miércoles, 20 de octubre de 2021

La duna de basura [esquema común]

 El efecto placebo de viajar en bus consiste en creer que con los años uno se cura del mal llamado "coge culo". Llega un punto en el que te das cuenta que eres todo un pro que reconoce si te han cogido el culo o te han mochileado, poder reconocerlo se basa en detectar la fuerza con la que te rozaron. 

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Tenía doce años cuando a mi mejor amiga (por aquellos años) Jhoselyn (13 años) le cogieron las tetas en el  metro. Un codazo  al maleante y listo. Pero el momento de mierda queda, luego, también se queda como secreto porque, las mamás del año 2007 eran otro tiro, ya sabes "eso te pasa por andar de buscona" "ya te he dicho mil veces _____ "  y las respuestas culposas continuaban.  Alguna vez mi vieja me dijo "puta", pero, uno crece, y lima asperezas (o al menos intenta).

Después, teníamos (ambas) trece años. A veces, en lugar de quedarnos viendo los dvd's de conciertos de Michael Jackson (ahora lo detesto), Rakim y Ken guai, Panda, caramelos de cianuro, verde 70 y (no voy a mentir) los conciertos de Sharon, decidíamos que era mejor salir a caminar al barrio de en frente. Y bueno, las hormonas cómplices. Llegando a la última calle que daba justo a la orilla del río Daule, un tipo en moto se bajó para mostrarnos el gran y viril pene que poseía. Una calle larga (como su verga) casi una alameda (como su vello púbico), estando a una cuadra del parque. Tocamos el timbre de una casa que sorteamos, nadie salió. Finalmente el tipo, luego de ventearnos su posesión por un rato, se fue, de nuevo en su motito y a seguir chambeando porque, lógicamente era un hombre trabajador (que enseñaba la verga), pero trabajador por sobre todas las cosas. 

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Mucho tiempo  preferímos quedarnos en la terraza, cuando hacía un sol que no mataba. Las nubes volaban mas lento en el año 2008, y los ventarrones trastocaban para esos días, los perros ladraban con mas furia que ahora, hay algunos que todavía viven, como Toby. Recuerdo la juventud de Toby, un perro hijo de puta que siempre me perseguía, hasta que un día aprendí a guardarme el miedo. Ahora Toby anda chiriposo por la calle, desnutrido y viejo, no me recuerda, eso es seguro. Pero yo lo recuerdo y eso basta mi querido perro. 

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En esa terraza diseñamos lo magnífico de la adolescencia. La revelación de los sueños ¿Qué tan noble es una amistad que se pregunta por el futuro?

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Elaboramos  perfectos días en un escenario árido. Tan ocupadas hablando demasiado, ignorando el maltrato, la separación de los viejos, los perros que se morían, la plata que faltaba,  la dieta con zanahoria para reconquistar al viejo que se queria ir, la abuelita de Vinces amargada que nos rezongaba a cada rato, el olor a lavaza alrededor de las 5, las puteadas alrededor de las 8, las lloradas alrededor de las 9 por un adolescente que no estaba conforme con la oportunidad que le daban sus tíos adoptivos. Las madrugadas a las 6am, las cartas rellenas de marcadores de colores. Finalmente, uno se pregunta internamente, con un lenguaje que no entiende. Tan pútridos resultan los recuerdos, tan desagradable puede ser el pasado, los cimientos, y no hay mas que ello. No hay nada mas que las primeras botitas de cuero que le compraron a tu mejor amiga, luego, un día eres digna de usarlas, te las presta y jodidamente se despegan en tus patas.Pies asesinos.

Un problema se sale de las manos, y toda la magnificencia de la amistad adolescente  trata de volcarse hacia un destino sólido como el olvido e intentar recordar a detalle las mejores escenas se vuelve una tarea díficil, pero, hay unas imágenes que aparecen pocamente, a breves ratos, tratando de darte una pista o quizá una ayuda, porque en el fondo no quieres olvidar del todo el eterno tiempo invertido en elaborar esquemas. La vida, por esos años, consistía en mirar el cielo porque no había otra obligación mas que memorizar el eterno encierro donde estarás en compañía de personas que amaste tanto y luego (propiamente por nuestra incoherente existencia) tratarás de hacer como si nunca hubiese sucedido lo que una mañana a las 5.45 significó un gran encuentro, el nacimiento del amor o de la amistad. En todo caso, el olvido es un malestar que se presenta sospechosamente en la infancia, y en los años venideros te sortearás en la decisión de tomarlo como efecto placebo.

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Entonces, un tipo hoy me mochileó. Porque, de haberme agarrado el culo, le partia la cara. 

Llega un momento, en que podrás haber olvidado sentir amor y empatía, pero la violencia, es innata, y jamás te olvidarás del animal inservible que te consume por dentro. Y en un escenario árido, dónde los perros ya no ladran tan fuerte por temor a despertar ese animal inservible, desistirán a los pocos segundos. El animal inservible habrá, para entonces, mostrado su cara a través de las carnes asquerosas que llevamos como cuerpo. El perro, dará tres pasos atrás y volverá a su hueco en la tierra  que tiene por cama. Unos años mas, el hueco tornará una estadía mas profunda.

Caminarás, hasta llegar a casa, dónde alguien te espera desgraciadamente, y ese alguien desgraciado, casualmente también tiene otro animal inservible, mas inservible que aquel que tú encierras. Una noche, una noche donde las mas tristes pulsiones decidirán salir junto con el frío y las primeras lluvias de invierno, uno de los animales inservibles dejará sus carnes, cansado el encierro, deseoso de conocer el mundo real, de tocar con sus pies la baldosa fría. El otro animal, de tu desgraciado acompañante se fijará en tal osadía e intentará hacer lo mismo, pero éste, teme un poco más la nitidez de la realidad y decide permanecer en su encierro sin prever que, quien ahora ha salido de sus carnes, se ha pervertido de la realidad difusa y estéril. Ahora tiene ambiciones el maldito animal inservible. 

Va por el animal inservible del desgraciado que te acompaña, y lo saca con sus manos en un movimiento díficil y doloroso, el desgraciado no sabe qué pasa. sospecha que se le ha ido el aire pero se repone en un segundo. 

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Caminaba con mi vieja hacia la casa de la señora Margarita. Entramos. Unos golpes secos se oían de fondo, perfectos para una salsa del gran combo.  La impaciente idea sobre unos animales inservibles luchando entre sí, me envolvía. 

Salimos, una tipa de pelo espantoso y esponjado se daba en la cabeza, contra la pared, repetidamente. Una y otra vez, si le oías con atención, le adivinabas el ritmo. Buen oído le dicen.Y por un momento, se quedó sin aire. 

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De tanto pensarse hacia adentro, terminas por dar vida al animal inservible y de convercerlo que, fuera de ti las posibilidades son como las nubes lentas, lentísimas.

Eternas.

 

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