Cansar las manos del oficio ¿Quién da cuenta de los callos?, los verdaderos hacedores de tramados jamás se pinchan, de pronto, alguna vez, pero habrá sido cosa de alelados. ¿Cuánta es la fuerza de unas manos cansadas? Si los callos se endurecen y luego, el ovillo del instrumento cortante se pierde, es inaprehensible, los callos se han comido las manos cual polilla en la ropa. Quiero que las callosidades de las manos curtidas sean una belleza nueva o de pronto estoy pensando pendejadas. Ayer, esperando en la duna de basura, vi una paloma blanca con la cara relamida en negrura de tanto buscar entre los desechos, pañales, tusas de choclo y más papel lleno de mierda; sentí vergüenza y de la vergüenza se me hizo imposible mirarla, porque quizá y a lo mejor uno de esos papeles que picoteaba sería uno de los míos. Aquí, en este momento que es un espacio que evoco hace tres días cuando salí con la esperanza de despejar pensamientos y regresé con el olor a mierda en la punta de la nariz, aquí en este momento que me sabe amargo y vacío como la mirada de esa otra ave que acompañaba a la paloma, y me miró diciéndome algo que yo jamás (por la estupidez que me ciega) no podré descifrar, me queda la flácida lágrima escrita, tratando, como dijo uno: de sacar el drama de esperar junto a la duna de basura.
Dicen que las palomas son ratas con alas, en ellas veo mi futuro reflejado. Cuando me imagino figurando como animal, como la paloma es lo que termino siendo. Me siento como la paloma, lo escribo así, nítido y claro. Tal vez un día coma de la basura y sólo ese día revele el mensaje de los diminutos ojos asoleados de una garza que quizá no era garza, pero que aún entre mierda y escombros, no dejaba de erguir su figura, su alteza, su frialdad, su dejo, su ave, su vuelo, lo único que me diferencia de las aves de la basura es la franqueza, el aire, alzar vuelo es algo que no me he permitido. De aquí a la duna, de la duna al cielo, y del cielo a la zanja, sólo hay un vuelo de distancia. Cuando transfiguro en paloma, lo único que me veo haciendo es volar ese viento cortante y jamás bajar, ni a la duna ni a la pileta mas cristalina de la ciudad, sólo volar y dejarme morir de hambre, pero jamás llenarme el pico de mierda, siempre franca, siempre erguida, frágil, seguramente esperando que el viento me lleve a una dirección incierta para matarme.
Si un día llegase a soñar que una cobra verde me muerde y su veneno letal logra traspasar las barreras, las dimensiones, y consigo, la muerte recae sobre mi "Yo" de la realidad, espero por favor, por favor, ser una rata con alas picoteándome en otro sueño más estúpido.
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