Se ha ido el temor de ver el cielo a través de la memoria del hueco que dejó (alguna vez) un ventarrón, a su paso.
Ha quedado la espera de su regreso,
de su fuerza.
y la incógnita sobre la teoría de los ventarrones quedará cerca de estar resuelta, al menos ya no con hipótesis,
y el lenguaje torcido de las ramas, de pronto habrá de revelar esas palabras que aún no se han formado.
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