Un sueño finito, pesado.
Qué martirio estar siempre recordando y en medio de un sueño descubrir que ya no tiene sentido. La ardua tarea cómplice del escape, se resiste a funcionar.
Y el amor de una amiga, se fue en la última caminata.
El amor de los padres se fundió en la infancia, en la tarde cuando hallaste alguien idéntico al que amaron mejor.
La tarde guarda voces frenéticas que piden ayuda.
Estamos solos, oliendo escupitajos, refregándonos el aire sentido de soledad. Pidiendo ayuda, mirando nubes vacías.
Me atrapé, soy una vocal. Aguda, libre.
Sola.
Te recuerdo, en los días de una cocina calurosa. Camotes hirviendo. Choclos y masas dulces. Te recuerdo. Quisiera saber si encontraste el camino hacia las nubes vacías, que esperan tu llegada, para así cobrar sentido. La soledad es tan absurda, como el recuerdo del primer castigo, el cuarto en tinieblas se desvanece, entre los días, se aleja con la ola que fundió mis pies sobre la arena, de aquella primera caminata cuando me oí llorar. Era miedo, como el que siento ahora.
Tengo miedo de morir en el vacío.
Esperar nunca había sido tan doloroso, desde aquí escucho el goteo de la llave. Entre paréntesis, atrapa la verdad que desconozco.
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