que dentro del espejo se refleja como acertado, correcto, libertad obligada por acoso del miedo, la duda, la impaciencia de saber sí será, o la pausa, sí el aborto de un beso a su debido tiempo fue diez sobre diez. Ah, el tiempo es universo aparte. La palabra patea para ser expulsada, ahorcando el apéndice, pateando paredes vaginales, decorando todo con telarañas simétricas. Dejando como huella no el recuerdo de ambos idiotas enredados en la pocilga con bordados manchados y pestilentes, al contrario, un agujero enorme, profundo, infestado de oscuridad. Con la maldición de las volquetadas, eminentes o miserables según como decida el ahora idiota solitario. Y la patada en el culo, sobretodo, la patada que te obsequió un desastre enorme, con puñalada. Una faena difícil que dio a luz el primer fragmento de odio opaco. Final con némesis, final abierto, Pertur llora sentado cerca de la entrada tomando biela que da miedo.
Somos absolutismos, con sangre en las muñecas y convulsiones en los índices. Somos personas volviéndose pocas, hablando mientras escupimos y viceversa. Parafraseando letras inodoras a personas incoloras, locos atados a la formalidad de presentación. Falsedades en días fríos. Escupiendo siempre en las calles vacías y con basura, sobretodo, con cruel condena en la esquina lamentándose y rogando monedas de cinco centavos – mientras, escupe - . Llega la metamorfosis Kafkiana. De esputo a flor, de flor a pus, de pus a nada, de nada a roncha, de roncha a sarna, de sarna a herida, de herida a búsqueda, de búsqueda a encontrar analgesia. Lo incierto y encontrar ibuprofeno.
La voz tiembla cuando hay muchos escuchando, la voz se apaga cuando muchos ignoran, la voz muere cuando es la hora cero para ser visitado por todos menos por los huesecillos. La voz en la tumba se retuerce cabreada. La voz, tiene innumerables voces.
El eco del desasosiego es el canto del alma humana.

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