jueves, 22 de octubre de 2020

Atardeceres desde la calle N69.

 Nunca sé cómo titular un chisme de estos que cuelgo en la web, pero este lo he venido pensando hace días. 

Realmente, quisiera ser una tipa que escribe ensayos como Hannah Arendt, quisiera ser una tipa dura que se come todos los periódicos y todos los libros necesarios hasta atocharse el cerebro e ir por allí reflexionando en repetidas balbuceadas todo el anhelo de compartir una opinión sacada de las páginas, decirlo con mi voz y que suene a que soy una verdadera tipa dura, ya saben, de las que inician una conversación hablando de Trump, Greta Thunberg o qué se yo, Berlusconi y Bin Laden. Pero no puedo, leo algo, no lo hablo con nadie, se me olvida tres días después. Pero, al menos me mantuve ocupada. Por estos días es mejor mantenerse en "algo" a tener demasiado tiempo para pensar, ese tiempo puede llevarte a conclusiones difíciles como el suicidio. Si alguien viniera a mi diciéndome:

- Tipa blanda ¿sabes? hoy pensé en suicidarme. 

¿Y que te detuvo?

- Si me mato, no tengo ni un centavo en ninguna parte, dejaría endeudados a mis viejos, tipa blanda. 

- Razón tienes, no lo hagas. Aguántate un rato, deja que llegue la muerte inesperada. Así no morirás como un desconsiderado de mierda que bajó el telón por flojo y no pensó en las consecuencias de su último acto.

- Es cierto, pero igual eres blanda.

- La puta que te parió. Deberías suicidarte. 

-  ¿Cómo lo harías tú?

- Me lanzaría a un río, un río bonito, cristalino. Que se vea mi cuerpo siendo llevado por la corriente.

- Dramática.

- No preguntes.... y tú,  ¿Cómo lo harías?  

- Creo que me arrojaría frente a un camión a toda velocidad. De esos camiones grandes y ruidosos que te hacen sentir temor cuando se acercan.

- Los conozco. 

- Realmente creo que lo único justo de la vida sería morir por mano propia. Que no me quiten el derecho de morir como quiero.

- Flotando.

- bueno, hablamos. Tengo que ir por unas copias.

- ... 

Cuando salgo de casa, el camino hacia el paradero es relativamente corto, pero a veces también es largo. Si hace sol, la caminata es una eternidad. Si hay sombra hacia el lado izquierdo, puede que me tarde un poco más, pero el camino habrá de achicarse de cualquier forma.

Hay una tipa que vive en una de las casas antes de llegar al lugar de la espera. Casi siempre solemos topar en el camino, un encuentro casual, una coincidencia. Cuando estoy a punto de llegar al paradero, ella está saliendo con la lavadora y una montaña de ropa, luego llena una lavacara con agua y un niño diminutamente negrito se mete a chapotear el agua con sus pies puercos de tierra. La tipa y yo nos detestamos, lo sé sólo con vernos, me revisa de pies a cabeza para luego ignorarme así como me duele, yo la miro de reojo para luego despreciarla así como me duele. Nuestros encuentros son frecuentes, creo que una o dos veces me pregunté que sería menos doloroso pasar por ahí si tal vez fuésemos, no sé, conversadoras. Pero ni ella ni yo damos el primer paso, es mejor frecuentarnos entre miradas de desaire. No sé su nombre, ni ella el mío. 

Esta calle me agrada, tiene una pequeña subida que revela de a poco la carretera y un viento se suma al descubrimiento. Si hace sol, digamos, un jueves, es probable que el sol se ponga hacia el sureste, luego de las cinco de la tarde puedes ver a los camiones y los buses perderse en el naranja del sur. Cuando los días se tornan en prosa, así como los jueves, camino lento para ser capaz de disfrutar amargas casualidades. 

Al final de la calle, está el paradero. Es un árbol, creo que allí viven dos iguanas, justo sobre un letrero que prohíbe botar basura puerco de mierda. Es un buen árbol, siempre guarda sombra y algo de frescura, elementos perfectos para continuar acechando a mi rival de miradas. Ella suele verme, sé que lo hace. Y le devuelvo la mirada con mis ojos castaños que pecan de negros.

Esta calle es larga, tiene una leve subida hacia el final, hay 17 casas del lado derecho y 10 del lado izquierdo desde mi punto de partida. Por esta calle se ha corrido el rumor de que en el paradero han matado a tiros a una chica joven. Cerca del árbol y del letrero que prohíbe que botes basura, allí la dejaron tirada. Dicen que la chica joven estaba liada con unos tipos que vendían droga. No sé más.

Esta calle es larga y tiene una leve duna hacia el final, al subirla, los autos y el viento revelan la tarde, y más allá no está el naranja de un atardecer, ni mi rival de ojos negros. 

Las iguanas se han mudado a la copa del árbol. Espero que no sea ella. 

Dicen que tenía 17 años.








No hay comentarios:

Publicar un comentario

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...