domingo, 20 de octubre de 2024

este mundo que me acoge sin preguntarme nada.

en la lectura nocturna de mis ideas

  pronunciarte, me desarma.

                                intuyo una trampa escondida en tu segundo nombre


un ventarrón, debajo de los huesos,

debajo de los huesos del pecho

me empuja, 

puede con todo el peso 

de lo que soy


pecando en la fatal tarea de poetizar, el mal menor

mecida, 

atrapada en la malicia escondida de tus ojos rasgados 

como un papel roto a la mitad 

porque hubo de errar en las palabras contenidas 

dentro del espacio figural 

                                                                            (apunte)


yo solía tener

un sueño 

recurrente

durante la

adolescencia

cuando aún 

dormía con

mi mamá

y sus pesadillas 

se juntaban con

mis sueños de escape


quería irme de casa

lejos de ella, 

lejos de ese enojo encarnado en su frente

lejos de sus sonidos

lejos de ella y su modular intocable

lleno de adornos frágiles

su rencor, su dolor juvenil

de la maternidad que le

robaron


yo soñaba que vivía en una casa muy grande

con un esposo muy guapo y alto,

al cual no le puse nombre,

ya casi no recuerdo, 

lo había imaginado a detalle, 

cada espacio de la casa,

ya no recuerdo cuándo dejé de soñar

que encontraba el amor.


—Por las noches, aquel mundo desbocado se calmaba

en la niñez) veíamos la pequeña llama

y jugábamos a quemarnos los dedos

sin sentir el dolor del calor

un dolor seco como un pellizco inesperado


siento que podría dibujarlo

si tuviese el color azul, amarillo

y la transparencia de la llama


siento que podría quemarme

en estas ruinas

que persisten

que no doblegan ante el calor del cielo


conozco ese espacio que separa la escritura de lo que es cierto y lo que podría ser,

las casas están tan juntas.






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Barrancos

quisiera despedirme pero no como quien se va y ya no vuelve, o no desea volver y entonces se despide en un adiós premonitorio. quisiera desp...