en la niñez)
veíamos la pequeña flama y
jugábamos a quemarnos las yemas de los dedos
sin sentir el dolor del calor
todo el amor que guarda un colchón hecho en ruinas
prisión atemporal,
creciendo, encarnada
sin fruto
algunas mentiras piadosas
todas las ruinas de una canción
yo me fui con tu nombre por la tierra
sucede que estoy agotada de escribir
-qué puedo contestar-
cómo nacerán mis preguntas futuras
tengo miedo de que mueran en el vaivén de las dudas
sólo cuando pienso en la despedida,
los tropiezos emanan un amor desmedido
que se escribe sobre papeles de abanicos rotos
cautivada, presenciando el vuelo de la trinidad
tres mariposas blancas, de color azul al filo de sus alas
revoloteaban por mis pies
y yo no supe mas, sino que el sol me quemaba
el pensamiento
la piel curtida, de maltratos y punzadas
del espíritu que peregrina errante
convencido en la esperanza de encontrar calma
de que le espera la quietud
un viento fresco, solía entrar por la ventana, a la noche
descubierta y desprotegida, con una lámina de zinc
haciendo el fuerte, la barrera ante las miradas nocturnas
la malicia de la madrugada
cuando las voces se arraigan a la corriente del aire
la locura que pasea perdida, intentando hallar su voz
solíamos jugar con la llama de una vela
a cruzar los dedos índices rápidamente
evitando sentir el calor de la pequeña flama
dentro residen las ruinas
de la llama premonitoria,
cautelosa, de los años
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