martes, 23 de febrero de 2021

lejano de acá.

 

Servirá de algo escribir ¿aún?

Salimos a las calles y todo está infestado de depresión. No sé cómo sigo aquí, hace rato esto habría de consternarme y postrarme en la cama, llorando por el miedo de no saber qué hacer con mi vida. Lo escribiré abiertamente: no sé qué hacer. Las posibilidades me parecen pocas a pesar de tenerlo todo ¿qué tengo? Un lugar dónde dormir y comer, suficiente para estos días. Tengo el olor a orines impregnado en las calles palpitándome en las fosas nasales, es turbio cómo no me remueve ni un poco lo miserable que podría ser la vida de otro, tal vez no sea del todo cierto, por algo continúan y no se han suicidado ¿cuál es ese masoquismo por seguir con vida? En esta ciudad tan chiquita y repugnante.

Me compré un sánduche cubano luego de 5 minutos de haber quedado (en teoría) perturbada al encontrar una mujer que amamantaba a su niño esperando que alguien le de plata, chucha. Me comí un cubano sin el mas mínimo remordimiento, y por eso me odio. Profundamente, muy debajo de mi me detesto tanto como cualquiera de esas personas que piden ayuda y han recibido una total distancia.

Y al final ¿qué tendré? ¿qué conseguiré? ¿un departamento amoblado con estilo soho? Ojalá quisiera. ¿un auto vintage que mi novio fan de misfits conducirá haciéndose el tripeado? ¿un viaje a la laguna azul de Holanda? ¿allí queda? Ni puta idea no me interesa. En este momento tengo unas ganas nostálgicas de morir tranquilamente. Evitarme el dolor de perder a mis viejos, de ver crecer a mis sobrinos favoritos, de perder otra mascota, de estar mal genio por amor, de pensar y pensar metas para así contemplar una vida que ha sido, en todo caso, bien vivida. Quisiera evitar oírle a mi madre decir: Estoy orgullosa de ti mija. Porque parece lejano y realmente no creo algún día llenarle el pecho de asombro. Quisiera saber por qué toda esa gente vive en la calle. Hay un tipo que por desgracia tengo grabada su imagen: está sentado a 2cm de  la basura esparcida, se cubre el trasero y el pene con un saco y un trapo, está enteramente sucio, negro de mugre, los pelos parados, las uñas llenas de cualquier materia que no sé, los ojos miran fijamente un lugar en el pavimento dónde él ha logrado perderse y me altera imaginar las posibilidades ¿un recuerdo? ¿una mujer? ¿un sueño? ¿una botella de puro? ¿un plato de comida? ¿cómo matarse? ¿cómo chucha me pasó esto? Y le parece que fue ayer cuando aún dormía exquisito en un colchón flaco, pero colchón aún.

Es acaso imposible sentirse derrotado en un mundo como este ¿no sé?

Mi viejo es caso aparte, no logro entender cómo siempre tiene palabras que me hacen cambiar de parecer, aunque también parece que a él la vida se le cae encima, los años, los anhelos, el amor. Siempre ríe, me cuenta sus anécdotas, lo que ha aprendido, lo que ha leído. Un chiste de aquellos, música salsa de fondo, duraznos, manzanas, piñas en la refri, mandarinas cuando es temporada. El día en que la refri esté vacía y mi viejo no tenga más palabras para decirme, ese día la vida se me habrá paralizado por completo, ese día espero que no llegue, creo que es para todos el temor mas grande y el que quiero evitar derrotándome primero, queriendo morir primero. Cobardísima y sin sueños, eso soy. Tengo miedo de lo que podría pasar, lo escribo así: abiertamente.

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