siempre el último sorbito de café
me genera náuseas,
la última caladita del Lark, una tristeza diminuta,
como si mi tranquilidad dependiera de dejar a la espera
esas migajas que me quedan
y esa canción, ya cliché porque todos se reconocen en ella,
ya no amortigua la experiencia pasada,
los dolores carnales,
porque tal vez quiero (en el fondo) que ésta insatisfacción no sea única, pero si inigualable entre otras tristezas absurdas que guarda el alma
y para ti, tengo mi segundo nombre, que nadie usa, que nadie llama, pero sé que eres tú,
dentro de mi, para hablar de mí contigo, que somos una sola voracidad atrapada en la misma carne,
con sombras que refractan de una luz cegante llegando desde diferentes ángulos
siempre una coma ,
un espectro literato que me anuncia
la traducción de las pausas acrósticas en medio
de la tarde,
para retomar después lo que aún aguardan los restos de sí mismo
No hay comentarios:
Publicar un comentario