martes, 3 de noviembre de 2020

Julia.

 Nací en 1935.
Para un frasco de antídoto inservible, con poco cariño:
Imagino lo terrible y se esconde la paz, porque está muy lejos de ser mi acompañante. Abrazo fríamente a mi protector. Tan fácil es describir la maldad, ocasionalmente viene dentro de una botella, dentro de rejillas, dentro de los que me hablan preguntando sobre mi vida enmarañada. A veces, no sé cómo reconocerla, es muy ágil y su presencia a diferencia del pasado, ahora es evidente y causal. Y el alcohol sigue resecando mi piel, envejecida. Llamo por ti en las noches, llamo por ti, ven y acaba con la maldad que me está dejando sin palabras. No me pidas que eleve la voz en mis oraciones Señor mío, porque la maldad me ha dejado el susurro.
En esta mi historia, espero ansiosa el epílogo, no tengo más que recorrer, ni más que descubrir, amor por recibir, abrazos que anhelar, la pena cae sobre mi y más constante aún la rabia, pero viene sin dicha, la rabia ahora es mi guardián. No tengo nada que esperar, mis esperanzas mueren lentamente, y yo con ellas, aunque deseando un poco lo contrario porque la cura es siempre una opción para el que piensa en la muerte, más no la desea. Y yo te pienso cada día al tomar la cruz.
Sin embargo, y a pesar de tu rencor, aquí estoy enredada en esta sábana.
-Si vives con miedo, el miedo te trae dolor - decía mientras me sacaba sangre, y con el terror que me causan las jeringuillas, mejor cerré los ojos, para no sentir nada.

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