martes, 28 de septiembre de 2021

días varios.

 

Mi viejo se había cortado el pelo por completo. Durante toda mi vida hasta ahora jamás sucedió, es decir si, pero el corte había sido el mismo. Corto por arriba, largo en la parte de la nuca. Hasta unos días llevaba un moño. Nada, se enteró que tiene diabetes y cerró ciclos #britneystyle

Este es un escrito denso, vomitado. Hace daño tenerlo dentro y elegí la exposición como acto dramático.

Tengo memorables días merodeando insistentemente- conmigo, algunos pertenecen a la infancia. Mis pies polvosos regresando a pie a casa cuando tenía 5 maybe 6, mi madre se estaba tardando y no me va bien esperando, me preocupo y decido mal, entonces cogí mis carpetas y me fui a casa caminando tranquila, a unas pocas cuadras estaría mi madre, a quien temía y amaba en esos días nítidos. Hay otro, que me hace sentir ñáñaras, en ese recuerdo está Jean C., crecimos juntos. Cuando lo recuerdo a él, es inevitable recordar además a Niko y los grandes muebles color beige de cuero que habían en la sala, tenían unos almohadones enormes y rectangulares con los que hacíamos barricadas para jugar a <<dividir nuestros espacios de juego>>  y posteriormente, las escenas lúdicas se desarrollaban independientemente juntas dirigidas bajo la autoría de cada uno de nosotros. Quien escribe, está sintiendo un calor enorme en el corazón, quizá el último sincero. Quizá no un calor, sino la agonía de un recuerdo que exprimes y exprimes, al punto de ya no poder sacarle mas nostalgia.

Una tarde Jean C. corrió hacia mi, yo me encontraba en el cuarto de mi abuela que, preciosamente siempre estaba oscuro y claro, fúnebre y a la vez pacífico, y ahora que lo pienso, era ella invadiendo su cuarto con sus deseos profundos de estar para irse pronto; Jean C. se acercó emocionado y me dice casi gritando "Te voy a enseñar algo que Niko y yo hicimos", acto seguido aparece Niko y se besan, bueno, Jean C. lo besa a Niko y lo lanza a la cama. Me pongo la mano en la boca sorprendida y pensando seriamente en que está mal que los primos se besen, además de lo que significaba que dos niños se besen, cosa que en realidad para mi no significó un problema. Llevé ese secreto guardado hasta los 17 años mas o menos, se lo conté a mi madre o a mi hermana como algo anecdótico, es muy probable que ambas ni lo recuerden, pero yo si. Lo recuerdo siempre, a veces con agrado, otras veces con preocupación, y en ocasiones accidentales se remueve ese recuerdo insistiendo en que mejore la precisión de detalles. Si recuerdo - para buena suerte mía - las caras infantiles y limpias de cada uno, menos la mía, pero recuerdo mi ubicación en la escena y el espacio preciso, recuerdo la casa a la perfección, a mi abuela, su closet improvisado y los reniegos constantes porque su monedero se perdía. Se perdía, se extraviaba; el monedero era un objeto que le forzaba continuamente a recordar, ella se preguntaba dónde carajos había dejado el maldito monedero y cuánto dinero habia dejado. Y le dolía el corazón recordar dónde lo había dejado la última vez. Pero (según palabras de ella), le dolía más tener que pegarle a Jean C. él, si sabía perfectamente cuanto había en el monedero y dónde estaba, él, el autor de los extravíos constantes. 

No puedo guardar esto en mi cabeza.

El extravío en los recuerdos, abuela. Te estoy recordando en este momento pidiéndome un masaje en la espalda. Me agrada la idea de retroceder este tiempo inútil, lo haría, creame que lo haría.  Jean C. con mucha maña, está en la cárcel ahora, por segunda vez. Le dieron 8 años por microtráfico de droga, lo sacaron de su casa esposado. La primera vez, fue por estar en el lugar equivocado. Le dieron 1 año. Estoy ahora, justamente pensando en los sueños del pasado. Me decía que quería ser profesor de matemáticas, luego, soñaba con ser comentarista deportivo, de hecho lo hacía bien. Antes de alistarnos para ir a la escuela (el estudió en la escuela Pedro Carbo) a las 5 am, jugaba con los dedos y una bolicha que hacía de pelota de futbol. Luego de la escuela, luego de hacer los deberes a eso de las 4pm, volvía a jugar. Yo me preguntaba de dónde sacaba tanta saliba para hablar demasiado y lo mandaba a callar. Luego prendíamos el TV para ver algo de tele pagada auspiciada por mi hermana mayor, pero terminábamos peleando por quien elegía el programa. Finalmente terminábamos viendo los Simpsons o futurama. Un día, dijo que quería ser futbolista, pero allí si se comía la camiseta. Era bueno en matemáticas, aunque ahora los cálculos le salieron re mal. 

Estoy preguntándome ahora mismo de quién es la culpa de todo. Regresando al pasado, pienso, una sola decisión pudo haber cambiado el curso de unos años de encierro, una hija que crecerá sin padre y una esposa que no tiene medios. De pronto si mi madre lo hubiese observado, habría podido imaginar que lo que él necesitaba era amor, comprensión y si, no me jodan, también necesitaba ternura. Vivimos una infancia a palos, nuestra familia creció a palos y nosotros a expensas de su consideración por no darnos palo como lo habían hecho con ellos. Debíamos ser agradecidos por lo que teníamos, porque, en otras circunstancias no tendríamos ni qué comer. Pensar en las emociones y los conflictos sentimentales del corazón de los recuerdos y la ausencia, eran chiquilladas y caprichos de los que uno no podía quedarse prendido, es más, ni siquiera debías hacer caso a esas dolencias que marcaban nuestro ritmo, pensamientos, decisiones. Jean C. tuvo siempre una vida perturbada, no puedo negar aquí en estos párrafos que vivimos una infancia un poco de mierda. Si te equivocabas aunque no sepas que ta habías equivocado, te tocaba una putiza que no te salvaba nadie, ni diosito, ni tus antepasados, ni chimamanda por último. A mi madre le dolía más perpetrar la violencia que a nosotros recibirla. Pero, en medio de todo, yo lograba entender los traumas de mi vieja y su evidente conducta reprimida, sus odios reprimidos, sus corajes, el amor no recibido. 

Una  mañana de mierda, se le arrancó la sandalia a mi vieja, regresé corriendo a la casa (a pedido de ella) para pedirle otros zapatos a mi hermana, en medio del lío me olvidé lo que debía decir y mi hermana sin entender qué mismo se quedó en pausa, para mala racha llegó mi vieja. Le hundió una olla en la cabeza que le descompuso la máquina. Todavía resuena ese golpe en mi memoria. Te digo, olvidarse de la violencia  y simplemente abrazar a tu madre a edad madura, cuesta, sin exagerar, cuesta autoflagelarse lo que podría ser el alma. El alma recuerda todo, el dolor, el castigo, la piel abierta y el llanto que suplicaba. Uno piensa en medio de toda esa masacre, que en efecto, si, otros la pasan peor, y esa es la única forma de aguantar un castigo que no mereces. Y esa es la razón por la que se entra en rebeldía. Llega un momento en que importa un carajo si te van a matar a golpes cuando llegues a casa, porque finalmente ya te han dado demasiado que la piel se hace dura y el dolor es resistible. Estoy odiando a mi vieja en este momento, es de noche. Si salgo a verla, no sé qué haría. Lo he pensado demasiadas veces y temo que suceda. Aquí está escribiendo alguien que no ha sanado sus recuerdos más nítidos, y el problema de la memoria son las apariciones involuntarias en el momento menos indicado. 

El sábado, mataron de 20 tiros al hijo del pescador, Luchito. Lo conocí desde que eramos chiquitos, jamás cruzamos palabras mas que esos días cuando trabajó en la tienda del barrio y yo le pedía que porfa me cobre un polito. Cuando me enteré de su muerte, extrañamente tuve esa imagen de él, de sus días dónde era más niño. De 21 años murió, en una esquina, dos sicarios se bajaron de una moto y le dispararon, pudo correr un poco, no lo suficiente para escapar de un destino que ya estaba escrito. La droga lleva reinando en este barrio hace mas de 20 años.  Hasta gracia me da recordar a los latin kings que recorrían todo el día esta puta calle. 

Yo jamás había sentido impotencia, sin duda es esta que puedo experimentar ahora. Cualquier decisión que se tome, no tendría mas que un valor inutil. 
Dicen que quizá no aprovechó la oportunidad que la familia pudo ofrecerle en unos días donde se comía tortilla casi toda la semana. Y que ahora le tocará aprender en el encierro, en ese lugar dónde categorizan a unanimidad a todo quien entre, una escoria que no debería estar en la calle por el peligro que representa. Lo mas tonto, es que uno no decide venir a este mundo vacío y superficial. Y uno se cala todo el tufo, y uno mismo se escupe los pies. Porque resulta que no aprovechamos las oportunidades. Que no ha todos les dieron un ollazo en la cabeza para que recapacite. 
En este momento quiero abrazar a mi  viejo y verlo rejuvenecer, encontrarlo de 45 años y escucharle decir que me va a proteger toda la puta vida, que morirá después de mi, porque sinceramente tengo pavor y lo único que quiero es la valentía de mi padre acompañandome cuando pasen 8 años. 





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