si suena una salsa,
a cualquier hora
la imagen de mi padre acude al instante
el sonido de las máquinas de coser
sus rizos secos, su cola de caballo que ya no existe,
que cortó, y con ella se fue la mitad de su ser
todo él,
llega tan rápido
cómo la indiferencia
que me impide hablarle
suena, fuerte
y yo pienso en mi viejo
cuando llega la orquesta
y yo digo, para mi: oye esa salsota
y pienso nada mas que en mi viejo
ningún otro pensamiento sucede
sólo él,
mis tardes con él
cuando aún bailaba sentado
y cantada cosiendo
yo extraño a ese viejo
ese era mi padre
quien me abordaba con preguntas
y me enseñó el oficio de sus manos
en este mundo, que me acoge
sin preguntarme nada
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