Cuando te vi por primera vez, no te voy a mentir, me dio mucha risa tu peinado, pero me contuve. Pensé, esta chica... tiene una vincha muy grande. Pero así mismo, pude intuir una gran luz en ti, por eso me atreví a decirte "no dejes que apaguen tu luz, tu brillo".
Me hubiese gustado ser tu compañera de trabajo por mucho mas tiempo. Y no me quiero ir sin antes escribirte unas palabras que puedas revisitar cuando quieras, o cuando nos volvamos ingratas y quieras recordar nuestro lazo... porque el tiempo actúa sobre uno de formas extrañas, y nos cambia, y a veces no depende de nosotros, sino de la voluntad y del ánimo.
No sé cómo estaré de ánimo, de voluntades, de luz o de brillo, luego de irme. Pero volver tampoco es algo que esté considerando. Sé que parte de mi decisión va a recaer en ti, y agradezco mucho tu comprensión cuando te lo conté por primera vez.
Eres una man de esas que casi ya no se encuentran, créeme, eres una mujer valiosa, además de inteligente y fuerte. No olvido todas las veces que me contaste por aquello que tuviste que pasar, y sólo lograba ver en ti a una mujer que aprendió de las lecciones, y que está preparada para cualquier reto que la vida le interponga.
Estoy muy contenta por ti, porque eres una gran mujer y te admiro, como profe y como amiga, creo que llegamos a coincidir en muchas cosas. Todo eso, se volvió algo valioso para mi, y es con lo que me voy, muy bien guardado en el espíritu.
Recuerda, que para dar clases de filosofía, hay que sentir el pensamiento ajeno con el alma, conocerlo mas no con la mente sino con el corazón. Confío en que harás un excelente trabajo y sabrás encaminarlo a tu manera. He hecho todo lo posible por tratar de menguar la dureza de esta transición.
Pero, no nos pongamos tristes. Estamos vivos, y yo tengo una vida dentro de mi, sé que ese es mi motor para seguir adelante. Nos seguiremos viendo. La vida nos seguirá juntando, y sé que además la vida tiene muchas promesas que deberás hallar, con paciencia y nobleza. Diosito te cuida, tus seres queridos te cuidan, no pierdas la fe, la esperanza, y la bondad que te caracteriza.
Te quiero.
Y como te dije, desde el principio supe lo grandiosa que eres.
No pierdas tu brillo, tu luz. Vales muchísimo, no tienes ni idea de todas las buenas sorpresas que te esperan en el futuro. Puedes contar conmigo, puedes volver cuando necesites. Cuida a tus niños, ten mucha paciencia. Cuida a los míos, aunque sé que probablemente me olviden en unos días.
Sé buena, actúa con cautela, y siempre con el corazón por delante.
Te agradezco por todas las veces que me escuchaste, y por todas las veces que quisiste que yo te escuchara , porque confiaste. Gracias por tu tiempo, por tus palabras, por tu dinero jajaj, por tus risas, por tus consejos, por tu preocupación, por tu ánimo, por tu cariño, y sobre todo, por haberte encontrado en la sala de profes.
Chau, cabezona.
:p
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