martes, 5 de enero de 2021

La verdad enjaulada. (Mentiras frescas de 50 años y su relación incestuosa con el tormento).

 En ocasiones el vacio suele abrir puertas. No es tan solo un abismo hacia la niñez. Y la luz puede volverse un camino, o un puente colgante que cierra posibilidades de percepción, y nuestra sombra, el enemigo que nos empuja. Solo queda uno colgando en el puente viejo. Luego de esa extraña experiencia presentí el nacimiento de una inteligencia aberrante, que me perseguiría cuando caiga en caminos estrechos para convertirlos en rutas con almas alegres, la llamada locura se acerca con prosa, sin pausas y una canción de jazz acompaña sus pasos, silenciosa siempre. La locura al igual que la soledad son bellos enigmas que jamás abrirán sus puertas de par en par, para nosotros, que vivimos en postura de reproche más no de muerte como único elogio hacia ellas.

Pertur vive quieta en su lugar, como si la felicidad apestara, como si las anomalías fueran su trayectoria, es, desde su origen un animal impredecible (como todos) pero ella, fue aniquilada, destruida, palpada por dentro, ella fue víctima de la insatisfacción; y nosotros, ratas de laboratorio. Todo esto se resume en un experimento, en una vivencia tosca, que jamás podrá borrarse de la memoria. Y eso que la memoria tiene sus miserias, adivinarlas ya no es una tarea compleja. El tufo de cruel condena tiene más fuerza que nuestra roñosería por evitar el sufrimiento, que tan necesario es, como el fundido a negro avisando que la escena es otra, además de invitarnos a vacilar con la irrealidad. (La irrealidad es, la puerta que nos conduce a otras sensaciones. Sin defectos).

Que uno va caminando esperando encontrar algo de valor, porque al sentir que lo pierdes todo solo queda eso: buscar cabizbajo algo perdido, para luego poder decir que se lo ha encontrado y que es lo que es hasta ahora, por decisión propia mas no por obligación de una mala experiencia; uno va por ahí caminando y esperando encontrar dinero, y quizá tropecemos con lodo transformado en piedras, entonces, solo al tropezar fuertemente y en caso de romper con el enemigo dudarás entre cambiar la ruta o desplomarse como todo lo que te llevo hacia ese camino. Sin embargo Papillon jamás perdió su esperanza, aunque de torpes es la fe, te engaña de una manera hermosa, te da ideas, te da un aliento de vómito. Pero ¿Qué sigue luego del vómito? 


Del conflicto con devaluarme. (Cerrar los ojos para esquivar la flecha).

Esto sucedió el año dosmil quince, fue un lío entre varios insensatos. Pasó en la tarde, los recuerdo perfectamente. recuerdo perfectamente cuando conocí al Señor wood. No era alemán, su abuelo si, su abuelo había ido a la guerra. No sé a cual, pero fue.
Al borde de la neurastenia (intencionalmente) para tomarme como sustancia. ¿Para qué?; sugestionar al que no sabe destruir es, además, atroz. Mis letras como saliva del alma, mis letras para describir lo innombrable van, ebrias de enzimas venenosas. El tiempo se vuelve un ser demencial, armado hasta las canillas, de ausencia. Lista para morir nuevamente, porque en ello llevo décadas. Los caminos resultan quebradizos, espinados por todos los ángulos, no hay final, no se acerca la solución, soy un ser a quien le convida el asco y la repulsión me aparta de cualquier rayo.

Este ayuno me calcina los huesos, el iris empobrece cada vez un poco, el alma padece dolores de médula y la respiración…puras contracciones.
Hay un viento amargo entrando por esa ventana, violentando los pensamientos de la mujer vieja lavando los platos, los autos van demasiado rápidos y Philip James está llorando en su cuarto, creo que odia al Señor Wood. Yo creo que él no es hijo del Señor Wood. En ese secreto que se guarda en lo más miserable de mi imaginación reside el odio entre esos hombres pálidos. Mientras, ella duerme agonizante y, quien sabe por cuales rutas estará paseando ó, atormentando. ¡ nuevas víctimas ¡ Pertur no cesa nunca, puesto que ha estructurado así su carácter, y me llena tanto atestiguar su franqueza, su vida jamás pudo haber sido una mentira, la vida que hizo con los demás, si. Y su maldad era tan sincera, que ahora, a poco tiempo de su partida lo sé con seguridad. Su maldad como sentimiento único. Su maldad es para todos, el efecto placebo. Todos ofrendamos al borde de su cama, vomitando recuerdos que presuntan animar su partida, pero Pertur se aferra con las dos manos y su único pié nos patea bruscamente.
01:30 am, todos duermen, no sueñan. Pertur sigue en la misma posición de hace mil horas, su rostro ahora es cadavérico y sus labios ya no existen, los dientes han perdido la noción de los sentidos, ¡no!, ella, ha perdido todos sus sentidos. Respirar es inhumano y ella lo nota. La idea de alejarla del sufrimiento la acecha con la peor de las imágenes mentales, ahogar a su abuela con una almohada sería para todos una estupenda porquería. Un instante largo después se sacude la sangre fría y vuelve a su vigilia desde el otro lado de la cocina.
Todos aquí recuerdan el peor de los atracos, el estadio del espejo que le arrebató  Pertur al mayor de sus desaciertos.
Mira madre, no sé qué hora es, pero ha de ser muy tarde como para morir por enésima ocasión.

INTRODUCCIÓN: entro con seducción.

Pensamiento difuso, por favor entregar a mi amante cuando muera.
(nota: es hipocondriaco).
¡Anómalo!, ¡anómalo!
Una desgracia es todo lo que sale de su boca, sus palabras como maldiciones, su dolor como dagas, su viento llega hasta mi como un sarpullidlo susurrando sin remordimiento alguno que jamás cesara. Realmente está sucediendo, todos quienes me rodean, o, finalmente me vigilan, se desmoronan, mueren bajo la almohada, arrugan la cara bajo la luz incandescente. No hay rutas, el desastre natural las ha desvanecido, el sol es siempre un nuevo enemigo, la tierra cegándonos cada vez un poco para aturdir e invadir la percepción.
Dentro de esta habitación deambula la cinta de un pésimo corto, dentro de esta caja no caben más fotos, fuera de esa ventana llueve pero no salgo, la lluvia cae sobre mí como un autentico esputo de la divinidad, no encuentro el camino hacia Hades, la vida procede con convulsiones, me sacude los sesos y en cada descarga muere algo de mí, el sufrimiento como castigo por todos mis delitos, mi eterna agonía: sentencia por tantas figuras gastadas que avente hacia un espacio que jamás he de conocer, el recuerdo de cada origen seca mis pupilas, y yo solo logro ver hacia una dirección; terriblemente, en aquel lado no encuentro ni el polvo de mis mutilaciones. Descalzo, tratando de encontrar píldoras entre medio de la oscuridad infinita de esta habitación pestilente, descalzo, solo logro palpar veneno. –Mi sexo es visitado en cada convulsión-.
Todos esperan mi partida, inclusive yo.
Ya leí la moraleja, ya caché que esto de vivir es llenarse los vacios atrapados en un abismo de misterios, ya cache que no hay un solo día en que no caigamos en trampas. La felicidad siempre es compleja, es un carcinoma. La felicidad es un Doctor notificando que hay cura para todos los males, menos para la muerte decía la gorda cubana. La felicidad es una licuadora con el vaso rajado decía la sirvienta con labio leporino. La felicidad tiene ropa sucia decía el que hacía que lo llamen poeta. La felicidad es humo con sangre en los genitales decía un viejo delirante con tufo a muerte. La felicidad es una pregunta que regala silencios, inmoviliza mandíbulas y destruye ideas. Yo le he visto sola con los brazos amputados y los ojos secos.
La tranquilidad del corazón es un chico viejo, con ojos negros, mentón partido, voz roída por el tabaco, brazos fuertes, parietales con fracturas y un visitante agobiando su espíritu. Con sonrisas enterradas en el pasado, que no terminan de morir, siempre resucitando después de los aullidos para despertarnos aterrorizados, para desorbitar ojos y paralizar la circulación. Y nada de este vomito tiene aroma, porque todo se ha diluido sin ayuda del tiempo. Tú, yo, tu yo, mi tú. El circulo alfin logra marearnos, la realidad es otra. Mira mamá, la realidad se está difuminando y mis ojos siguen secos de no llorar una respuesta.

y el fondo más negro, me guiaba hacia abajo.

 una tipa está cantando, 

dice que quiere irse al cielo.

Anó-malo.

 Ser alguien contraproducente requiere de agallas. El destino y tus deseos están en contraposición. Cuando envejeces rápidamente y no consigues lo que quieres, cuando pasan los días y te tardas más en cumplir lo que se vuelve involuntario. Cuando por soñar que todo debe ser debido a su tiempo y resulta que te dejan caminando sin zapatos sobre la carretera mojada (porque todos escupen en ella). Cuando sientes asco de tu trayectoria, alfin, te cabreas o desistes. Cuando empiezas a cantar, ya terminó el concierto ¡siempre él va un paso adelante! Podrá suceder cualquier desgracia sin límite, pero cuando llora tu matriz en horas de la madrugada, todo en absoluto está mal. Y te desvaneces. Carajo, todo está mal y lo sé hasta ahora. Aún así vives, sin esclerosis, pero respiras como si la padecieras. Nada conforma a esta manada de anómalos. La muerte me ha dejado un ser en coma.

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...