... nuestra época destaca por pulverizar todo, aunque nada tan a fondo como la imagen del mundo, una imagen que se ha vuelto tan puntillista como la de la propia época que la está rayendo y reduciendo a polvo. Tengo la sensación de que este fragmentado mundo de hoy está por fin (después de tanto tiempo) a la altura de quienes tratan de pintar su retrato. (Zygmunt Bauman)
Disipar en una imagen o en un bulto de materia maleable lo amorfo de la ausencia es un ejercicio que en su intento de ser verás, resultó una proeza endémica visitada por todo aquel que sienta la fuerza, un sexto sentido y la certeza de poseer la chispa adecuada. Para este escrito, quiero revisar el réquiem visual que ha venido descifrando un esquema de inversión basado en la ausencia y ha traducido su sino en una variedad de técnicas mixtas y empatía temporal.
El 25 de enero, pese a la circunstancia pandémica y las constantes reducciones de presupuesto que han dejado —aparentemente— raída a la red de museos de la CCE, la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Guayas lanzó la convocatoria del Salón de la Mujer 2022: "Mujeres en pandemia”, concurso de pintura con “temática libre”, premio al primer lugar: $3.000 + diploma, premios honoris causa: tres menciones de honor.
Si recapitulamos, el Salón de la Mujer inició en el año 2015, aunque, sus ediciones tituladas se manifestaron en el año 2017 con la convocatoria: “Memoria y reciclaje”; desde entonces, los esfuerzos de este salón prometen reivindicar el valor autoral de las mujeres artistas y fue así como en aquella primera edición (2017) el fallo del jurado resultó a favor de la obra “Inspiración” by Sicilia Lofreddo Faggioni, ganadora del premio único.
En la siguiente edición: "Salón de la mujer 2018” la artista Silvia Quezada, autora de la obra “Sin título” y Gloria Cobos Bohórquez con su obra “Ira terrena” fueron las ganadoras del premio único (según las bases del concurso), corrección: premio compartido (debido a una desbordada solidaridad del Jurado). Ambas artistas representaron (usando sus técnicas, estilos, singularidades, materiales identitarios) escenarios en dónde la figura de la mujer era protagónica desde perspectivas religiosas y/o ambientales.
“…sobre un fondo de textos de una novelita de los 50’s y un libro de catecismo, la artista dibujó en acrílico el desnudo de una mujer desafiante que lleva chal” — escribió el entrevistador anónimo en una nota del diario EL COMERCIO — “...Cobos presentó una colorida abstracción de evocaciones telúricas y ecológicas bajo el título de ‘Ira Terrena’. Se trata de un acrílico sobre tela que reta al espectador a redescubrir formas y sentidos”.
El Salón de la Mujer del año 2019 “Reivindicación y feminismo” supondría una virtud; el jurado calificador resultó aún más benefactor y rupturista (de bases y reglas) otorgando el premio único de $3.000 al primer lugar compartiéndolo entre tres artistas: Francesca Palma, autora de “La habitación propia”, Ana Sigüenza con su obra “Inflexión dominante (ser silencio)”, y “El zapato de tacón, ¿reivindicación feminista o sumisión patriarcal?” bajo la autoría de Alemania Guarderas — artista quién sería jurado calificador en la próxima edición, del año 2020—. Para entonces, sólo bastaba revisar los veredictos de las ediciones pasadas, lo suficiente para lograr atisbar las inclinaciones de aquella “temática libre” inscrita en las bases; las imágenes, el discurso o el ardid teórico que prometía llevarse el premio único no solo sugería un encanto que daba en los corazones del Jurado de la obviedad, además, nos recordaría aquella premonición de la historia insistiendo en repetirse.
Tal complot se juega en un escenario apartado que hemos cautivado, colonizado, lejos de las grandes catástrofes que estamos viviendo. Hemos tenido el tiempo suficiente para espectar sus funciones y sortearnos — con otra atracción que tenga iguales probabilidades — en algo que de pronto guarde líneas de un himno a la sororidad, algo que <<represente>> que hablamos por quienes no están, que nuestra empatía (por personas que posiblemente nunca conocimos) mucho antes de ser arte para un concurso, fue pura, radical e inspiradora. Podemos luego entablar un diálogo sobre el comercio de la catarsis.
En el año 2020, el Jurado de la obviedad hizo un esfuerzo por reivindicar tanto desborde de solidaridad por los premios únicos y redujo el número de favorecidas de tres a dos: Patricia León Guerrero, autora de “Después de la marcha a recoger los cuerpos” y Andrea Ramírez, autora de “retrato/baño”.
“…dos pinturas muy distintas entre sí, una “neo-expresionista” en rojo sangre que refiere a las marchas feministas y a los femicidios, y una minimalista que retrata la intimidad del piso de un baño, se adjudicaban el primer premio compartido del salón de la mujer 2020”, escribe el acertado entrevistador anónimo del diario El Comercio.
Para la edición del año 2021, podemos prever totalmente — o producir mecánicamente las imágenes — el tipo de obra pictórica con tema libre que podría apuntar seriamente a llevarse el premio único (¿si será único?). Además, el Jurado de la obviedad parece que ha logrado saciar sus expectativas rápidamente, ya no basándose en lo maleable y artificioso de la técnica sino en lo maleable (manipulador) del discurso escrito.
Esta vez enfocaron su beneplácito criterio repartidor en los trabajos de Xiomara Errázuriz, autora de “Me gusta cuando callas porque estas como ausente” (de hecho, pudo titularse: “calladas nos quiere el jurado” pero cierto es que oportunidades así se nos esfuman por distraidxs, en todo caso, titular el silencio resulta menos superfluo que “Sin título”) y de Roxana Suárez, “Que no te claven la mente” donde intuí el potencial por intentar socavar en otro terreno:
“…una máquina que transforma a las mujeres en esclavas de diferentes situaciones de la vida cotidiana” fragmento del sustento de la obra.
Implícito en esta fórmula dadivosa está el claramente irresoluble asunto de lo arbitrario, ¿Son realmente legales las bases/reglas? ¿Sucederá esto alguna vez en el Salón de Octubre? O la verdadera pregunta es ¿Acaso ninguna de las obras ganadoras — de acuerdo con el criterio cultural del jurado — podría costar alrededor de $3000 dólares?
¿No es necesariamente efímero un respiro?
Párrafos atrás me suscribí a un fragmento de las ideas que Z. Bauman escribió en Esto no es un diario “nuestra época destaca por pulverizar todo, aunque nada tan a fondo como la imagen del mundo”, pero ¿cuál es esa imagen en un mundo fragmentado?
¿Será que hemos sido presionadas por los salones para que revelemos aquello que ellos creen no saber? ¿Nos hemos visto obligadas a fuerza de repetir lo que se ha convertido, con el paso del tiempo, en comida recalentada? ¿Hablamos por la misma razón que transpiramos? ¿Sólo porque sí? ¿Será que el jurado de la obviedad, en realidad son mentes convertidas, enclaustradas a un terreno? ¿Su horizonte de percepción es entonces nuestro límite?
Ahora, naturalmente, el carácter de la convocatoria se ha tornado acérrimo en el terreno del feminismo ¿Es acaso el feminismo una palestra artística para reivindicar la muerte más actual?
Es 2022, la pena romántica ha transfigurado en réquiem, el arte o cualquier consigna de reivindicación no está exento de hacer de la violencia una transacción, un espectáculo, una inversión y manipulación poética que se reparte entre tres ganadoras (a veces dos, quién sabe este año). Es como si tal convocatoria y llamado a las mujeres supusiera una fortaleza sitiada, unas orillas llenas de maleza cliché lista para purgar en marzo.
<<Lo que quieren es tumba, y tumba les voy a dar>>
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