martes, 31 de marzo de 2020
"Baby cohete, yo sé que tienes la propulsión para llevarme al espacio, bien despacio"
Algunas anomalías y demasiado tiempo para pensar.
Ser alguien contraproducente requiere de
agallas. El destino y tus deseos están en contraposición. Cuando envejeces
rápidamente y no consigues lo que quieres, cuando pasan los días y te tardas
más en cumplir lo que se vuelve un sueño. Cuando por soñar que todo debe ser
debido a su tiempo y resulta que te dejan caminando sin zapatos sobre la
carretera mojada (porque todos escupen en ella). Cuando sientes asco de tus
pasos en el tiempo te cabreas o desistes. Cuando empiezas a cantar, ya terminó
el concierto ¡siempre él va un paso adelante! Podrá suceder cualquier desgracia
sin límite, pero cuando llora tu matriz en horas de la madrugada, todo en lo
absoluto está mal. Y te desvaneces, todo está mal y lo sé hasta ahora. Aún así
vives, sin esclerosis, pero respiras como si la padecieras. Nada conforma a
esta manada de anómalos. La muerte me ha dejado un ser en coma.
Que llora y ronca.
Ronca y llora.
Suda, se despierta.
Se levanta, camina.
Llora y regresa.
Llora y se recuesta.
Llora y ronca.
Y se duerme llorando.
Las canas crecen cada vez más rápido.
Una desgracia es todo lo que sale de su
boca, sus palabras como maldiciones, su dolor como dagas, su viento llega hasta
mi como un sarpullidlo susurrando sin remordimiento alguno que jamás cesará. Escribo
al aire, realmente está sucediendo, todos quienes me rodean, o, finalmente me
vigilan, se desmoronan, mueren bajo la almohada, arrugan la cara bajo la luz
incandescente. No hay rutas, el desastre natural las ha desvanecido, el sol es
siempre un nuevo enemigo, la tierra cegándonos cada vez un poco para aturdir e
invadir la percepción.
Nuestra voz sólo sabe hacer preguntas.
Tontas.
Dentro de esta habitación deambula la cinta
de un pésimo corto, dentro de esta caja no caben más fotos, fuera de esa
ventana llueve pero no salgo, la lluvia cae sobre mí como un autentico peso de
la divinidad, no encuentro el camino hacia Hades, la vida procede con
convulsiones, me sacude los sesos y en cada descarga muere algo de mí, el sufrimiento
como castigo por todos mis delitos, mi eterna agonía: sentencia por tantas
figuras gastadas que avente hacia un espacio que jamás he de conocer, el
recuerdo de cada origen seca mis pupilas, y yo solo logro ver hacia una
dirección; terriblemente, en aquel lado no encuentro ni el polvo de mis
mutilaciones. Descalzo, tratando de encontrar píldoras entre medio de la
oscuridad infinita de esta habitación pestilente, descalzo, solo logro palpar
veneno.
-
Es angustiante.
-
Talvez no.
Todos esperan mi partida, inclusive yo.
Ya leí la moraleja, ya caché que esto de
vivir es llenarse los vacios atrapados en un abismo de misterios, ya cache que
no hay un solo día en que no caigamos en trampas. La felicidad siempre es
compleja, es un carcinoma. La felicidad es un Doctor notificando que hay cura
para todos los males, menos para la muerte decía la gorda cubana. La felicidad
es una licuadora con el vaso rajado. La felicidad tiene ropa sucia decía el que
hacía que lo llamen poeta. La felicidad es humo con sangre en los genitales
decía un viejo delirante con tufo a muerte. La felicidad es una pregunta que
regala silencios, inmoviliza mandíbulas y destruye ideas. Yo le he visto sola
con los brazos amputados y los ojos secos.
La tranquilidad del corazón es un chico
viejo, con ojos negros, mentón partido, voz roída por el tabaco, brazos
fuertes, parietales con fracturas y un visitante agobiando su espíritu. Con
sonrisas enterradas en el pasado, que no terminan de morir, siempre resucitando
después de los aullidos para despertarnos aterrorizados, para desorbitar ojos y
paralizar la circulación. Y nada de este vomito tiene aroma, porque todo se ha
diluido sin ayuda del tiempo. Tú, yo, tu yo, mi tú. El circulo alfin logra marearnos,
la realidad es otra. Mira mamá, la realidad se está difuminando y mis ojos
siguen secos de no llorar una respuesta.
sábado, 28 de marzo de 2020
Dato serio sobre las palomas.
¿Has
notado lo fácil que resulta preguntarse cada tanto la razón de? No sé, de por
qué las palomas comen basura. Hace un montón de años atrás mi abuela (que en
paz descanse) nos mostró (a mi y a mi madre) una foto de la Tía Ivonne sentada
al borde de una plazoleta en España; muy coqueta la tía. La extrañábamos, se
había ido en medio de esa corriente migratoria hacia Europa. En todo caso, mi
atención se desvió hacia las palomas alrededor de la Tía, pero… los ojos de mi
abuela estaban inmersos en su vientre, recuerdo perfectamente a mi abuela
haciendo un eco con los ojos tan sobresaltados; al parecer a la Tía le habían
dejado regalo en la piñata. ¿De quién? No sabíamos. Ves lo fácil que es hacerse
preguntas. Uno tiene la idea de cual sería la respuesta. Por ejemplo, vemos que
está embarazada y dedujimos enseguida que de un hombre, la pregunta correcta
sería ¿de cuál hombre está embarazada?. Sólo para aclarar. Al principio me
pregunté por qué las palomas comen basura, pero ¿qué tipo de basura comen las
palomas?.
Hace
unas semanas me encontraba esperando el colectivo, siempre el viento y el
polvo les acompaña y al caer sobre la piel forman una capa reconfortante de
calor, indispensabe en estos tiempos de zozobra. Detrás de mi, había una leve
duna de basura, unas palomas, dos garzas y un antropólogo, con sueño. Imagina
esos tres tintes detrás. El blanco de las garzas no era el blanco de la
infancia, todo se curte a medida que caen los años, y uno cree que va solo,
pero están las palomas, las garzas, el antropólogo y la basura. Cuatro
universos poco explorados, vistos desde afuera. Poco sabemos del origen, pero
sabemos que hubo uno. Y nos vimos orbitando alrededor de una misma pregunta, al
mismo tiempo, a excepción de una paloma que había encontrado algo sabroso.
Todos, aves. Todos queriendo alzar el vuelo lejos de la duna de basura. Olvidar
el pútrido olor, de a poco, a medida que el cielo nos consume. Imaginando que
volamos alto, nos curamos el hambre. La ansiedad de comernos el mundo desde la
duna.
Aquí
estoy yo. Subiendo al colectivo, alejándome de la duna. Una paloma me vió, no
sé si se está despidiendo, la miro fijo para que se cuestione igual que yo.
Nada, ambas quedamos sin respuesta. ¿Qué habrá querido decirme?
Me
siento, elijo el final. Así me siento. Lejos de la entrada. Cerca de la salida.
Me preparo por si hay que huir rápido. Y para ver quien sube y se une al viaje.
Veré que pasa. No ha pasado nada, paseamos por la alameda, recuerdo los
momentos en la autopista. Me lleno de amargura. La amargura me hace sentir muy
bien. Va conmigo, me da fuerzas. Me reconforta
mas, y la capa de polvo se endurece sobre mi. Me protege.
Soy dura.
Mi polvo es frágil, se va con el viento, se cae con el agua. Se escurre, se resquebraja. Mañana lo retoco, en la espera.
Mi polvo es frágil, se va con el viento, se cae con el agua. Se escurre, se resquebraja. Mañana lo retoco, en la espera.
En
la espera de la espera. Siempre estoy esperando. ¿Crees que no esperas? Todos
lo hacen. Se entretienen pensando que no, y que disfrutan la vida. La vida nos
disfruta, nos empolva. Ya estaba todo planeado. ¿A qué le llaman progreso? La
indolencia es progreso querido. No se vive de humildad mamá. Mi papá no sonríe
porque no tiene dientes, mi hermana le envió dinero para una dentadura y se lo
gastó en puro de caña de azúcar. Pero la risa lo consume por dentro. La risa,
la risa. La risa vende millones de entradas y le sube el volumen a las
canciones de Charlie Aponte.
Sigo
sentada, el colectivo tambalea y hace caer un montón de recuerdos. Por instinto
los recojo. El aire es siempre severo en la autopista, mi piel está fresca, mi
cabello se endurece con el aire sucio, no me importa, estoy riendo porque el
viento me hace reir. La frescura sucia me alegra. Te recuerdo, los ojos; eran
de un color que todavía no sé. Creí que era carmín, o café mezclado con fuego.
No lo sé. Esa respuesta indecisa es la que me apasiona. Lo he visto un millón
de veces o más. Dejo de recordarte por temor a cansarme de ti. ¿Qué pasó con
nosotros? En la alameda. ¿
Qué pasó con las vueltas azarosas? El humo nos nubló la cabeza. Quiero acompañar
a alguien, quiero amar. Quiero hablar demasiado. El camino parece largo, los recuerdos se
avalanchan sobre mi y el colectivo va lleno, no hay espacio para ninguno de
ellos. Se escapan por la salida, veo como se van, ni siquiera voltean a verme.
No se despiden. Espero encontrarte en el camino. Espero una casualidad como las
de antes. El tiempo nos ha quitado mucho, y con los recuerdos se va mi esperanza.
La dejo ir, es pasajera e inconsecuente.
Suena
una buena canción, me pido oírla con atención. Tal vez me sane.
Me
bajo del colectivo, talvez justo en la mejor parte, no sé cuál
sería. Pienso en lo mal que está todo, en mí. Luego pienso en lo mal que está
todo fuera de mí, digo, para apaciguar la amargura, la buena amargura. Suceden
cosas peores que no tienen nada que ver con el amor y con estar solo. O quizá
todo es culpa de la ausencia de amor y la soledad. Ojalá los años me respondan
esa pregunta. Pero lo pienso, detenidamente.
De
pronto siento que camino sobre una duna
de basura. Miro a mi alrededor, veo el cielo.
Está
despejado. No hay aves.
- No
hay aves en el cielo.
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