Nací en la ciudad de Guayaquil hace 27 años, de tarde. Mi madre fue costurera de factoría, cosía forros de colchones, mi padre fue costurero de fábrica, cosía jeans de la marca LEE, LEVIS y otras marcas que no recuerdo, pero seguramente ropa carísima que cosían personas como mi papá. Aprendí a coser a los 9 años, en la escuela. Había una hora cada día de la semana destinada para el aprendizaje "hora de costura" (ya no existe tal materia), mi maestra fue una mujer blanquísima de nombre Rosa pero le decíamos Rosita (aunque era una bruja que me halaba la oreja) y con ella aprendí a patronar faldas de tablones, pretinas y bolsillos, camisas de botones y con suerte un cojín navideño; mi madre luego habría de enseñarme a planchar los tablones con una plancha pesadísima de vapor, no eléctrica. Mi viejo solía ir a verme a la escuela para luego ir a su taller, allí tendría que cuidarme pero él tenía trabajo pendiente (siempre), yo lo veía coser y coser toda la tarde hasta que llegara mi madre para llevarme a casa. Los repertorios de salsa brava nunca faltaron. Yo soy eso, el quehacer de mi infancia traducido en brevísimos relatos. De no haber crecido entre retazos, realmente no sé qué sería de mi, de pronto y me volvía abogada como la Dra. Polo.
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