martes, 31 de marzo de 2020

Contraproducente: efectos varios.


Contraproducente.

Efectos y aromas encontrados en el camino de la podredumbre, el recorrido duró un instante largo acompañado de los cinco sentidos, estos adoptaron un poder indecible y una percepción aun imposible de relatar.

“…Y yo era feliz, y no estaba muerto”. LMP.

Algo parecido a la introspección:

Hija de madre melancólica (aficionada), hermana de una inmigrante  que no extraña su país (gringo efects) y de una madre sacrificius varius, tía de Caincito y Abelito, y hermana de un man hasta las mismas con dos hijos cerebritos. Me agradan los olores putrefactos y las voces gastadas, los hombres con heridas de balas (balas con uñas pintadas), detesto un man sin barba, la soledad sin nostalgia, pero de esa nostalgia que te hace querer volver en el tiempo pero te frustras mas porque es imposible y no eres Mathew Maconaguei en interestellar atrapado en un teseracto viendo cómo tu hija no sabe qué chucha hacer viendo el librero y el man se afana echando los libros y la pelada nada. 

- Qué desesperación loco. 

Lo olvidaba; hija de un padre ausente. Y solo volteo hacia atrás para recoger dinero (una vez en el suelo no hay devoluciones).

El pasado no retorna. 

the past isn't retornable.

Larga vida a las mujeres viles con dientes embarrados de labial, larga vida a los depravados con corazón dentado y pelos en la lengua. Respiro entre la duda de: Vivir con el vacío de saberlo todo, no experimentarlo y morir. Vivir con el vacío que causa haberlo experimentado y arrepentirse. Ambos actos llevan algo de cobardía sutil. <<Soy cobarde>> me repito a diario cuando pierdo direcciones.

Casi bastarda, vieja desde 1995, con desviación en la columna y preguntas en versión humana. Mezcla de ibuprofeno con ciprofloxacina y entre semana un poco de tensodox, preocupada empedernida, ebria en ocasiones y misántropa los fines de semana. Con pánico puro hacia la retrospección (sus huellas y ataduras aniquilan los sentidos de manera uniforme). La retrospección es perfeccionista, acertada y letal.

Recuerdo que en las noches solía soñar que me iba lejos, tan lejos hasta olvidar dónde crecí. Pero sigo aquí, a su lado. Me acerco a la ventana, para que el viento se lleve lejos mis deseos enormes de matar. Ese sueño ha sido el detonante de este hermoso y viejo delirio. 

Le digo a mi madre que nos vayamos juntas, pero algo la mantiene atada a estas paredes calurosas, no sé qué es. Y prefiero no preguntar, se le acabaron las respuestas hace cinco años cuando ella y yo la vimos partir, sobre la cama, tendida y acabada. 

Esta casa guarda su última estadía.

"Baby cohete, yo sé que tienes la propulsión para llevarme al espacio, bien despacio"


Algunas anomalías y demasiado tiempo para pensar. 
Ser alguien contraproducente requiere de agallas. El destino y tus deseos están en contraposición. Cuando envejeces rápidamente y no consigues lo que quieres, cuando pasan los días y te tardas más en cumplir lo que se vuelve un sueño. Cuando por soñar que todo debe ser debido a su tiempo y resulta que te dejan caminando sin zapatos sobre la carretera mojada (porque todos escupen en ella). Cuando sientes asco de tus pasos en el tiempo te cabreas o desistes. Cuando empiezas a cantar, ya terminó el concierto ¡siempre él va un paso adelante! Podrá suceder cualquier desgracia sin límite, pero cuando llora tu matriz en horas de la madrugada, todo en lo absoluto está mal. Y te desvaneces, todo está mal y lo sé hasta ahora. Aún así vives, sin esclerosis, pero respiras como si la padecieras. Nada conforma a esta manada de anómalos. La muerte me ha dejado un ser en coma.
Que llora y ronca.
Ronca y llora.
Suda, se despierta.
Se levanta, camina.
Llora y regresa.
Llora y se recuesta.
Llora y ronca.
Y se duerme llorando.
Las canas crecen cada vez más rápido.
Una desgracia es todo lo que sale de su boca, sus palabras como maldiciones, su dolor como dagas, su viento llega hasta mi como un sarpullidlo susurrando sin remordimiento alguno que jamás cesará. Escribo al aire, realmente está sucediendo, todos quienes me rodean, o, finalmente me vigilan, se desmoronan, mueren bajo la almohada, arrugan la cara bajo la luz incandescente. No hay rutas, el desastre natural las ha desvanecido, el sol es siempre un nuevo enemigo, la tierra cegándonos cada vez un poco para aturdir e invadir la percepción.
Nuestra voz sólo sabe hacer preguntas.
Tontas.
Dentro de esta habitación deambula la cinta de un pésimo corto, dentro de esta caja no caben más fotos, fuera de esa ventana llueve pero no salgo, la lluvia cae sobre mí como un autentico peso de la divinidad, no encuentro el camino hacia Hades, la vida procede con convulsiones, me sacude los sesos y en cada descarga muere algo de mí, el sufrimiento como castigo por todos mis delitos, mi eterna agonía: sentencia por tantas figuras gastadas que avente hacia un espacio que jamás he de conocer, el recuerdo de cada origen seca mis pupilas, y yo solo logro ver hacia una dirección; terriblemente, en aquel lado no encuentro ni el polvo de mis mutilaciones. Descalzo, tratando de encontrar píldoras entre medio de la oscuridad infinita de esta habitación pestilente, descalzo, solo logro palpar veneno.
-          Es angustiante.
-          Talvez no.
Todos esperan mi partida, inclusive yo.
Ya leí la moraleja, ya caché que esto de vivir es llenarse los vacios atrapados en un abismo de misterios, ya cache que no hay un solo día en que no caigamos en trampas. La felicidad siempre es compleja, es un carcinoma. La felicidad es un Doctor notificando que hay cura para todos los males, menos para la muerte decía la gorda cubana. La felicidad es una licuadora con el vaso rajado. La felicidad tiene ropa sucia decía el que hacía que lo llamen poeta. La felicidad es humo con sangre en los genitales decía un viejo delirante con tufo a muerte. La felicidad es una pregunta que regala silencios, inmoviliza mandíbulas y destruye ideas. Yo le he visto sola con los brazos amputados y los ojos secos.
La tranquilidad del corazón es un chico viejo, con ojos negros, mentón partido, voz roída por el tabaco, brazos fuertes, parietales con fracturas y un visitante agobiando su espíritu. Con sonrisas enterradas en el pasado, que no terminan de morir, siempre resucitando después de los aullidos para despertarnos aterrorizados, para desorbitar ojos y paralizar la circulación. Y nada de este vomito tiene aroma, porque todo se ha diluido sin ayuda del tiempo. Tú, yo, tu yo, mi tú. El circulo alfin logra marearnos, la realidad es otra. Mira mamá, la realidad se está difuminando y mis ojos siguen secos de no llorar una respuesta.

sábado, 28 de marzo de 2020

Dato serio sobre las palomas.


¿Has notado lo fácil que resulta preguntarse cada tanto la razón de? No sé, de por qué las palomas comen basura. Hace un montón de años atrás mi abuela (que en paz descanse) nos mostró (a mi y a mi madre) una foto de la Tía Ivonne sentada al borde de una plazoleta en España; muy coqueta la tía. La extrañábamos, se había ido en medio de esa corriente migratoria hacia Europa. En todo caso, mi atención se desvió hacia las palomas alrededor de la Tía, pero… los ojos de mi abuela estaban inmersos en su vientre, recuerdo perfectamente a mi abuela haciendo un eco con los ojos tan sobresaltados; al parecer a la Tía le habían dejado regalo en la piñata. ¿De quién? No sabíamos. Ves lo fácil que es hacerse preguntas. Uno tiene la idea de cual sería la respuesta. Por ejemplo, vemos que está embarazada y dedujimos enseguida que de un hombre, la pregunta correcta sería ¿de cuál hombre está embarazada?. Sólo para aclarar. Al principio me pregunté por qué las palomas comen basura, pero ¿qué tipo de basura comen las palomas?.
Hace unas semanas me encontraba esperando el colectivo, siempre el viento y el polvo les acompaña y al caer sobre la piel forman una capa reconfortante de calor, indispensabe en estos tiempos de zozobra. Detrás de mi, había una leve duna de basura, unas palomas, dos garzas y un antropólogo, con sueño. Imagina esos tres tintes detrás. El blanco de las garzas no era el blanco de la infancia, todo se curte a medida que caen los años, y uno cree que va solo, pero están las palomas, las garzas, el antropólogo y la basura. Cuatro universos poco explorados, vistos desde afuera. Poco sabemos del origen, pero sabemos que hubo uno. Y nos vimos orbitando alrededor de una misma pregunta, al mismo tiempo, a excepción de una paloma que había encontrado algo sabroso. Todos, aves. Todos queriendo alzar el vuelo lejos de la duna de basura. Olvidar el pútrido olor, de a poco, a medida que el cielo nos consume. Imaginando que volamos alto, nos curamos el hambre. La ansiedad de comernos el mundo desde la duna.
Aquí estoy yo. Subiendo al colectivo, alejándome de la duna. Una paloma me vió, no sé si se está despidiendo, la miro fijo para que se cuestione igual que yo. Nada, ambas quedamos sin respuesta. ¿Qué habrá querido decirme?
Me siento, elijo el final. Así me siento. Lejos de la entrada. Cerca de la salida. Me preparo por si hay que huir rápido. Y para ver quien sube y se une al viaje. Veré que pasa. No ha pasado nada, paseamos por la alameda, recuerdo los momentos en la autopista. Me lleno de amargura. La amargura me hace sentir muy bien. Va conmigo, me da fuerzas. Me reconforta  mas, y la capa de polvo se endurece sobre mi. Me protege. Soy dura. 
Mi polvo es frágil, se va con el viento, se cae con el agua. Se escurre, se resquebraja. Mañana  lo retoco, en la espera.
En la espera de la espera. Siempre estoy esperando. ¿Crees que no esperas? Todos lo hacen. Se entretienen pensando que no, y que disfrutan la vida. La vida nos disfruta, nos empolva. Ya estaba todo planeado. ¿A qué le llaman progreso? La indolencia es progreso querido. No se vive de humildad mamá. Mi papá no sonríe porque no tiene dientes, mi hermana le envió dinero para una dentadura y se lo gastó en puro de caña de azúcar. Pero la risa lo consume por dentro. La risa, la risa. La risa vende millones de entradas y le sube el volumen a las canciones de Charlie Aponte.
Sigo sentada, el colectivo tambalea y hace caer un montón de recuerdos. Por instinto los recojo. El aire es siempre severo en la autopista, mi piel está fresca, mi cabello se endurece con el aire sucio, no me importa, estoy riendo porque el viento me hace reir. La frescura sucia me alegra. Te recuerdo, los ojos; eran de un color que todavía no sé. Creí que era carmín, o café mezclado con fuego. No lo sé. Esa respuesta indecisa es la que me apasiona. Lo he visto un millón de veces o más. Dejo de recordarte por temor a cansarme de ti. ¿Qué pasó con nosotros? En la alameda. ¿ Qué pasó con las vueltas azarosas? El humo nos nubló la cabeza. Quiero acompañar a alguien, quiero amar. Quiero hablar demasiado.  El camino parece largo, los recuerdos se avalanchan sobre mi y el colectivo va lleno, no hay espacio para ninguno de ellos. Se escapan por la salida, veo como se van, ni siquiera voltean a verme. No se despiden. Espero encontrarte en el camino. Espero una casualidad como las de antes. El tiempo nos ha quitado mucho, y con los recuerdos se va mi esperanza. La dejo ir, es pasajera e inconsecuente.
Suena una buena canción, me pido oírla con atención. Tal vez me sane.
Me bajo del colectivo, talvez justo en la mejor parte, no sé cuál sería. Pienso en lo mal que está todo, en mí. Luego pienso en lo mal que está todo fuera de mí, digo, para apaciguar la amargura, la buena amargura. Suceden cosas peores que no tienen nada que ver con el amor y con estar solo. O quizá todo es culpa de la ausencia de amor y la soledad. Ojalá los años me respondan esa pregunta. Pero lo pienso, detenidamente.
De pronto  siento que camino sobre una duna de basura. Miro a mi alrededor, veo el cielo.
Está despejado. No hay aves.
- No hay aves en el cielo.

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...