siento unas lágrimas fresquitas
pero no he llorado
sólo son los oídos mojados
como una gripe queriendo entrar
con los pies frios
fría la cerámica
fría la casa
extraño, de "extrañeza"
los viejos días de escritura
en los que (o: a través de)
lograba zafarme un poco
de la penuria diaria
de seguir atrapada
en la casa de la infancia
y tener miedo
de salir, siquiera, a la panadería
o a la miserable tienda roñosa que
te recibe con un "Dios es amor"
recordando cada siempre
aquella caminata de la niñez
en los que mis pies y mi carpeta grande
me acompañaron
sobre la tierra amarilla
algo polvosa
llegué a casa, aún se construía
yo creo que siempre nos ha faltado algo
algo en la casa, tal vez las puertas
la división concreta de cercanía
(en los renglones de lo remoto).

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