¿Has
notado lo fácil que resulta preguntarse cada tanto la razón de? No sé, de por
qué las palomas comen basura. Hace un montón de años atrás mi abuela (que en
paz descanse) nos mostró (a mi y a mi madre) una foto de la Tía Ivonne sentada
al borde de una plazoleta en España; muy coqueta la tía. La extrañábamos, se
había ido en medio de esa corriente migratoria hacia Europa. En todo caso, mi
atención se desvió hacia las palomas alrededor de la Tía, pero… los ojos de mi
abuela estaban inmersos en su vientre, recuerdo perfectamente a mi abuela
haciendo un eco con los ojos tan sobresaltados; al parecer a la Tía le habían
dejado regalo en la piñata. ¿De quién? No sabíamos. Ves lo fácil que es hacerse
preguntas. Uno tiene la idea de cual sería la respuesta. Por ejemplo, vemos que
está embarazada y dedujimos enseguida que de un hombre, la pregunta correcta
sería ¿de cuál hombre está embarazada?. Sólo para aclarar. Al principio me
pregunté por qué las palomas comen basura, pero ¿qué tipo de basura comen las
palomas?.
Hace
unas semanas me encontraba esperando el colectivo, siempre el viento y el
polvo les acompaña y al caer sobre la piel forman una capa reconfortante de
calor, indispensabe en estos tiempos de zozobra. Detrás de mi, había una leve
duna de basura, unas palomas, dos garzas y un antropólogo, con sueño. Imagina
esos tres tintes detrás. El blanco de las garzas no era el blanco de la
infancia, todo se curte a medida que caen los años, y uno cree que va solo,
pero están las palomas, las garzas, el antropólogo y la basura. Cuatro
universos poco explorados, vistos desde afuera. Poco sabemos del origen, pero
sabemos que hubo uno. Y nos vimos orbitando alrededor de una misma pregunta, al
mismo tiempo, a excepción de una paloma que había encontrado algo sabroso.
Todos, aves. Todos queriendo alzar el vuelo lejos de la duna de basura. Olvidar
el pútrido olor, de a poco, a medida que el cielo nos consume. Imaginando que
volamos alto, nos curamos el hambre. La ansiedad de comernos el mundo desde la
duna.
Aquí
estoy yo. Subiendo al colectivo, alejándome de la duna. Una paloma me vió, no
sé si se está despidiendo, la miro fijo para que se cuestione igual que yo.
Nada, ambas quedamos sin respuesta. ¿Qué habrá querido decirme?
Me
siento, elijo el final. Así me siento. Lejos de la entrada. Cerca de la salida.
Me preparo por si hay que huir rápido. Y para ver quien sube y se une al viaje.
Veré que pasa. No ha pasado nada, paseamos por la alameda, recuerdo los
momentos en la autopista. Me lleno de amargura. La amargura me hace sentir muy
bien. Va conmigo, me da fuerzas. Me reconforta
mas, y la capa de polvo se endurece sobre mi. Me protege.
Soy dura.
Mi polvo es frágil, se va con el viento, se cae con el agua. Se escurre, se resquebraja. Mañana lo retoco, en la espera.
Mi polvo es frágil, se va con el viento, se cae con el agua. Se escurre, se resquebraja. Mañana lo retoco, en la espera.
En
la espera de la espera. Siempre estoy esperando. ¿Crees que no esperas? Todos
lo hacen. Se entretienen pensando que no, y que disfrutan la vida. La vida nos
disfruta, nos empolva. Ya estaba todo planeado. ¿A qué le llaman progreso? La
indolencia es progreso querido. No se vive de humildad mamá. Mi papá no sonríe
porque no tiene dientes, mi hermana le envió dinero para una dentadura y se lo
gastó en puro de caña de azúcar. Pero la risa lo consume por dentro. La risa,
la risa. La risa vende millones de entradas y le sube el volumen a las
canciones de Charlie Aponte.
Sigo
sentada, el colectivo tambalea y hace caer un montón de recuerdos. Por instinto
los recojo. El aire es siempre severo en la autopista, mi piel está fresca, mi
cabello se endurece con el aire sucio, no me importa, estoy riendo porque el
viento me hace reir. La frescura sucia me alegra. Te recuerdo, los ojos; eran
de un color que todavía no sé. Creí que era carmín, o café mezclado con fuego.
No lo sé. Esa respuesta indecisa es la que me apasiona. Lo he visto un millón
de veces o más. Dejo de recordarte por temor a cansarme de ti. ¿Qué pasó con
nosotros? En la alameda. ¿
Qué pasó con las vueltas azarosas? El humo nos nubló la cabeza. Quiero acompañar
a alguien, quiero amar. Quiero hablar demasiado. El camino parece largo, los recuerdos se
avalanchan sobre mi y el colectivo va lleno, no hay espacio para ninguno de
ellos. Se escapan por la salida, veo como se van, ni siquiera voltean a verme.
No se despiden. Espero encontrarte en el camino. Espero una casualidad como las
de antes. El tiempo nos ha quitado mucho, y con los recuerdos se va mi esperanza.
La dejo ir, es pasajera e inconsecuente.
Suena
una buena canción, me pido oírla con atención. Tal vez me sane.
Me
bajo del colectivo, talvez justo en la mejor parte, no sé cuál
sería. Pienso en lo mal que está todo, en mí. Luego pienso en lo mal que está
todo fuera de mí, digo, para apaciguar la amargura, la buena amargura. Suceden
cosas peores que no tienen nada que ver con el amor y con estar solo. O quizá
todo es culpa de la ausencia de amor y la soledad. Ojalá los años me respondan
esa pregunta. Pero lo pienso, detenidamente.
De
pronto siento que camino sobre una duna
de basura. Miro a mi alrededor, veo el cielo.
Está
despejado. No hay aves.
- No
hay aves en el cielo.
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