sábado, 1 de enero de 2022

Dato serio sobre las palomas.

 Suelo llamar así a un texto, o un escrito (cómo sea) cuando lo que ha sucedido me recuerda el día cuando vi un par de palomas y una garza blanquísima hurgando en una montaña diminuta de basura, o al perro acercándose al fuego en un camino de curvas (serían estas las curvas de la vida?). Hace unos días bajando otra pequeña duna vi a lo lejos una pareja de perros sucios cerca del fuego (para quemar basura) mirando hacia su este y en mi caso, sería el norte, por nuestra posición en ese momento. El hecho es que, estos tres encuentros son permanentes y me pregunto siempre por qué recuerdo mejor aquellas tres situaciones y no, por ejemplo, un rato familiar. 

Lo que extraño con estos tres encuentros es aquella sensación de que algo sucedería, resultaba familiar... sentía como si algo se avecinara. Claro, cosas suceden siempre, pero es una forma de decirme que aquello que sucederá es o será igual de absorto. También siento que momentos así son los que definen luchas internas.

El cuatro de diciembre murió mi tío Ufredo, hermano de sangre y amigo cercano de mi papá. Me encontraba cosiendo un bolsito a media noche cuando recibí el mensaje de mi viejo, decía "se nos fue Ufredo, nino" (sólo mi famili me dice Nino, de cariño por Ninoska) Inmediatamente paré y sentí una angustia enorme y una pena fatal por mi viejo, pero mas por él, por mi tío Ufredo. Me caía bien el tipo, era siempre gracioso al igual que mi viejo, ambos fueron al cuartel (en distintas generaciones) y coincidían en anécdotas sobre cómo sobrevivir al cuartel robando palanquetas y atando botas a las camas. Tal vez, algunas mentiras que adoraba oír. Pensé en todos los sábados que visitaba a mi viejo y luego a mi abuela. Calentábamos agua, hacíamos café, le rogábamos a mi abuela que coma algo, nos comíamos algunos panes cacho, conversábamos, cada uno tenía definida su línea temática. Mi abuela oía y se reía, mi abuela oye bien.. Mi viejo tenía siempre una retahíla de recetas milenarias, ancestrales de medicina natural, mi tío Ufredo soltaba chácharas de su juventud y de sus buenos momentos años atrás, antes de perderlo todo (materialmente), antes de dedicarse de lleno al cuidado de mi abuela. Allí, los cuatro reunidos en la mesa rectangular, negra, de vidrio. Me atrapaba la tarde, hasta las 6. Era hora de irme. 

Un grito fue su último aliento. Pienso en mi viejo, en cómo lidia con la ausencia. Mi viejo es un tipo fuerte, cuando le pregunté cómo se sentía me dijo "parece mentira", la muerte siempre parece mentira, lejana, imposible. A mi viejo no le gusta oír mentiras, pero dice muchas. Piadosas, por supuesto. Unas blancas.

Abrazo a mi viejo tanto como puedo. Me aleja, no es el tipo de tipo que recibe cariño. Da igual, es mi viejo, el que escucha salsa y siempre está pensando la forma en cómo podrían ir mejor las cosas.

Nos quedó  pendiente una salida en bici Tío, dónde sea que esté, paseando entre umbrales o alejándose de nosotros, debe saber que lo quisimos y los recuerdos hechos a su lado, los momentos familiares, las anécdotas del cuartel y los robos en su estadía, todo aquello queda con nosotros.

Su voz, sus medias con hueco, sus pantalonetas a medio talle, sus salidas en bici, los frenos que me regaló, la bici que me tuneó, las bellas tardes. Gracias por eso. 

Por la vida, los recuerdos, la tristeza y posterior fortaleza. No se olvida. 


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