antes de llegar, está ese camino
que antes hubo de estar poblado de árboles
y en la noches, de una contínua oscuridad
adivinada, casi palpada con ayuda de la imagen diurna
nunca lo he transitado, de cerca
tal vez, sentir de cerca el olor de esa ruina
yo lo he visto, casi un millón de veces
esa oscuridad del camino,
antes de ese cerro, antes de las ruinas debajo de las casas
antes de las escalinatas que antes fueron arropadas por una cromática sábana de basura
y algunos arboles débiles, derrotados, sostenían parte de esos matices
yo he visto un montón de veces ese camino,
y jamás he sentido la valentía de transitarlo sola,
de buscarme líos en una de esas curvas
en uno de esos recovecos destinados al deambulismo
y a los vaivenes del cuerpo atravesando las curvas
¿Serán acaso estas las curvas de la vida?
hoy le he visto con detenimiento,
y un montón de árboles han caído
por la mano del hombre (de los arruinados hombres)
cortados en pequeños grupos amañados para noches consecuentes
y las huellas de viejas fogatas,
de aquello cercano al calor,
cercano a la luz, a la llama que revela
más allá, ruinas improvisadas
donde se arrullan en la tierra
quienes deambulan para olvidarse
yo he visto un montón de veces ese camino,
y no conozco más que una sarta de suposiciones
elaboradas en los vaivenes, de la textura roñosa que nace en el corazón
de las ideas fatalistas de una otredad
de una idea egoísta que me aterra
la oscuridad recorrida como cualquier paisaje vano
arruinando los cimientos de un pasado
incapaz de prever su propia caída
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