He dejado acumular un poco
la tierra que entra con el viento
por lo general, en las tardes
cuando no estoy.
Solía no estar,
cuando volvía, mi cama estaba recubierta de una ligera capa de polvo negro
acompañado de hojas secas, retorcidas por el sol
pero aún guardando algo de su color amarillo,
del color al que tornan antes de caer a la tierra
o ser llevadas por el viento.
Esas hojas vienen de mi árbol,
de mi viejo árbol atrapado en el patio,
arruinado de tantos inviernos inciertos
derruido, de a poco, por la propia mano que lo sembró.
Y hoy me di cuenta que he dejado acumular un poco
esa ligera tierra que entra con el viento, a través de esas ranuras que bordean la casa.
Y lo he visto mezclado con algunas hebras de mi cabello,
que se me cae, ahora un poco mas.
He visto cómo se instala el polvo,
porque ahora, las tardes las paso aquí
estuve esperando que sucediera
fue muy rápido, y consigo la luz
y las hojas secas,
y no pude evitar sentir desolación
o miedo
a que un día todo eso me recubra por completo
y me atrape
y no pueda hacer nada,
aunque sea un sueño.
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