sábado, 21 de septiembre de 2024

Todavía, en los renglones de lo remoto.

una fuerza, afuera de casa

que movía la ropa, las hojas

los cocos (un poco)

las ramas de carambolas

que aún persisten en las escenas de unas memorias viejas que intento no descuidar

porque sospecho que allí reside alguna respuesta,

quizá debajo de las piedras,

por ahí donde alguna vez hubo huevos, 

o debajo de lo que antes fue un canalito de agua,

sobre la tierra que alguna vez sostuvo una fuerte inundación 

allí mismo, donde descansan los restos de todos mis perritos

que de pronto me ladran las pistas,

y Pola aúlla porque es la única que entiende el idioma lejano de la muerte. 

Qué necesidad de llorar hasta el cansancio

qué necesidad de hacerme una sola con la tierra que me conoce los pies chiquitos de la niñez,

y mis deseos derruidos de una estancia tranquila 

lejos de este pasaje, a lado de una tierra que por mucho tiempo

fue enredadera de algo parecido a las frutillas, y atajo de diminutas culebrillas que atontaron a mi madre.

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