Esto sucedió el año dosmil quince, fue un lío entre varios insensatos. Pasó en la tarde, los recuerdo perfectamente. recuerdo perfectamente cuando conocí al Señor wood. No era alemán, su abuelo si, su abuelo había ido a la guerra. No sé a cual, pero fue.
Al borde de la neurastenia (intencionalmente) para tomarme como sustancia. ¿Para qué?; sugestionar al que no sabe destruir es, además, atroz. Mis letras como saliva del alma, mis letras para describir lo innombrable van, ebrias de enzimas venenosas. El tiempo se vuelve un ser demencial, armado hasta las canillas, de ausencia. Lista para morir nuevamente, porque en ello llevo décadas. Los caminos resultan quebradizos, espinados por todos los ángulos, no hay final, no se acerca la solución, soy un ser a quien le convida el asco y la repulsión me aparta de cualquier rayo.
Este ayuno me calcina los huesos, el iris empobrece cada vez un poco, el alma padece dolores de médula y la respiración…puras contracciones.
Hay un viento amargo entrando por esa ventana, violentando los pensamientos de la mujer vieja lavando los platos, los autos van demasiado rápidos y Philip James está llorando en su cuarto, creo que odia al Señor Wood. Yo creo que él no es hijo del Señor Wood. En ese secreto que se guarda en lo más miserable de mi imaginación reside el odio entre esos hombres pálidos. Mientras, ella duerme agonizante y, quien sabe por cuales rutas estará paseando ó, atormentando. ¡ nuevas víctimas ¡ Pertur no cesa nunca, puesto que ha estructurado así su carácter, y me llena tanto atestiguar su franqueza, su vida jamás pudo haber sido una mentira, la vida que hizo con los demás, si. Y su maldad era tan sincera, que ahora, a poco tiempo de su partida lo sé con seguridad. Su maldad como sentimiento único. Su maldad es para todos, el efecto placebo. Todos ofrendamos al borde de su cama, vomitando recuerdos que presuntan animar su partida, pero Pertur se aferra con las dos manos y su único pié nos patea bruscamente.
01:30 am, todos duermen, no sueñan. Pertur sigue en la misma posición de hace mil horas, su rostro ahora es cadavérico y sus labios ya no existen, los dientes han perdido la noción de los sentidos, ¡no!, ella, ha perdido todos sus sentidos. Respirar es inhumano y ella lo nota. La idea de alejarla del sufrimiento la acecha con la peor de las imágenes mentales, ahogar a su abuela con una almohada sería para todos una estupenda porquería. Un instante largo después se sacude la sangre fría y vuelve a su vigilia desde el otro lado de la cocina.
Todos aquí recuerdan el peor de los atracos, el estadio del espejo que le arrebató Pertur al mayor de sus desaciertos.
Mira madre, no sé qué hora es, pero ha de ser muy tarde como para morir por enésima ocasión.
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