miércoles, 1 de octubre de 2025

Vero, una profe de lengua muy particular.

 Cuando te conocí, pensé: Ah, esta es la ruda del colegio. Y es que con tus botas, tu moñote arriba, y el vozarrón que te cargas encima. Ni modo.

Ahora, sé que no es rudeza, es una virtud de la fortaleza que viene consigo (con la actualización de sistema que te ha hecho la vida, cada tanto). 

Quisiera agradecerte de otra forma, no solo con palabras (que a veces, de mi parte, son ausentes), pero la vida ya me hará una actualización mas adelante... entonces, sabré valorar mejor cada presencia, cada encuentro, cada amistad, incluso cada problema. 

Pero, haber, qué es lo que tendría que agradecerle a esta señora... mucho. 

Las veces que sentí tu apoyo y tu respaldo, fueron muchas, y muy necesarias. Siempre tuviste una respuesta a mis preguntas, y eso sólo lo logra una man que ya ha pasado por tantas. Te agradezco por compartir lo que sabías, que en otras palabras, equivale también a compartir lo vivido. 

Yo sé que esto ya lo sabes, pero no está de mas decir que eres una gran maestra. Y seguramente has de estar pensando: obvio. 

La vida nos hizo coincidir y siento gratitud por cada encuentro y experiencia vivida, por cada conversación, lío, desazón, carcajada, secretos, maldades, desahogo, salidas improvisadas, trabajo en equipo, desgracias, buena fortuna, playa, frío, caídas, idas y vueltas. De todo aquello está envuelto mi corazón. No tienes que hacer más, lo mas grato es saber que aunque ya no nos veamos todos los días, serás una persona que tiene su lugar separado en mi espíritu, y en mis recuerdos, como una man bacana. 

No dejes que tu nobleza y la bondad selectiva (jajaj) que tienes, se extingan. Una persona como Vero, que suba y baje Macchu Picchu, coja, no hay dos en la vida.  

Cuídame a mis muchachas flacas, te lo pido. 


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