https://www.youtube.com/watch?v=_fnpRds601s
Caminé todo un puto parque, crucé el peinado, famosísimo, fotografiable puente sobre el río Cajas, me cayó una lluvía brevísima encima.
Llegué a verlo, estaba en un bar diminuto bailando con una vieja bruja de pelo largo y negro azabache, me senté a su lado, escuché su pésimo parafraseo de Pablo Neruda, su ebriedad (que, de alguna forma fue necesaria), comí cerezas, me senté en sus piernas, cantó a toda voz hasta que el cuerpo aguante de mago de oz. Qué buena noche. Horas mas tarde lo llevé al piso que habíamos alquilado con unos amigos, no sucedió nada, sólo lo que necesitaba para saberlo, nos besamos. Se fue cuando empezó a amanecer, cuando ya no era tan oscuro.
Nos volvimos a encontrar, y le di todo lo que pude, lo que contuve estos años sola. Se lo dí a él. Aún así, dudó, y aún así, bailó con otra vieja bruja, horrible, superficial, flaca asquerosa de pelo pintado.
Invierno traidor.
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