Pensamiento difuso, por favor entregar a mi amante cuando muera.
(nota: es hipocondriaco).
¡Anómalo!, ¡anómalo!
Una desgracia es todo lo que sale de su boca, sus palabras como maldiciones, su dolor como dagas, su viento llega hasta mi como un sarpullidlo susurrando sin remordimiento alguno que jamás cesara. Realmente está sucediendo, todos quienes me rodean, o, finalmente me vigilan, se desmoronan, mueren bajo la almohada, arrugan la cara bajo la luz incandescente. No hay rutas, el desastre natural las ha desvanecido, el sol es siempre un nuevo enemigo, la tierra cegándonos cada vez un poco para aturdir e invadir la percepción.
Dentro de esta habitación deambula la cinta de un pésimo corto, dentro de esta caja no caben más fotos, fuera de esa ventana llueve pero no salgo, la lluvia cae sobre mí como un autentico esputo de la divinidad, no encuentro el camino hacia Hades, la vida procede con convulsiones, me sacude los sesos y en cada descarga muere algo de mí, el sufrimiento como castigo por todos mis delitos, mi eterna agonía: sentencia por tantas figuras gastadas que avente hacia un espacio que jamás he de conocer, el recuerdo de cada origen seca mis pupilas, y yo solo logro ver hacia una dirección; terriblemente, en aquel lado no encuentro ni el polvo de mis mutilaciones. Descalzo, tratando de encontrar píldoras entre medio de la oscuridad infinita de esta habitación pestilente, descalzo, solo logro palpar veneno. –Mi sexo es visitado en cada convulsión-.
Todos esperan mi partida, inclusive yo.
Ya leí la moraleja, ya caché que esto de vivir es llenarse los vacios atrapados en un abismo de misterios, ya cache que no hay un solo día en que no caigamos en trampas. La felicidad siempre es compleja, es un carcinoma. La felicidad es un Doctor notificando que hay cura para todos los males, menos para la muerte decía la gorda cubana. La felicidad es una licuadora con el vaso rajado decía la sirvienta con labio leporino. La felicidad tiene ropa sucia decía el que hacía que lo llamen poeta. La felicidad es humo con sangre en los genitales decía un viejo delirante con tufo a muerte. La felicidad es una pregunta que regala silencios, inmoviliza mandíbulas y destruye ideas. Yo le he visto sola con los brazos amputados y los ojos secos.
La tranquilidad del corazón es un chico viejo, con ojos negros, mentón partido, voz roída por el tabaco, brazos fuertes, parietales con fracturas y un visitante agobiando su espíritu. Con sonrisas enterradas en el pasado, que no terminan de morir, siempre resucitando después de los aullidos para despertarnos aterrorizados, para desorbitar ojos y paralizar la circulación. Y nada de este vomito tiene aroma, porque todo se ha diluido sin ayuda del tiempo. Tú, yo, tu yo, mi tú. El circulo alfin logra marearnos, la realidad es otra. Mira mamá, la realidad se está difuminando y mis ojos siguen secos de no llorar una respuesta.
y el fondo más negro, me guiaba hacia abajo.
una tipa está cantando,
dice que quiere irse al cielo.
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