martes, 3 de noviembre de 2020

Carretera

 Lunes- Interior en algún lugar- noche. No hay ruido. Principio.
Este pedazo de esponja está torturando mi espalda, hay contrabando en la epidermis de la esponja, los bichos han empezado una vida mercantil supongo. La sábana es su tela de duda, el cuerpo es su Dios. La oscuridad su vida entera, su futuro y su siempre. No pecan, solo torturan mi espalda. Mis parpados lo aplauden. ¿Quién puede conciliar el sueño así? Intento numero uno; de costado a solas con la pared, parece confiable y las figuras que veo en ella me resultan familiares. No es nuestra primera vez a solas, con luz me resulta desconocida, sin luz me resulta autentica. Sin luz somos iguales, todo es mejor sin luz, por eso la existencia de los parpados, por eso la existencia de los ojos y del sueño. Por eso la existencia de lo terrible, es solo practica, solo eso. Cerrar los ojos y luego encontrarte en complicidad. Ocho líneas son un relato pobre, 163 palabras son un juego de la luz,  una trampa quizá.
La crueldad existe, las palabras son crueles, son nefastas, también una falacia, son la espuma de la rabia, la punta del clavo, la cabeza del martillo, el ruido del taladro, el golpe en la espalda, el regaño de tu madre, los improperios de un majadero, las ofensas de tu amor necesario, el maltrato de tu alter ego, la indiferencia de tu tiempo a solas, las palabras son crueles y somos esclavos de ellas. Nada sirve, el sueño sigue de juerga, y yo estoy a solas con la pared. Maldita pared.
Este pedazo de esponja sigue torturando mi espalda, y no hay remedio. Tendré que acostumbrarme o suponer que me acostumbré, que estas punzadas son parte del esclavismo y me agrada. Me agrada en serio, doy la vuelta y estoy de costado, de este lado no hay pared, no tengo a quien mirar, no tengo complicidad, solo la ausencia de luz que amablemente ha traído hipofrenia. Caí, pero no me he lastimado las rodillas, caí en un profundo vacío pero aún puedo sentir tu mano, leve. Ahora hay un poco de luz, percibo todo, es un camino sin paredes, sin vecinos, sin señales, aire que viene de todas partes, me acarician las rodillas, el cuelo y las manos, no se me ha ocurrido voltear para fijarme si hay algo atrás, lo he pensado durante varios segundos pero no me he convencido del todo. ¿Qué puede haber allí detrás?, sigo sintiendo las caricias del viento y sonrío, la hipofrenia sigue conmigo y debo admitir que es buena compañera, he comprendido la mitad del paisaje gracias a ella. La beso en donde quiera porque lo merece. No doy ningún paso, me parece mejor quedarme aquí viendo un rato esto que no sé que es, pero resulta interesante, profundo, bello. Pero no debo quedarme así tanto tiempo, alguien puede atacarme, o encontrarme, pensará que lo estuve esperando y me atrasará mas en lo que conversamos un poco después de nuestro encuentro, debo avanzar un poco más, no quiero que la persona que me vaya a encontrar piense que me ha alcanzado o peor aún piense que me ganó. Ya no siento el viento paseando por mis rodillas, ¿Qué pasó?, No lo entiendo ahora. Es un poco confuso. Siento tu mano ¿Me has dado la mano?, El camino ahora tiene paredes incluso detrás también lo hay, aunque quiera revisar que hay detrás no podré porque la pared me derrumbaría a mí. Pero estas tú, tú me levantaras y no miento. La vida son ácaros en el colchón, la vida son ácaros en el sueño. Qué gran empujón que he recibido, me ayudó a saber. El vacío no es vacío si decides revisarlo, con cuidado y en compañía de la hipofrenia.
Este pedazo de esponja, tiene vida mercantil en la epidermis, soy su Dios y su tela de duda, soy su compañía.

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